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M i amigo Macdonald es un escocés de raza. Empieza por vivir metido dentro de un traje de golf de color de teja, que no se quita rii para ir al teatro, y tiene el pelo rojo como algunas vacas y como todas las zanahorias. Pesca, caza y juega al golf; pero su sport favorito es el whisky. Lo que él llama la bebida corta Con veinte o veinticinco bebidas cortas al día, Macdonald comienza a ser feliz y optimista. Con treinta whiskies llega a decir que en medio de todo, un inglés es una buena persona a tal punto alcanza entonces su excelente opinión del mundo. Sí en esos momentos alguien comunicara a la mujer de Macdonald que Macdonald comienza a hablar bien de los ingleses, su mujer llamaría inmediatamente a un notorio para que levantase acta del lamentable estado de su esposo. Yo le he conocido en el bar del Hotel Central de Glasgow. Es su nido de cuero de cinco a siete de la tarde, y lo prefiere a cualquier otro porque allí no se permite la entrada a las señoras. -No es posible hacer dos cosas a la vez- -suele decir Macdonald- y el que bebe no debe preocuparse de nada más El que bebe no puede pensar en si una mujer que está enfrente es bonita o no es bonita y en si la ha conocido uno antes o es otra que se le parece un poco. Prefiere también aquel bar porque el barman sabe ya que a Macdonald no le gusta pedir whiskies. E l barman se los va sirviendo sucesivamente, uno detrás de otro, sin que Macdonald mueva los labios para otra cosa que para posarlos en el vaso y para ir escamoteando el ámbar. E l no puede preocuparse de nada más. Sería un lío que él tuviera que pensar en que su vaso se le vacía y en que es necesario que se le prepare otro inmediatamente. Su vaso es pequeño, pero él bebe en sus vasos. Como es oa escocés de raza, prefiere ser escocés a cualquier otra cosa. A ser de raza, por ejemplo. Se quiere decir con esto que él tiene la preocupación le ser ingenioso por enc ma de todo. Un día se levantó a hablar con un caballero, y al volver a la butaca frente a mí, dijo: -No le lie presentado a este señor porque no le entendería usted nada. Habla muy mal el inglés. Figúrese usted que es un inglés... Esto quiere decir que todavía Macdonald no había alcanzado la rasante del optimismo. En otra ocasión le preguntaba yo cuál es el plato nacional de Escocia. -i Ah, no sé! -me contestó- He oído hablar de una cosa que tiene un nombre extraño. Pero no sé. -vi Y en qué consiste? -No he querido preguntar nunca. ¡Tengo miedo! -No hay bebida mejor- -dice- Puede usted beber una gran cantidad, puede usted estar bebiendo todo el tiempo que se necesita para contar las últimas historietas de Aberdeen, y usted se acuesta y usted se levanta al día siguiente sin clavo en la frente. Fresco. Y si tiene usted clavo en la frente, la culpa es del agua que le echa usted al whisky. Viendo cómo Macdonald bebe su whisky imitado se comprende que la sed- es una de las dichas mayores que puede uno tener en esta tierra. Una sed que va apagándose poco a poco para comenzar poco a poco a encenderse de nuevo. Una sed que el buen bebedor no intenta ni quiere extinguir como un vulgar bombero, sino perfumar solamente. A mi amigo Macdonald le he contado la frase de aquel inglés de Bilbao que, al colocarse frente a su primer whisky del día, exclamó: ¡iHoy no vendería mi sed, por mil libras! Demasiado buenas esas palabras para que haya podido decirlas un inglés, según Macdonald. ¡Usted se equivoca, probablemente. Ese inglés de Bilbao sería escocés. -No, señor; inglés. -Bien; pero yo le ruego a usted que diga que fué un escocés. A usted no le cuesta esto nada, y yo sería muy feliz. Una hora después me aseguraba que no le importaba nada cue esas palabras las hubiera pronunciado un inglés, porque en medio de todo... en el fondo... los ingleses son también buenas personas J. M I Q U B L A R E N A (Dibujo de Barbero. Parece que son muy pocas las personas que han bebido whisky en el mundo. Verdadero whisky. Whisky genuino. -Y esto que bebemos ahora, ¿no es whisky, Sr. Macdonald? -Y o no debería decirle la verdad por patriotismo y por respeto a mí mismo; pero esto no es whisky. Y o he bebido una sola vez whisky en el Norte, Norte, Norte de Escocia. Era blanco, como la ginebra. Me ofrecieron un vaso muy pequeño. E n cambio, lo que se bebe corrientemente en el mundo es un líquido que la gente del campo, en el Norte, Norte, Norte de Escocía, derrama en sus botas, entre el calcetín y el cuero, para conservar calientes los pie durante el invierna Y o no debería decirle la verdad por patriotismo. De todas maneras, Macdonald cree que esta imitación que ha salido al mercado es bastante buena. r
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