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L a Corona fué lentamente afirmándose, y con los albores del nuevo reinado la figura de la Reina perdió su brillo de primer paño. Española y austríaca en la austeridad de su conducta, cierra su vida con un gesto austero allá en las lobregueces del Louvre, mientras el sol radiante luce en Versalles, encontrándose en sí misma con un ideal de perfección y cuando el supremo momento es llegado en medio de los terribles sufrimientos del horroroso cáncer que fué destrozando durante tres años la maravilla de su carne, muere tranquilamente, du cemente, recibiendo, como compensación a su vida de renunciaciones, el sincero dolor de su hijo. Luis X I V ese gran egoísta que no supo amar a nadie más que a sí mismo fué todo ternura para el recuerdo de su madre, qué, no solamente le había dado cuanto espiritualmente poseía y la ofrenda de todo orgullo que había rechazado poseer, sino que, además, le había formado y preparado para gobernar el reino que logro conservarle. Supo, en fin, forjarle lo que él mismo Mamaba la trempe de son emir. Tal vez sin tal madre, Luis X I V no hubiera sido otra cosa que un nombre más añadido a las listas regias. E l lo sabía, y nunca pudo consolarse de lo que decía siempre ser su única pérdida. Así, mucho tiempo después de la muerte de Ana de Austria aún contesta con esta frase, tal vez altanera, pero que encierra la inmensidad de su dolor, a un cortesano que intenta mitigar su pena: SeBUCKINGHAM EN E L L E C H O DE M U E R T E (DE LA CALERÍA PARTICULAR DEL MARQUES ñor marqués, lo que yo he sufrido con la D E ÑOR HAMFTON) pérdida de la Reina, mi madre, sobrepasa a todos los esfuerzos de vuestra imaginabre mujer, que ha vivido olvidada de todos, del pueb o, alentada como un arma por los ción; para responderos, en una palabra, saen medio de una cruel ind ferencia o fie frond. stas, y cuando cayó la fronda se es- bed que solamente la mano que tan rudo una estúpida persecución, va a salvar a hefumó con ella también la afirmación villana, golpe me ha dado es la única capaz de conrencia, pobre herencia que aletea en una quedando la verdad desnuda, que ya a na- solarme... cuna en donde quedó la estirpe como arrin- die interesaba transfigurar. Luis D E S O T O conada. Hecha Recente, Ana de Austria toma posesión, no sin espanto, dei Poder; persuadida de wSu impotencia para el gobierno por si sola, sabe encontrar en el primer m lustro al gobernante y le alienta y le sostiene. Ya están los dos factores: la voluntad de esta mujer, que ya no va a ser más que madre, y el cerebro dirigente de Mazarino. U n italiano y una española van a sostener este pobre comienzo del más grande reinado que tuvo Francia. Y esta mujer española sabe vencer hasta de los españoles, haciendo frente a la vieja Patria, y esta mujer, tan mujer, sabe vencer hasta del amor. Esencial y substanc almente Re na, siente en la cuarentena la inquietud de una pasión, que se atrofia en abnegación y abandono y resulta ante la Historia como reconocimiento. Y eso fué todo, reconocimiento, pasión de mujer que se purifica a través de la madre que venera y agradece el esfuerzo del hombre que sostiene al! iijo, este h jo obtenido por tantas plegarias, cuando entre lágrimas y tribulaciones arrodillaba su esterilidad ante todas las santas imágenes de la Virgen, que adoraba Francia; pasión de mujer, que no deja traslucir la Reina, porque sabe que ya no puede ser más que el egreg o símbolo ante el pueblo. Nacida para el amor, es el fracaso ante el amor mismo, porque el deber se impuso siempre a sus instintos, lo mismo que en los días sentimentales del bello duque, que ahora, ante este prelado, antiguo capitán de guardias pontificias, magníficamente ataviado de púrpura y lleno de seducción en sus maneras sleneiosas y dulces. Se quiso manchar la pureza de estas relaciones con la burda acusación de un matrimonio de conciencia, o, peor, con la vil inculpación de una situación escandalosa, que convertía al ministro en favorito indecoroso... N i lo uno, ni menos lo otro. No existió el matrimonio secreto, porque M a zarino estaba ordenado; no fué su amante la Reina, porque, sinceramente devota, no hubiera caído en la vergüenza ni en el sacrilegio. E l hecho, también imposible de ser afirmado, examinando su correspondencia íntima v su conducta seguida en el continuo trato, sólo vivió en la imaginación novelera MAZARINO
 // Cambio Nodo4-Sevilla