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LOS EDIFICIOS D E L MEDICAL GENTES COMPONEN U N A VISION APOCALÍPTICA, CUYO CONJUNTO CIUDAD D E L DOLOR IRREAL COMPRENDE, SIN EMBARGO, U N A GRAN oye su nombre telefonea a la central del micrófono y desde ella se le comunica cuál es el departamento que le busca. La voz de la empleada que habla ante el micrófono para repetir los nombres de las personas buscadas es obsesionante. Desde que se entra en el Medical Center hasta que se sale del establecimiento, aquella voz, ¡pancosa, monótona, mecánica, que Tepite tres veces un nombre para repetir otras tres veces otro y otro otras tres veces, suena en los oídos como un martilleo, produce en los nervios una impresión irritante. A todas horas, siempre igual, aquella voz sin colorido repite sin descanso, sin tomar aliento: -Doctor Smith, doctor Smith, doctor Smith... Miss Brown, miss Brown, miss Brown... Doctor Chaffer, doctor Chaffer, doctor Chaffer... Piso B. El enfermo, con su tarjeta clínica y su ticket, se presenta ante el pupitre de recepción sobre el que el altoparlante está repitiendo constantemente nombres. Una empleada, con blusa de dril, toma nota. El paciente se sienta y espera. Pasan los minutos y los cuartos dé hora. Al fin, la empleada pronuncia el nombre del paciente, y, al devolverle su tarjeta clínica y su ticket, le indica que vaya hacia un recinto, donde mucha Rente espera, sentada, y varias nwses van y vienen sin cesar. El paciente mira a los demás sin saber qué hace r. Nadie le hace caso. Tímidamente pregunta a una nurse, que, al pasar, sin mirarle, le dice: -Quítese la chaqueta y el chaleco y póngase en fila. El paciente, en la cola avanza paso a división de madera con cristales. En aquel paso. Siguen deslizándose los minutos y los pasillo, junto a dos mesas contiguas, dos cuartos de hora. Llega su turno. Una bás- empleadas toman anotaciones, contestan al cula. La nurse, sin mirarle, agita un termó- teléfono y preparan los expedientes que les metro, que, maquinal y agresivamente, mete van llegando de los enfermos que esperan. en la boca del enfermo y dice con voz de Los expedientes, después de despachados, mando: se colocan en un clasificador de madera. Se- -Suba a la báscula. acercan a las mesas los doctores. Ellos, ron Mientras la nurse anota en el ticket el peso pantalones y chaquetas blancas. Ellas, con dei paciente, exclama, sin mirarle: blusas, blancas también. Toman del clasi- -Ciento... y tantas libras. ficador los expedientes y los miran con cuEl paciente vacila un instante. La nurse, riosidad; sostienen con las empleadas de contrariada porque se pierden tres segundos las mesas un diálogo, indudablemente muy de tiempo, ordena con voz agria: divertido, a juzgar por las carcajadas que- -Siéntese ahí y espere. produce. Todo aquello, muy lentamente, sin Los pacientes, sentados en bancos de ma- prisas, con tiempo. Pasan los minutos, los dera, se contemplan unos a otros. Se en- cuartos de hora y las medias horas. Al cuentran todos ridículos con los termóme- otro lado de la división de madera, en los tros metidos en las bocas, surgiendo, erectos, bancos, apretándose unos contra otros, los por las comisuras de los labios. Pasan los minutos y los cuartos de hora. Una nurse enfermos esperan. Por fin, muy lentamente, una doctora jose acerca al paciente y, sin mirarle, le toma el pulso, consultando su reloj de pulsera, y, ven, no mal parecida, delgada, pero con ojos después de anotar en el ticket las pulsaciones, inquietantes; con un expediente en la mano, extrae de la boca el termómetro, consulta la pronuncia en voz alta el nombre de un entemperatura, la anota en el ticket, que entre- fermo, que al oír su nombre se pone en pie ga al paciente, con su tarjeta clínica y, y se acerca a ella. La doctora, sin decir muy seria, mecánicamente, sin haberle mi- una palabra, se dirige hacia uno de los comrado una sola vez a la cara ni por curiosi- partimientos, formados por divisiones de dad, le ordena: madera y cristal esmerilado. El paciente la sigue, y la doctora cierra la puerta. En el- -Vaya a aquel otro banco y espere. Va el paciente, con humildad, donde le compartimiento hay una ventana que da a indican... Se sienta entre una negra hi- un patio, una mesa, dos sillas, un lavabo con agua corriere, una especie de cama drópica y maloliente y un viejo asmático, que tose y expectora. Las filas de bancos con colchoneta recubierta de hule, un aparato adosado a la pared para tomar la preestán junto a un pasillo, formado por una
 // Cambio Nodo4-Sevilla