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DIARIO ILUSTRAVI G E- DO. AÑQ 10 C T S S 1 MONOVENO NUMERO F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A ABC PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS L a p a l a b r a es música turbador a Tóxico dominante que a d o r mece el espíritu y hace v i b r a r los instintos. Veneno lento de las conciencias. ANTONIO MARTÍ. DIARIO DO. ILUSTRAVI G E- AÑO S 1 MQNOVENO 10 C T S NUMERO ESTUPIDEZ C e r c a r o n el hotel, le prendieron fuego y tirotearon a los que intentaban escapar. EL PERRITO C o n l a muerte de X a u d a r 6 E n todo el mundo marchan las cosas mal... Exactamente; E l mundo no presenta precisamente un cuadro apacible. Y es ahora cuando tiene. oportunidad nuestro refrán viejo: en todas partes cuecen habas S i n embargo, todas las cosas tienen su estilo. Siendo tan simultáneos los fenómenos universales, cada pueblo les presta su carácter o matiz peculiar, sobre todo tratándose de pueblos originales. Y no hay duda que E s paña es un pueblo original, hasta en el modo de interpretar las crisis y los dramas. E n algunas naciones, por ejemplo, la terrible convulsión que aflige al mundo toma formas de una trágica grandeza; en cambio en E s paña el drama se nos ha hecho estúpido. H a y doce millones de desocupados en Norteamérica, y el dato nos deja muy satisfechos. Pero con nuestra docena de parados nosotros conseguimos más que nadie; nosotros damos la sensación de un país hundido en la miseria. Puesto que situamos a todos, los miserables bien a la vista, y hemos sacado a relucir por las calles toda la roña nacional, todos los lisiados y los ciegos, todos los gemebundos de la sucia tradición picaresca, las familias enteras volcadas en las esquinas. M a d r i d sigue siendo corte, pero una corte de los milagros. ¿De qué sirve restregarnos la cara con las estadísticas de otras naciones, si en realidad ofrecemos, por pura estupidez, el espectáculo más lamentable del mundo? E n todas partes, nos dicen, hay un aumento de criminalidad. Pero en ninguna parte el crimen es tan estúpido como en E s paña. L a ferocidad de Castilblanco no aterra por su fiereza vindicativa, sino por su estupidez. ¿Y ese deporte absurdo de seguir quemando iglesias, sin preocuparse de que en las iglesias haya obras de arte? ¿Y esas gentes de Reinosa que cercan e incendian el hotel donde se retinen los adversarios políticos, y encima los tirotean a mansalva? i Cómo ha de ser igual en todas partes? E n ninguna parte se concibe que unos estudiantes talludos penetren en su propio colegio y se pongan a destrozar todo el material científico y artístico que encuentran por delante. ¿U n a hermosa Ciudad Universitaria? ¿Modernos y magníficos pabellones? ¿Para qué? ¿Para que un día cualquiera se les ocurra a unos cuantos que hay que incendiarlo todo? Porque no vale consolarse con la mención de lo que pasa en Chicago. Y a ven ustedes en Chicago hay muchos más gansters que en M a d r i d y Barcelona. Pero detrás de Chicago hay muchas otras cosas más; hay, sobre todo, un país que reacciona con viveza ante el v i l atracador, que lo trinca y lo manda a la silla eléctrica. Aquí sólo existe la impunidad. L a indefensión de la sociedad ante el pistolero cotidiano. L a actitud perpleja de todos frente al libre y usual manejo áel revólver y la lata de gasolina i n cendiaria. U n a insensibilidad o resignación, en fin, que 110 merece! sino un verdadero nombre: estupidez. JOSÉ M SALAVERRIA E l colaborador de A B C, cuyas son las frases que gloso de su artículo E l veneno de l a palabra tiene razón que le sobra si atribuye a discursos subversivos y a malas predicaciones el sangriento e injusto motín que estalló en el pueblo de Hermigua, de la isla de l a Gomera. Pero ¿n o pudo escribir, mejor, el veneno de una o de unas palabras? Porque escritp así pudiera parecer que todas las palabras son malas, y si Hainlet, acosado por la duda, las desdeñaba con el triple desdén que ha servido de título a esta crónica, su autor, Shakespeare, decía de ellas que las sin sentido no suben al cielo por donde reconocía tácitamente el valor de las palabras buenas. N o es idolatría de escritor que defiende sus palabras, su medio de vida, las pocas monedas de cobre en que l a realidad y su impotencia le cambian el oro de sUs sueños, lo que me dicta este comentario; pero es que en los tiempos que corremos, tiempos de lucha y, por consiguiente, de mucho hablar, se va desconfiando cada día más de los oradores, porque hay tropeles de desengañados que piden el re. i non verba de la sentencia latina, y si bueno es desconfiar de discursos falaces y perversos, malo será que, por absoluta falta de fe, se consientan siempre en sermones perdidos las buenas admoniciones. E l mismo señor Martí, que así maldice de las palabras engañosas, ha de acogerse, para condenarlas, al uso de sus buenas palabras. Y tiene razón, y porque la tiene no quiero yo que nadie se la quite atribuyéndole U n a intención que no tuvo, cuando parece que aboga por el buen callar, que siempre se llamó Sandio y nunca Don Quijote. Porque no todas las palabras son veneno, sobre todo cuando quien las oye tiene en el entendimiento y en la conciencia el antídoto que le prestan la cultura y la bondad de su corazón. Y en cambio, en estos tiempos de lucha, y por consiguiente de m u cho hablar, el silencio pudiera ser pecado. E n guerra hemos de vivir, nunca más que ahora, y en guerra de palabras que son las ascuas de la inteligencia. Ahora, mismo, por los teatros de España, la Doctora de A v i l a que se ufanaba de 110 ser letrera, va diciendo por boca del poeta Eduardo Marquina y en los labios de la actriz que reencarna su figura estos versos de una plegaria al Señor: D i c e que palabras son a i r e y el a i r e las l l e v a pues a mí d a m e palabras, no conozco mejor s i e m b r a N o conozco mejor siembra -exclama lafundadora, porque sabe que la palabra destruye y crea, y es veneno y és bálsamo, según quien la dice y quien la escucha- Y así todo se reduce a un viejo pleito de cultura, que ya parece una perogrullada. Y es que hay que poner en condición a las gentes de entender las palabras. Porque á buen entendedor pocas palabras le bastan, y muchas, si son de ley. le deleitan y aclaran l a mente, y así no traga venenos ni comulga con ruedas de molino. FELIPE SASSONE Sobre la tumba de Joaquín Xaudaró caen a estas horas los más cordiales panegíricos encomiando sus méritos de artista, las sales de su ingenio y- l a bondad de su alma. M a s no vieron mis ojos la nota necrológica de- bida al ser humilde que ha expirado con él. Porque con el ilustre dibujante ha muerto su perrito y bien merece una elegía este pobre animal, tan unido al maestro en vida y muerte. N o fué un perro de raza, mas tampoco e r a u n chucho callejero, sino el engendro curiosísimo de un cruce inteligente entre un lápiz y una genialidad. Y en fuerza de no parecerse a ningún otro can y de verlo to dos los días, llegamos a tratarlo personalmente Porque el auimalito era ya un personaje, a quien no le faltaba más que hablar. T a l resultaba de expresivo su rostro fusiforme. S Í alguna vez nos hubiera salido al paso en plena calle, lejos de producirnos extrañeza, habríamos juzgado el hecho como cosa normal. Y o no estoy muy seguro de que no era él quien traía todas las tardes en la boca los dibujos de su amo para entregarlos en la secretaría de A B C. Su popularidad simpática, sólo comparable en M a d r i d con la del perro Paco -de lejana memoria- hallábase aureolada con m i llares de votos infantiles. E s a primera i n fancia de las piernas de trapo y de la media lengua, que se regocijaba diariamente al ver el gozquecillo en distinta postura y con un nuevo amo cada vez. Otra característica de aquel pobre animal era el no conocer su nombre. L e admirábamos mucho, le queríamos y no supimos nunca cómo se le llamaba. ¿Pichi? ¿Bobyf ¿Sultán... L a creación del afamado artífice fué de tal modo intensa, que hasta le hizo el regalo de su propio apellido: todos le conocíamos por el perro de Xaudaró. Así le era de fiel; que, desde el dia de su nacimiento, jamás trató de abandonarle. E l perro vino a ser una prolongación de la sombra del amo; una especie de contrapunto en su burlesca melodía; algo como el rocin de Don- Quijote o el pollino de Sancho. P o r esto pasará a la fauna histórica, donde se encuentran su congénere el de San Roque, la burra de Balaam, el cuervo de San Pablo, el caballo de Atilá, etc. De haber muerto el artista en otra época y en otras latitudes habríanle enterrado con los objetos de su predilección y en su sepulcro se verían el perro y el hombre de las barbas. Pero si no están juntos, a fe que no andarán muy lejos. Y el día en que nos muestre la pantalla del cine estas dos figurillas que acaban de morir y las veamos agitarse y escuchemos sus voces, acaso nos conmueva el placer doloroso de presenciar la aparición de dos antiguos conocidos que vienen de ultratumba, para volver a ella cuando termine el espectáculo. ¡Pobre perro de Xaudaró! Jocundo amigo, que, por ser más perfecto, n i sabias morder ni aprendiste a ladrar! ¡Duerme en paz, pobre amigo! E n plena juventud y en pleno goce de halagos populares has sabido morir como un fiel perro de poema. -i H a s muerto con tu amo! RAMÓN LOPEZ- MONTENEGRO