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hubiera dicho con tina voz muy opaca: Vengo aquí de parte de Pírandello. Por fin h a b l ó de nuevo el dueño de la taberna: -Un día se recibió a bordo la información del Ayuntamiento, por radio, con tal cantidad de errores, que no hubo forma de aclarar los nombres de los concejales que habían tomado parte en la batalla. Arrastraban aquellos nombres tantas consonantes de repuesto, estaban tan erizados de letras desconocidas, que al principio se pensó en que había sido tin error. fLes habían transmitido un mitin en Odessa! Pero este hombre dijo: M e voy a tierra. Telefonearé para pedir aclaraciones. Estaba el navio a muchas mijlas de la costa, porque eran días de tirada corsaria, y la tormenta amenazaba ya, arrancando sus aullidos del arpa de las jarcias. M e voy a tierra, he dicho. No hubo modo de convencerle. E l director, que actuaba vestido de M é n d e z Núfiez en aquella época náutica de su periódico, trató de disuadirle, diciéndole que lo principal era economizar vidas... Todo fué inútil. Hizo que se le lanzara un bote al mar; colocó en él una caja de conservas, otra caja de peinicán, un poco de galleta y un barril de agua; y se dirigió hacia la costa, a golpe vigoroso de remo. -Es extraordinario. -Es heroico, cabaHeros Q u i n c e días después le encontraban vagando por una playa de iLequeitio, destrozado, con un salvavidas en la mano. Preguntó a unos pescadores si caía lejos Melbourne. Y desde entonces nadie le puede convencer de qué esto no es Dinamarca. E l- tasquen volvió a llenarnos las copas, se secó luego las manos con la mesa de billar que llevaba puesta, y dijo: -Esta ronda la pago yo. J. M I Q U E L A R E N A (Dibujos de Esplandlu.
 // Cambio Nodo4-Sevilla