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Informaciones v reportajes. a mujer en las Ordenes militare singulares como el de Junqueras, en Barcelona, donde teníase el privilegio, único en la cristiandad, de que las profesas pudieran contraer matrimonio con caballero de la Orden. A l presente quedan el de Toledo- -Santa Fe- el citado de Granarla y el de Santiago el Mayor, de M a d r i d cada. uno con su religión de Señoras Comendadoras, guardianas del patronazgo del Apóstol, regidas por una comendadora mayor, que la Comunidad elige por un trienio, y recibe luego la colación canónica de la encomienda, teniendo en cada monasterio la casa- matriz y- el noviciado respectivos y existencia económica independiente, como es independiente su propia jurisdicción sobre Jas religiosas y las- sergentas y sirvientes seglares. Hubo, asimismo, las fra Irisas, a mediados del siglo x v i seglares con uso de hábito y cruz roja, damas ilustres familiares y allegadas de los caballeros, los cuales, por contraste con las comendadoras, fueron, en un principio, religiosos con votos, como aquellos trece- -a los que rememora el Trcccnazgo- actual- -y que recibieron los primeros la piadosa y marcial- -como es. la Orden castrense y pía, y, en suma, como lo fué todo el grandioso poema épico de la Reconquista- -creencia en el prodigio jacobeo de Clavijo, para ser luego caballeros. de h á b i t o y dignidad, pero sin ordenación ni votos solemnes. A estas religiosas, que llevan siempre el nombre y tratamiento c Señoras Comendadoras, refluye el esplendor histórico de las Ordenes, de que son a modo de vestales cristianas, puesto que honran su pecho con la espada, sangrienta del Apóstol mayor, que así lo honraron los hombres excepcionales, cuya teoría, rutilante es como un concreto panorama de la m á s mutilante historia del orbe diecisiete príncipes... -e l Gran Capitán. Pizarro... H, ernán Cortés... Legazpi... Tendilla... Garcilaso, el cantado ñor los romances... Garcilaso... -el Petrarca hispano... el hércules García de Paredes... Moncléjar y Santa. Cruz, señores del mar... E r c i l l a A r i a s Montano... l.o pc. de Fjgueroa, ganador del estandarte del Gran Turco en la. ocasión míe exaltara Cervantes... Doria... Juan de Austria Antonio de i. evva... Requesens... Calderón... V e l á z q u e z y Spínola, que es bien que juntos salgan al desfile... Saavedra Fajardo. Campomancs... Gravina y A a v a Alvarez, el de Gerona. Y entre ellos, aquellos dos príncipes moros, como M u l c y Xcriuí, hijo del Rey de Fez, y los hijos de Ubcn- Arncd- Jaini- Áliuazán, Felipe y Carlos de África, a quienes pareció mejor y m á s airoso, mbates de la tierra y del cielo, salir debajo del canco de Santiago y abrazarse al Apóstol, montando a la mino del inmortal seguro. Santiago, peregrino y maestro. Esclaz conchas, bordón y calabacilla. Efigie dente, como la de Composiela... Comer r. doras de Madrid. l Comendadoras y freylas. Fratrisas y sergentas Fray- Jerónimo Román, cronista de la Orden de San Agustín, en su Repúblicas del íKí) woo (is 7 q) al dar cuenta- del origen de las Ordenes militares, singularmente de la ele: Santiago, dice: Ay también, monjas, las cuales, antiguamente eran mujeres casadas con. sus mandos: las cuáles a cierto tiempo estaban recocidas, ó mientras y- van los maridos a la guerra, ó siendo ya viudas, si querían vivir en clausura, les dayan nobilísimamente lo que avian menester como a señoras. Usóse- también que muchas señoras prin cipales estaban recogidas desde donzellas, y después se casaban noblemente El. Emperador Carlos V mandó que se. redujese este estado ál que guardaban todas- las demás religiosas. de otras Ordenes, pues los hubo tan Esta comendadora de Santiago huella las gradas dé este tránsito del Monasterio ma drileño con la firme modestia con qu- e lo hicieran sutf predecesoras. y hermanas en religión a través de trescientos años, empleados por la Orden en pedir por España y en hacer el bien en silencio.
 // Cambio Nodo4-Sevilla