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n hombres y generaciones. L a del Rey, íe la inició e impulsó, se extinguió sin esilar la altura el soberbio monumento. P r o guiólo D Juan, y al morir éste, doña C a l i n a su viuda, puso en él su fervor y su ñero. A custa da minha fazenda dice aramente una cuenta suscrita por la R e i n a 1 pago de las obras que cerraban la capilla ayor. Aquella capilla, reflejo de todas las magificencias, había efe ser su sepulcro. ¡C e n aste! A l nacer, l a humildad de una pobre desmantelada estancia de un pueblecillo de astilla, que se arropaba en nieves en aquel 4. de enero, la tomaba en sus brazos y me, a su cuna en la inclemencia del cierzo istellano, al desamparo de modesta viviena, no en dorado alcázar cortesano n i en alacio de Rey. A l morir, el arte, la r i ueza, la magnificencia labraban su tumba, isn que con la cristiana resolue. ón de la jeina de ofrendar a D i o s toda la grandeza 3 la obra, que en honor a Dios se alzó e l lonumento, y reservar para sí la sencillez 2 un túmulo, sin otro motivo espectacular grandioso que unas líneas que recordaran 1 memoria. P a r a Dios, todo; para ella, nada. Las dos Reinas portuguesas, hijas de Casita, que sucesivamente asistieron a la proseridad y fortuna de Portugal en aquel tiemo de la construcción del monasterio, yacen uno y otro lado de l a capilla mayor de ¡elem, junto a sus esposos, tras de unas iscripciones que evocan sus virtudes, como is de sus maridos cantan sus glorias. D e h- iente a Occidente Manuel el Grande hizo onocer y servir a D i o s dice l a de don lanuel. H ábil en tiempo de paz y feliz H I M N O E N PIEDRA Q U E CANTA E T E R N A M E N T E (LISBOA. JERÓNIMOS. D E T A L L E) E N E l QUE APARECE LA REINA, SEGüN E L INCEL 1 JK GUSTAVO LÓPEZ, PINTOR D E CAMA 1 A A MEDIADOS DEL SIGLO X V I (LISBOA. M U SEO DE J A N E L A S V E R D E S) en tiempo de guerra. proclama la de don Juan, esposo de doña Catalina. i Y el epitafio de la niña de Tordesillas, Reina de Portugal? Y o quiero mostrároslo a la letra: Catalina, hija de Felipe 1, Rey de Castilla, esposa de Juan I I I Rey de Portugal, admirable por su grandeza, su piedad, su prudencia y por los grandes ejemplos que d i o a sus pueblos. Aquí está sepultada ¡Aquí está sepultada doña Catalina! V i d a fecunda que se abrió en España y se extinguió en Portugal. V i d a fecunda como madre y como Reina. Como madre, con los dolores de diez partos. Como Reina, con su acción a lo largo de un reinado que marca época. E l arte, y a lo hemos visto, se magnificó al tiempo de la Reina. Y la literatura brilló asimismo entonces con destellos de gloria. Engarzada a l a Rieina en el nacimiento de sus numerosos hijos. ¡Deliciosos los autos y comedias del poeta portugués G i l Vicente, para celebrar, algunos, tales natalicios! Andando el tiempo, el viejo panteón de Reyes se convirtió en panteón nacional, y mientras las cenizas de los monarcas portugueses se depositaban en San Vicente, las de los hombres célebre de Portugal que no ciñeron corona se trasladaban a Belem, y aquí están, próximos a los de nuestra infantina Reina. H a sido esto y a en nuestros tiempos. Con ocasión del centenario de Camoens. Des- de entonces, ahora hace cincuenta años, poco más, los restos del poeta y del navegante, de Camoens y de Gama, descansan aquí. V e d las estatuas yacentes de ambo Y reparad, aprovechando la ocasión, en este túmulo que en la misma capilla, al fondo, se levanta. E l viajero fcspañol evoca, ante él, i n teresantes y pintorescos recuerdos, en los que la leyenda y la historia se entrelazan y funden. ¿Sabéis quién yace en él? A q u e l don Sebastián, nieto de doña Catalina, uuestra infanta, supuestamente muerto en Alcazarquivir. Pero su cuerpo, ¿está o no aquí? ¿Murió o no murió en Alcazarquivir el mancebo Rey? Eterna pregunta que desvanece o justifica nuastro famoso episodio histórico del pastelero de Madrigal. ¿Creeréis acaso que ante esta tumba bailaréis la verdad del suceso? L a duda no se rasga ni aun en el sepulcro. Leed la inscripción funeraria: S i es verdad la fama, en este túmulo yace Sebastián, muerto en las playas africanas. M a s no digas que es falsa la opinión de los que creen que él vive aún... porque la gloria le asegura la inmortalidad ¡Pastelero de M a d r i g a l! ¿Rey D. Sebastián r Historia en Portugal. Leyenda en E s paña. FRANCISCO MENDIZABAL (Fotos Vasques.