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Madrid. En e l p a l a c i o de Comunicaciones. Presidencia de la sesión de clausura de la Asamblea Municipal de Circulación, (Foto Días Casariego. celebrada el domingo último. ABC E N POLONIA Optimismo Tantos meses de pesadumbres aquí, sin que la carta familiar pudiera ser franca acerca de los acaecimientos en España, tantos días sin que el periódico maestro, amigo y compañero viniese a hablarnos de la Patria, han sido tiempos de dura prueba en la soledad de la ausencia. E l embuste internacional, la españolada ha echado cada día al espacio el enjambre de las avispas telegráficas, las noticias con aguijón envenenado o simplemente de papel de estraza, y a veces el pesimismo me causó miedo. Miedo por cuanto amo: religión, Derecho, libertad, justicia, alma y ejecutorias de nuestra civilización. Cuando en nuestras desgracias y en nuestras luchas íntimas logramos dominar la congestión pasional y serenarnos, nos es favorable el aislamiento a ia comprensión de las situaciones que nos conturbaron y a la definición de los elementos actuantes en ellas. Esa definición subjetiva me atormenta, pero tiene menos valor de realidad que la ecuánime apreciación de casos, teorías y acciones que constituyen, enroscándose lacónicamente a los hombres, el íaudal de la Historia. E s p a ñ a sufre, y su duelo da motivo de efusión a la insolencia ajena. Hasta aquí, en la católica Polonia, se cree ge- neralmente que España es una sucursal de Moscú. E n otros sitios se escribe en libros y diarios que ya no quedan colecciones de cuadros únicos en nuestras Pinacotecas n i templos, ni esculturas místicas de nuestros maravillosos imagineros, ni- ¡oh! contento de la Protectora de Animales- -torras, pues van a desaparecer las corridas por carencia de torreado- res. Nada, que en España ya no hay m á s que incendiarios y leyes de excepción. Cierto que leyes de excepción no faltan, pero en lo demás debe circular una nota semiseria el Patronato del Turismo, informando a los similares extranjeros de que la República no es antropofaga, y que el turista ti ne mucho que aprender y que admirar en España, con o sin torreadores. Algún sociólogo a la vinagreta axiomatiza sobre el futuro de España, donde, como en Rusia, va a dar a luz el Estado un tipo de hombre nuevo, un tipo nuevo Yo, ignorante de los secretos gestatorios y biológico- psíquicos de las Repúblicas, me doy a cavilar: el ser nuevo, el mesiánico fruto de la revolución, ¿será peor, mejor que los hijos de E v a o nacerá neutro? ¿H a brá en él diferencias antropológicas? ¿Será su cerebración unicelular ateo- proletaria? Un sistema político influye en la sociedad, la moldea y hasta puede decidir su destino. L a guía y. la engrandece si no disloca sus miembros de organismo complejo de energías y flaquezas y si no reniega su espíritu, Cada fuerte organización política es arma temible, de dos filos; bero lo que no le es dado hacer es descuajar la raigambre de una raza, que existe consubsíancialmente con la tierra, el clima, la latitud geográfica donde a r r a i g ó su reciedumbre prehistórica, y que es el solar de su civilización cristiana. L a filosofía del positivismo congelará en las mentalidades acuosas la negación de Dios. L a escuela laica educará niños tristes; pero no hay. escuela de la r a z ó n que convierta en positivistas a todos sus alumnos, ni hay persecución religiosa que convierta en ateos a todos los hijos de un pueblo católico. Independientemente de la sensibilidad religiosa española, atesoran nuestras masas populares un vivo sentimiento humanitario y un concepto- -mejor dicho, un instinto de característica nobleza- Eí deber filial es base de la familia campesina. i inos que se arrojan a los ríos y a los mares para salvar a quienes se ahogan, abundan; dejan una fúlgida suma en las estadísticas del ano y del sacrificio por el prójimo. Alcaldes de Zalamea no faltan por los iugarejos, ni tampoco alguno como el que nos presenta- -y yo le saludo- -el i n signe Ruano en su emocionante visita al penal del Dueso. A través de las nieves de esta heroica nación, rodeada de enemigos, y sobre los cráteres ígneos de Europa, castigada por los crímenes de la guerra, la fulgencia espiritual de España luce perenne. SOFÍA C A S A N O VA.
 // Cambio Nodo4-Sevilla