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labras, varias fechas y vuelve a meter en velocidad el coche. Sospechó que su misión de transportarme se adorna con dos misiones más: la de orientar un poco mi curiosidad a lo largo de aquella maravilla y la dé dar tiempo a que los chelines caigan y caigan Las viejas calles. sobre la tragedia de mi canAio desfavorable. Era un guia demasiado caro. Yo calculo en ocho peniques lo qué un? costó -no saber Va el taxi gigantesco, 1 taxi camello, porlas viejas calles de si una casa que se señalaba en Lawnmarker, a la izquierda, era la ciudad; por Casléihill, r l Í! mñarkei ¿p High Strééji ¿ik r- una casa en que vivía él, el chófer, con Una tía suya, o era la casa Canóngate, descendiendo hacia el palacio de Holyrood. qué se describe en Et espejo de mi tía Margarita. Las casas de la vieja nobleza, habitadas por la miseria, Lo que pudo ser una ventana emplomada, al borde de la calle es hoy un cristal sucio, que apenas permite ver algunos pasteles viejos y unos caramelos sudados. Los niños se dejan tragar, jugando, por unos portales misteriosos y negros. Y lo que yo no había visto nunca en lá Gran Bretaña: ropas a secar en las fachadas, jirones de intimidad al exterior, banderas dé alcoba flameando al viento, con una despreocupación 1 ati na, como en cualquier puerto estrepitoso y crudo del Mediterráneo. El chófer detiene su tata. falco a cada momento, apunta con el dedo a Una fachada y habla. Dice unas pa: zar tampoco que aquella soldados recién pintados no hayan salido de la caja de juguetes que le reblaron a Eduardo VII cuando era niño. LA IGLESIA DE CANONGATE Holyrood. A David Rizzio, favorito de la infortunada Reina María, le asesinaron Darnley Morton y sus secuaces. E l cuerpo fué arrastrado luego, exánime y blanco, hasta el vestíbulo de la saia de audiencias de la Reina, He hecho el itinerario del cadáver de Rizzio hasta llegar a la placa de latón que señala en el suelo el lugar exacto en que quedó la víctima; una placa de latón bien bruñida que nadie se atreve a pisar y que tiene todo el aire de anunciar, en el portal de un huilding, las oficinas de una Compañía comercial cualquiera; por ejemplo, la de David Rizzio and Company Limited, especializada en intrigas de Corte y en corazones de Soberanas. Una dama otoñal entorna los ojos y exclama: ¡Pobre pequeño muchacho! Ella se imagina a Rizzio cubierto dé crenchas negras, la mirada sentimental, a los pies de María EstuardOj temblorosa y emocionada; de la mandolina se arranca Rizzio pizzicatos á i corazón y los va dejando en el regazo de su señora. ¡Pobre pequeño muchacho, venido al mundo en una época en que tras los tapices de Holyrood se movían, un poco laminados, para no abultar mucho, la traición y el brazo homicida Ella tiembla un momento pensando en su bailarín de. Niza, con sus rizos de ebohita negra. Pero ella es una pretenciosa y tiembla sin razón ninguna. Los cinco regimientos. ¿Dónde están los cinco regimientos? Ni soldados ni oficiales por las calles. Ni un kighlander más de los que custodian el castillo y el palacio de Holyrood. El habitante de Edimburgo sabe, sin embargo, que ellos están en todas partes. Y él los ve claramente. Los descubre en sus trajes civiles por un detalle cualquiera; pero, sobre todo, por el aire. Dentro de unos pantalones normales, de una americana cruzada, de una camisa y de una corbata de fantasía, el cuerpo ác los militares británicos saca su disciplinada ortopédica a través de cualquier envoltorio. El habitante dé Edimburgo los descubre por el bigote, sobre todo. Por esas dos guías trefiladas y engomadas como dos varetas de liga, en las que uno espera a cada momento que va a posarse un jilguero. J. M I Q U E L A R E N A
 // Cambio Nodo4-Sevilla