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A B C. S Á B A D O 4 DE M A R Z O D E 1933. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 16. la investigación en Casas Viejas. Así, pues, la minoría radical designó al Sr. Lara, la conservadora al Sr. García y Bravo Ferrar, la de izquierda parlamentaria al Sr. Botella Asensi y la agraria al Sr. Casanueva. Todos los diputados que integran esta Comisión saldrán esta noche, en el expreso de Andalucía, y regresarán probablemente el martes próximo. D e modo que el miércoles podrán dar cuenta a la Cámara del resultado de sus investigaciones. los periódicos ministeriales, l a minoría radical habría obtenido ayer un triunfo rotundo. Estrechado el Sr. Ázaña, acosado por la demanda justificadísima de las oposiciones, su contestación hubiera sido la misma que dio, de todos modos; o sea, que no posee la menor prueba contra ningún diputado, y que los documentos no tienen otra significación que la de constituir una prueba polémica. Eero el Sr. Guerra del Río ¡llevado tal vez por su deseo de desvirtuar el mal efecto producido en la opinión pública polla sesión de anteayer, o quizá por el anhelo legítimo de causar un hondo quebranto al Gobierno, entró en un terreno peligroso, y en el cual, vigilante, le acechaba el señor Azaña. L a mayoría, por tres veces, puesta en pie. ovacionó al Sr. Azaña. L a mayoría acusó itn gran sentido conservador. L o demás fué episódico. E l Sr. Lerroux, que siempre se mostró enemigo de quebrantar al Gobierno por asunto tan desdichado como el de Casas Viejas, se levantó para pedir que no s; e insistiera sobre el tema hasta que la Comisión parlamentaria oñcial rinda su trabajo, y para recabar del Sr. Azaña una explícita declaración que obtuvo de que no se refería a él, cuando habló de los que recogieron, sin pensar en las consecuencias, el acta de los capitanes de Asalto. H a b l a n los ministros Cuando el Sr. Azaña salió a los pasillos, los diputados ministeriales, entre ellos había muchos- catalanes, le volvieron a ovacionar. A l escuchar los aplausos D Santiago A l b a que se hallaba en un corro de diputados, exclamó: -E s natural que aplaudan. Están enardecidos. Y o sé muy bien que esas ovaciones carecen de valor. L o mismo se otorgan a los hombres que llegan al Gobierno, que a los que se van. E l Sr. L a r g o Caballero hizo resaltar ante los periodistas la frase pronunciada en -u discurso por el Sr. L e r r o u x de que no había base sólida para seguir discutiendo el asunto de Casas Viejas. -Pues si no hay base sólida- -añadió el ministro de Trabajo- ¿para qué han plan- teado esta cuestión tantas veces? ¡Conversaron también los informadores con el ministro de Agricultura. Dijo, refiriéndose al discurso del señor Azaña, que h abía sido una pieza oratoria admirable por su estilo y por su fondo. -P e r o me temo mucho- -agregó- -que volvamos todo ¡3 los días al tema de Casas V i e jas, tema desagradable y lamentable para todos. Y o no comprendo cómo hallándose en el ánimo de todos los diputados la idea de que el Gobierno 1: 0 tier. e la menor responsabilidad en esos sucesos, se hurgue en la herida, agrandándola. M a l a conducta la de las oposiciones. M a l a conducta, porque algún día, el que sea, esos hombres habrán de gobernar y han enseñado un mal camino. L! diputado radical aludió al acta firmada por los cinco capitanes de Asalto destituid? s, y, apoyándose en ella, afirmó que el Gobierno intenta tapar con la fuerza de los votos los trágicos sucesos de Casas Viejas. Esto era desvirtuar l a actitud que en l a jornada anterior habían adoptado l a oposiciones y tocando superficialmente el asunto de los capitanes dar ocasión para que el señor Azaña lograse un triunfo fácil, tachando de indisciplina el acto en que dichos oficiales trataban de demostrar que en ningún momento han sido insubordinados. E l Sr. Maura restableció la significación del debate entablado. Tajante en la palabra, duro ien el concepto y apremiante en sus últimas frases, el jefe de la derecha republicana apartó cuanto podía rozarse con los Sucesos de Casas Viejas y el acta de los cinco j pitatres de Asalto, para dejar en pie esta vibrante afirmación; que el Sr. Azaña probaba sus insinuaciones contra sus adversarios políticos o quedaría ante la faz del país como un impostor. U n a ovación clamorosa de las oposiciones demostró que allí estaba el punto neurálgico de lo que se discutía, y apenas acallado el eco de los aplausos se ievxntó el Sr. Azaña para negar ele un modo rotundo, terminante, de una vez para siempre, que en su intención hubiera estado nunca el arrojar sombras sobre lá conducta personal de los diputados y mucho menos del Sr. Maura, con quien convivió en un Gobierno y con cuya amistad se honra. E l Sr. Azaña daba así plena satisfacción a las oposiciones y condenaba de paso los chismes y enredos de quienes se habían permitido en los pasillos interpi ar el texto de unos papeles que no conocían. Pero el jefe del Gobierno comprendió que debía, aprovechar el desliz del Sr. Guerra del Río, y se refirió al acta de los capitanes de Asalto. E l Sr. Azaña repudió toda intervención militarista en la vida civil del país y tuvo acento de condenación para quienes no hallaron inconveniente en acoger una demanda que rompía la disciplina y quería imponerse a la soberanía nacional. N o comprendía como hombres gubernamentales que podían emplear armas ilícitas en la lucha contra un Gobierno. E l gobernador de Valencia niega la aseveración hecha p o r el señor Blasco en Ja Cámara Valencia 4, 1 madrugada. A la vista de lo que dice el Diario de Sesiones del Congreso, que le había sido retransmitido telefónicamente, a su requerimiento, para contestar el gobernador en lo que le afectaba por las interrupciones hechas en la sesión de anteayer por el Sr. Blasco al jefe del Gobierno, el gobernador dijo ayer tarde lo siguiente: -A f i r m o de manera absoluta que a mí n i la D General de Seguridad, n i el m i nisterio de ia Gobernación, n i por teléfono, ni disfrazada, n i sin disfrazar, ni de ninguna otra manera, se me dieron las órdenes que el Sr. Blasco dice se dieron. E s pues, totalmente inexacto lo que los señores Blasco y Marco Miranda dijeron en la sesión que anteayer se celebró en el Congreso. A y e r tarde hasta última hora tratamos de entrevistarnos con el teniente coronel de la Guardia civil Sr. Pérez Barberi, a quien también aludió el jefe del Gobierno; pero no nos ha sido posible conversar con él por no encontrarle ni en el cuartel n i en su domicilio. Manifestaciones del señor Ortega y Gasset. E l martes reproducirá su proposición sobre Casas Viejas D o n Eduardo Ortega y Gasset dijo a los periodistas lo siguiente; -C o m o el Gobierno y la mayoría estaban perfectamente convencidos de que yo iba a cumplir con el austero deber, indispensable además para la salud de la República, de decir íntegra la verdad en cuanto a las maquinaciones impunistas con las que el Gobierno trata de borrar las órdenes que engendraran el crimen de Casas Viejas, se me ha impedido hablar en la tarde de hoy. Pero por dura que sea esta obligación y por fuertes las hostilidades, con las que la mayoría intenta cerrar el paso a mi derecho, el martes lo ejercitaré, reproduciendo mi proposición incidental. H e de impedir que sobre las víctimas inocentes de Casas Viejas se cante el responso dé disimulo y de injusticia, con ei que siempre se han ocultado los atropellos. Y precisamente por tener un claro concepto de mis responsabilidades, no puedo consentir que caigan sobre la República y sobre los guardias de Asalto, anulándolos como fuerza defensiva de las nuevas instituciones, las culpas de un Gobierno inepto. LOS SOLARES DEL HOSPICIO DEMADRID Ayer, por fin, se pronunció el Concejo madrileño sobre el dictamen que proponía ceder a la del Pueblo los solares del Hospicio a pago diferido, sin interés alguno, y en un plazo total de cincuenta años. Los patrocinadores de la libertad, entre los cuales figuraba el alcalde, no pudieron estar más desafortunados cuando intentaron la demostración de que la venta en esas condiciones era cosa perfectamente legal, correcta y hasta conveniente para eí Municipio. Incluso se apeló a evocar la memoria de Pablo Iglesias, con el torpe recurso de aducir argumentos sentimentales. Pero la mayoría de los ediles, bien advertida de su responsabilidad moral y material, rechazó L a Comisión parlamentaria que con recto sentido la maniobra. E l voto particular prosperó incluso con el de quienes saldrá h o y para Casas Viejas representan en ei Ayuntamiento el republiLas oposiciones volvieron ayer de su caismo más histórico y caracterizado, y el acuerdo de no designar representantes para dictamen queda a extramuros. Vale consigla Comisión parlamentaria que ha de hacer nar que al vislumbrarse la derrota no faltó algún edil que apelara al efugio, ausentándose del salón. Y es curioso también el registrar cómo, en cambio, otro concejal que jamás acude, el Sr. Castro, ayer asistió, aunque sólo el tiempo preciso para votar con los socialistas, desapareciendo apenas ñau- fragó el dictamen. A h o r a lo que procede es decidir sin dilaciones injustificadas la licitación de los soE s t a crónica, de actualidad futlares, con pago al contado, o el destino de bolística, por J A Sánchez de urbanización que debe dárseles. L a opinión pública se inclina, desde luego, a que ese teOcaña, se publica en el número rreno sea convertido en jardín. N o tienen de mañana de ninguno les barrios adyacentes; pero no hay que fiar mucho en que el Ayuntamiento se impresione por la voz de l a calle, porque l a política imperante ha contagiado allí también la teoría del desdén. E l Fúibol- Club en Chamariín Blanco y üeifra