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G a r c í a S ¿itichiar y e l c e n t e n a r i o Ie l a i c o El espectáculo tínico de las cuevas Recientemente ha sido Federico García Sanchiz huésped ilustré de Guadix, al cumplirse el primer centenario del natalicio del inmortal novelista guadixeño Pedro Antonio de Alarcón. E l charlista, charlista a secas, sin adjetivos, porque es único, fué. objeto de agasajos espirituales y materiales en la ciudad alarconiana; todos gratos, pero para el espíritu inquieto de García Sanchiz, más interesantes los primeros que los segundos. Guadix, rio de vida significa este nombre de abolengo árabe, hubiera querido ser, mejor, río de emociones para su huésped. Espléndido pasado el de esta ciudad episcopal y musulmana. L a antigua colonia Acci de los romanos acuñó moneda, gozó del derecho itálico que la eximía de pagar tributos a Roma, y se llamó Julia en honor de Julio César. Fué una. de las primeras ciudades del mundo convertida íntegramente al cristianismo, cuna de Santa Luparia y San Faudila. Su. silla episcopal, fundada por Sari Torcuato, data de los comienzos de la Era cristiana. Guadix fué también reino moro. Abohardil, llamado el Zagal, primo de Boabdil, y en guerra con éste, se refugió en Guadix y llegó a ser más fuerte que el postrer rey moro de Granada. Actualmente Guadix es una ciudad de treinta mil habitantes adormilada al sol de sus pretéritas grandezas. Mostró a García Sanchiz sus monumentos y lugares típicos con el deseo de que la visión agradable perdure en la imaginación del charlista, a quien 11 García Sanchiz, con tm grupo de distinQUidas señoritas, bajo la crus del paseo donde Alarcón, en su juventud, pasó muchos ratos de meditación. acompañaron un grupo de bellas muchachas y varios admiradores que así hicieron los honores de la ciudad a su huésped; éste admiró la catedral, pequeñita joya barroca, y la portada de la iglesia de Santiago, declarada no hace mucho monumento nacional; se emocionó bajo la cruz del paseo de la Catedral, espléndido mirador de la ciudad, donde: Alarcón en su juventud pasó muchos ratos de meditación. Finalmente gozó de un espectáculo único, que sólo Guadix podía ofrecerle: las cuevas, estas cuevas guadixei ña como el charlista, que ha rodado el mundo varias veces, no las ha visto nunca; que parece, según frase gráfica suya, que tienen mitra y descubren, a cada paso que se avanza por los innumerables vericuetos que las cruzan en todas direcciones, panoramas cambiantes y perspectivas mar a v i llosas estas cuevas de Guadix, donde se cobija, la tercera parte de la población y son en verano frescas y en invierno templadas, como compensación que la Naturaleza, siempre sabia y madre, ofrece a sus humildes moradores. FRANCISCO GARCÍA H Q R T A U Un simpático oswsajo al aire Ubre. (Fotos Valverde.