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DIARIO ILUSTRA- D O A Ñ O VI G E SI M O N O V E N O 10 C T S N U M E R O ABC blo sea, poco más o menos, como la de regir una Empresa cualquiera: una fábrica, una Compañía de autobuses, un Casino... Gente especializada, detenidamente preparada para estos fines, con una preparación que no será, desde luego, pronuncia discursos en mítines, ni fanfarronear en las mesas de los cafés, ni haber leído por casualidad alguna revista extranjera, ni haber albergado a; un conspirador fugitivo, ni haber estado algún tiempo en la cárcel; gente bien preparada en realidad- -repetimos- -ocupará los cargos que se creen para que desde ellos se pueda atender, no a insultar a los que no piensen como tales personajes, sino a que las carreteras estén bien conservadas, las Universidades no sean una ficción, la Justicia proceda pronto y bien, el país no gaste más de lo que tenga, etc. e t c Empicados del pueblo; esto es lo que serán, con la misma misión y la misma importancia deritrtí del Estado que ahora tienen en el régimen privado de vida el administrador, el chófer, la cocinera, el portero de cada cuál. Las demás injerencias que hoy ejercen en nuestro espíritu las hará inútiles en ese remoto futuro la instrucción. E l profesor, y no el político, guiará nuestra alma más noble, desinteresada y certeramente. Pero aún tendremos los hombres que soportar durante muchos siglos la farsa y la hinchazón vanidosa de las funciones polí 1 CaS DIARIO DO. ILUSTRA- A Ñ O VIGÉ- SIMO NO V E N O 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L x. D E J U N I O D E 1905 P O R D T O R C U A T O L U G A D E T E N A EL RÉGIMEN P A R L A M E N T A R 1 O No; no se eonfía en el Parlamento. Tiene razón Azaña. Sin embargo, los hombres no han inventado hasta ahora un sistema mejor para ponerse de acuerdo acerca de la resolución de sus problemas de gobierno. Pero sobre la pureza primitiva de la idea parlamentaria se han ido acumulando convencionalismos deformadores. Seguramente el agora griega tuvo más utilidad que un Congreso de los actuales, o, por lo menos, su sinceridad era mayor. Alguna vez hemos propuesto una simplificación en el sistema parlamentario que evitaría su desprestigio y ahorraría al país cuantiosos gastos. Pero no ha tenido fortur na nuestra iniciativa. E n rigor, se basaba sencillamente en la observación de los procedimientos actuales, y era la misma que, con igual fracaso, ofrecimos a la Sociedad de Naciones para imprimir otro carácter a las guerras. E n este último caso nuestra solución consistía en un cálculo matemático en el que, más que los genérales, habían de intervenir los economistas de los países en lucha, y era seguro llegar al mismo desenlace de la victoria o de la derrota sin nécesidad de verter una sola gota de sangré ni; de gastar un solo millón. En las discusiones parlamentarias no importa el parecer de la mayor parte de los diputados. Cuando se plantea algún asunto de verdadera, de profunda importancia, se resuelve, ahora como antes, en reuniones más o menos secretad de jefes de grupo. E n el actual Congreso, con ocasión del Estatuto catalán, de lá cuestión religiosa y de los presupuestos de guerra, principalmente, se ha presenciado él caso Se diputados que gruñían eh los pasillos contra el voto que les había arrancado en el salón un deber de disciplina. Y si alguno de ellos discrepaba públicamente, alegando vetos de su conciencia o de sus electores, era anatematizado y se cebaba en él la furia de sus compañeros 1 lador. Cualquier aspiración es legítima o ilegitima, por no existir razón rígida que la consagre o la niegue. Son éstos los pueblos incapaces de disciplina, que renunciaron, al derecho por no sentirse obligados a cumplir el deber. Si se pregunta a un. español a cuál de los dos sistemas, derecho o favor, pretiere ajusfar su existencia, responderá que no concibe cómo puede imaginársela atenida por manera exclusiva al derecho a palo seco Tan acostumbrado está a que sea decisivo el favor, hasta considerarlo elemento insubstituible en toda clase de relaciones y empresas. Nada es accesible o inaccesible para un español sino proporcionalmente y en la medida de las influencias Influencias directas o indirectas, es decir, aquellas que emanan de su propia personalidad, o las ajenas obtenidas en apoyo. Así, todo objeto propuesto a la aspiración individual o, colectiva es una puja de influencias, aunque no siempre estén descartados otros méritos. De tiempo en tiempo se produce en España una tentativa contra el régimen de i vo r. De una manera general, coincide con un cambio más o menos importante en las esferas gubernamentales. La influencia, la recomendación, queda proscrita y se ame- naza severamente a quien recurra a ella. E l régimen, de favor queda suspendido. Y hay entonces como un colapso: los ciudadanos no se deciden a actuar faltándoles la palanca. ¿Es posible suprimir de un plumazo lo que es el vehículo de toda reivindicación colectiva o individual? E l propio redactor de la sentencia no parece muy seguro de poder reemplazar el sistema. de favor por el del derecho escueto. Está demostrado que la ley no modifica, sino en proporción muy limitada, a las costumbres. Y el favor es dominante sobre todo otro elemento de comercio en la sociedad española. Si analizamos con un deseo de comprensión el valor de la influencia como tal elemento dominante, habremos de reconocer que entra en juego un resorte cordial antepuesto a cualquier otra consideración de orden objetivo. Cada español solicitado por la influencia se cree obligado a hacer una exégesis particular de leyes, reglamentos, disposiciones o reglas. Las influencias movilizan el subjetivismo del intérprete. Razones de carácter sentimental u otro intervienen por manera decisiva y modifican, no ya sólo la letra, sino incluso el espíritu de la regla aplicable al caso. L a simpatía, propia o prestada, del demandante pesa más que el concepto puro. Y hay una satisfacción compartida por el que obtiene y por el que otorga, porque ambos tienen conciencia de haber vencido obstáculos por propia iniciativa y apelación a recursos fuera de toda previsión legal. ¿Concluiremos, que existe en el régimen de favor un sentido humano desconocido, en el régimen de derecho Quiza. Pero es el caso que la contrapartida del favor es la arbitrariedad, y ésta es el riesgo d é l a apreciación subjetiva. Si el favor decide, queda negado o, por lo menos, manumitido el derecho. E l derecho aparece entonces elemento secundario y no primordial. Si hay ventaja en la interpretación de l a ley al través del prisma del favor, nada es más temible que la ley aplicada por una voluntad hostil j -x -T ú ACTOXIO A Z P E I T J J A W. F E R N A N D E Z FLOREZ NUEVAS INTERPRETACIONES Derecho o favor 1 ¿Para qué es necesaria la presencia de esas masas corales en un Parlamento? ¿Están allí por razones ¡de vistosidad? ¿Para pedir una carreterita o un puentecillo que pocas veces consiguen? Si el Parlamento tuviese sinceridad apenas se sentarían en él una docena de personas. Las demás llevadas allí por los votos nacionales son ceros puestos- a la derecha de esos personajes, y en este sentido habría que modificar las elecciones. No votar a Pérez para que Pérez produzca rumores y escupa intcrjcccionescn los escaños, a la derecha del caudillo X sirio votar francamente un cero. U n cero lerroux. áta, o azañista, o dominguista. Y cada vez- que Lerroux hablase o que Lerroux votase votaba o hablaba Lerroux 100, o i.ooo. Y esto podría hacerse notorio substituyendo- los hombres de cada minoría ¡por un cartel. Ñ 6 hace falta que esté pre senté un rebaño de diputados. A l ponerse en pie un jefe político para intervenir en cualquier cuestión se alzaría también detrás del señor presidente un cartel, redactado en el estilo que se rmpV. c: i e! Circo, rice para dar cuenta de las ¿e b a j k í t e a n s c u r r i das en los concursSfrP istefffea r. l lleva consigo 200 votos más No- nos satisface el Parlamento, pero no conocemos nada mejor L a Humanidad se jncuentra aún en la infancia. Un día llegar á en toe 1 -fuitóíKi xíé tf 1 íw. t ín Hay pueblos que no pueden vivir sin cono- cer su derecho. Él derecho es k pauta a que ajustan sus actos. L a consciencia de su derecho es tan indispensable al individuo de ciertas latitudes políticas como el saber el número y las dimensiones de la estancia de sü casa. Más que propender a una extensión del límite máximo de la libertad de acción fijado por la ley reguladora del derecho, aspira tal ciudadano a que nada ni nadie la restrinja 0 la menoscabe: Porque considera condición esencial para. definir su norma de conducta la convicción de qué, atenido a loa límites fijados, existe una garantía absoluta, para su pleno desenvolvimiento. Contra esos pueblos se han disparado las flechas de las burlas porque según los tiradores, necesitan una disciplina, una especie de vallas paralelas que le tracen el camino, pues, dejados en campo sin cerca, se considerarían huérfanos en triste abandono. Hay otros pueblos que han organizado su vida, sobre el favor. Nada en ellos es absoluto, sino todo relativo. L a sorpresa agradable o lo imprevisto adverso son Siempre posibles. E l azar desempeña un papel regu- El público debe leer diariamente nuestra sección de anuncios por palabras clasificados en secciones. En ellos encontrará constantemen:
 // Cambio Nodo4-Sevilla