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L A E S C E N A Y L A VI D A REPERTORIO CLASICO U n punto de contrición Con motivo de reponer en el Español La vida es sueño, advertimos un punto de contrición. Surgen, acá y allá, finas lamentaciones estéticas. Se estima necesario el repertorio clásico, no sólo como educador y ejemplar, sino como espectáculo, como diversión per se. Entre tanta y tanta irrisión contemporánea las obras maestras del clasicismo ent r a ñ a n las dos formas supremas del. teatro: originalidad y novedad. L o m á s original, para el público de hoy precisamente, no son las peripecias del aviador ni las cuitas del radioescucha, sino las cóleras de Segismundo o las dudas de Hamler. L o m á s nuevo, precisamente para el tiempo nuevo, no radica en la escenografía de un palace o de un submarino, sino en la tienda de Héctor o en el pala cio de Salomón. De ahí que todos los. grandes renovadores escénicos- -desde Stanislausky a M a x Reinhardt, a Pitoef. a E v a L a Galliennc- -sean los grandes exhumadores clásicos. De a h í que junto al repertorio vanguardista de los rusos, de los judíos, de los alemanes, de los yanquis, dé los ingleses, de los franceses, figuren- siempre desde Esquilo a Schiller y desde Calderón a Goethe. ¿Por qué? Porque el afán de modernidad no es sino afán de eternidad. Y la eternidad de los clásicos es como la sal del pan escénico. Señalamos el punto de contrición por si envuelve un propósito de enmienda. Realmente es preciso alentar el repertorio clásico con nuevos hechos más que con viejos dichos. H o y en día, la crónica teatral es monopolio dei teatro filisteo. De las vedettes, de las vicetiples. de la musiquilla, del astracán, de las comedias blancas, de la película escenificada. De todo menos del esfuerzo literario, del afán artístico, de la jerarquía, de la prosapia. todos los países extranjeros, con triunfos tan rotundos como los de Calderón, en A l e mania; los de Lope, en R u s i a los de G u i llen de Castro, en Italia; y ahora, en estos días, los de Tirso, en Francia, en la adaptación de Cheon, con música de Henri M a nuel, representada en el V i e ú x Colombier por L o s Quince, cen formidable éxito. CRISTÓBAL D E C A S T R O A U T O CRIT I CAS La novia de Reverte O b r a en tres actos y en verso, de F r a n c i s c o Serrano A n g u i l a y M a n u e l de (l ó n g- o r a que se estren a r á en el teatro P o n t á l b a el p r ó ximo m i é r c o l e s d í a 15. N o hemos querido hacer una estampa de época V a y a por delante esta afirmación para que nadie se llame luego a engaño. L a época de Reverte está demasiado cercana para poder escenificarla con aquella libertad que nos permitiera prescindir, al planear la anécdota, de la veracidad y exactitud que hay derecho a exigir cuando se utilizan como elementos dramáticos figuras que están v i vas todavía en el recuerdo de. las gentes. Antes que reflejar las hazañas y el carácter de un torero famoso, al que a ú n no se ha olvidado, hemos preferido crear nosotros un torero imaginario, al que, naturalmente, quisimos dar el espíritu y las modalidades habituales en los que consagran su esfuerzo y su bravura al arte de matar toros; pero cuidando mucho de no hacerlo, a imagen ni semejanza de nadie, para no pecar de irrespetuosos en ningún momento. Esto aparte, la época de Reverte- -finales del siglo x i x y comienzos deh actual- -ni siquiera nos interesa plásticamente. Cuando, no hace mucho, hemos asistido a la realización escénica de algunos saínetes del mismo período, hecha con arreglo a las modas de entonces, el i n tento nos ha parecido curioso y hasta plausible pero, en lo íntimo de nuestra conciencia, hemos- declarado qué aquellas mujeres y aquellos hombres, con aquellos peinados, y aquellas ropas, tenían menos vistoLa salvación del arte sidad y menos brillantez de estampa que ¿E n qué país del mundo, sino en E s p a- los de nuestros días o que los de tiempos fia, se despachan las obras clásicas con dos pasados: de los años ísabelinos para allá. lineas de compromiso, y en cambio se deP o r lo demás, no es la figura de Reverte dican columnas y columnas de regodeo a la que en nuestra obra debe atraer la atenlas revistillas desnudistas? ¿D ó n d e si no ción del espectador, si nosotros hemos l o es entre nosotros, se codean, en la misma grado lo que. nos propusimos. E s m á s bien, plana, el autorcillo trimestrero y el escri la copla de Reverte la que nos habla de tor insigne, la tiple sicalíptica y la actriz- de aquella novia que rango? ...tiene u n p a ñ u e l o E l Arte es eso: J e r a r q u í a Y este concon cuatro picadores, fusionismo español, este barullo demagógiüeverte en medid. co en nuestra escena, lo precipita en el Y esa copla es de ayer, y de hoy, y de, arroyo. Estamos tan habituados, que la prosiempre. S i Reverte vive a ú n en la memoria testa nos asombra, i Q u é es esto de pedir distinciones, matices, rangos entre los g é- de muchos españoles, quizá sea, m á s que por sus heroicidades en los ruedos y por sus neros y sus intérpretes? ¿Q u é m á s da la triunfos fuera de ellos, por el eco inextintragedia que el sainete? ¿L a gran actriz guible de esos siete versos de la seguidilla, que la gran cupletista? ¿L a romanza que que el pueblo hizo suya y con la que va gloel cuplé? E 1 teatro clásico que el teatro rificando a cada torero que gana fama de contemporáneo? valiente. Porque si nosotros, de niños, oímos Pues no es igual en ningún país civilicantar: zado. E n todos los países civilizados el Lia novia de Reverte Arte impone, categorías literarias y escénitiene u n p a ñ u e l o cas. Cada genero tiene su valor y cada i n Luego, ya en la mocedady advertimos que térprete su rango; Todos pueden ser igualse cantaba, Con la misma fnúsica y el mismo mente populares; mas cada uno en su l u ritmo: gar. N o es lo mismo llamarse Josefina B a L a novia de Pfípete ker que llamarse Lucila Pitoef. N i bailar tiene u n a bata con cuarenta botones un tidele que interpretar El poder de las todos de p l a t a tinieblas. N i componer Ramona que componer la Novena sinfonía, n i pintar un bo ¡Y quién sabe en qué barrio sevillano degón que pintar La escuela de Atenas. estará formándose ahora el torerillo de maL a salvación del Arte estriba en sus cañana, hambriento de gloria y de dinero, en tegorías. Y entre ellas la primera es la del cuyo honor vuelva a oírse la copla impereteatro clásico, cuya restauración podría inicedera... ciar sólidamente el Teatro Nacional. Ese Uno de tales torerillos, conquistador de teatro nuestro, en cuyo repertorio, tari vas- muchedumbres, es nuestro Manuel Centeno, to y rico, tan popular y tan superior, se Reverte. Y l a novia de este Reverte es nuesune el alma nacional al alma universal. Ese tra heroína, cuya interpretación confiamos teatro clásico español que, rarísimo en E s al arte, al g a r b o a l a arrogancia y a l donaire gañaj se representa habitualmente en casi de Carmen Díaz. E l l a es el alma de esa co- pla que nosotros glosamos a lo largo de tres actos, en los que hemos querido recoger todo el espíritu popular de la seguidilla. Con decir esto queda zho que, al escribir en verso la obra, lo hicimos sin otra intención que la de reflejar en ella el aire desgarrado y brioso, incorrecto a veces, pero siempre con un sano y alegre perfume, de las coplas de vuestra tierra. Nada de ritmo interior ni de poesía honda y grave. Ecos de soleares soleariyas fandanguillos, m a l a g u e ñ a s a l e g r í a s y martinetes. Y para que no todo sea color brillante y luminoso de cromo, a l gunas ráfagas amargas, que empañan momentáneamente los tonos recios del cuadro. Pero también entonces nos da el pueblo la rima apropiada, con la cadencia de la c a ñ a y la seguirilla gitana cumbres del cante grande al decir de los maestros. Así, sobre el ruido de las sonajas de nuestra pandereta andaluza, llora y ruge alguna vez la tragedia de esa Andalucía oprimida y doliente que recrimina a la otra Andalucía bonita: toros, cante, vino y luz... ¡Nadie ve qiie estás mardita y con los brazos en cruz! Nos hemos extendido m á s de lo que nos p roponíamos. Apenas si nos queda ya espacio para decir que, al eserbiir La novia de Reverte, no hemos olvidado las severas y á s peras, aunque justas, advertencias que nos hizo la crítica cuando estrenamos La Petenera. Se nos reprochó entonces la licencia abusiva de prolongar los consonantes, con daño del buen sentido de los versos. Tenían razón los que nos lo dijeron, y esta vez hemos seguido sus consejos. Otros defectos, seguramente, se nos han de atribuir ahora, y, desde luego, anticipamos nuestro propósito de corregirlos en la próxima comedia que escribamos. Y nada m á s Porque, ¿qué vamos a decir del entusiasmo, del cariño, del ímpetu y de la gracia que pone Carmen Diaz en la creación de esta novia de Reverte que nosotros hicimos por ella y para ella? Estamos sep- uros de que, a falta de otros méritos, el público lia de agradecernos haberle dado ocasión de admirar a la eminente y españolísima actriz, encarnando un personaje en el que se ofrecen, con violentos contrastes, todos los matices de un bravo carácter de mujer. E l l a será la que consiga el triunfo. Y con ella, la maestría y el dominio del admirable Simó Raso y de los demás artistas de una compañía disciplinada y notabilísima. Para todos nuestra gratitud. Y para Carmen Díaz- -que pone en la presentación escénica de nuestra obra, confiada al arte de Sigfredo Búrmann, todo su buen gusto y su escrúpulo de directora i m ponderable- -nuestra devoción de siempre y nuestro afecto rendido y cordial. FBANCISCO S E R R A N O A N G U I T A MANUEL D E GONGORA S i e t e puñales Se e s t r e n a r á en el teatro de L a r a el próximo viernes, día 10. Siete hijos: siete puñales que clavan al hombre en el hogar. C o n estas palabras queda, expresado el tema dé mi nueva comedia para el teatro de Lara. Y ya no tengo que añadir sino que, con ella, rindo homenaje a l arte magnífico de Concha Cátala. Debo a Concha m i primer éxito teatral en Lara. E s t á vivo en m i íecuerdo aquella jornada memorable del estreno de La pájara, que abrió a mis aficiones dramáticas amplias perspectivas risueñas. Posteriormente, en todas mis salidas a aquel escenario, que constituye para mí corno tin seg- undo hogar, me acompañó siempre el aliento de la actriz insigne, gala v orgullo del teatro de España. L e debía, pues, esta comedia, en la que he puesto mis fervores más hondos, y a la que he consagrado lo m á s noble y limpio de mi espíritu. Está escrita con el corazón. T r a b a j é en ella con dolor y con gozo, como se trabaja siempre que nos olvidamos del oficio para no pen- 4 r
 // Cambio Nodo4-Sevilla