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más. Quizás el domingo fuese el mejor Casuco. Del Sevilla, Caro, Brand y el excelentísimo Fede. Eizaguirre, aparte. Deva, un caso de voluntad y bravura, pero de juego mediano. P o r lo menos, debiera aprender a enviar el balón en una única dirección. Y nada más que anotar el detestable arbitraje de Melcón. ¡Y eso con jueces de línea de su Colegio! A h o r a vendría bien para remate un canto a la primavera sevillana, pero no tenemos tiempo. Sólo hemos de recomendar a nuestros lectores forasteros que vengan a la Feria, que va a ser fantástica. ¡A h! Y no tengan miedo, que no hay partidos de fútbol durante esos días. E s un detalle. 1 Alineaciones. Sevilla: E i z a g u i r r e M o ran, D e v a Angelillo, Abad, Fede; Tejada, Caro, Campanal, Cortón y Brand. Oviedo: Zarraonaindía; Caliche, Sión; Mugarra, Sirio, Chus; Casuco, Gallartj Lángara, Galé e Inciarte. ANTONIO OLMEDO. M a d r i d 4; Racing, 1 Madrid 10. Cambio de decoración. -Es suficiente decir que estamos en torneo de Copa para comprender que ha cambiado la decoración. A h o r a bien: afirmar que el M a d r i d no tiene equipo copero nos parece un poco exagerado, porque el Madrid, que tiene un gran conjunto, lo único que necesita, como todos ¡os equipos, es adaptarse a las realidades y a las exigencias de cada momento. E n el reciente partido, el triángulo defensivo se ha mantenido tan invulnerable como en él es habitual, y aunque el trío central del ataque no ha rendido el juego que es normal, acuciados los muchachos por la codicia montañesa, que fué muchas veces dureza, y con frecuencia violencia, los extremos han suplido lo que faltaba de ímpetu, para dar en el segundo tiempo esa impresión característica de empuje, que es el secreto de los éxitos de la competición actual. De cómo la resolución ciega de los extremos ha contribuido al triunfo, da idea el resultado, puesto que los tantos nacieron casi siempre de empujones, de vigorosas arrancadas de uno y otro, en las que se llegó al choque, aí cuerpo a cuerpo. Pero es pueril quejarse de l a falta de técnica en un partido que los equipos juegan con la obsesión del tanteo, con la preocupación de cobrar una distancia que haga más fácil la revancha. Sabiendo que de dos encuentros depende la continuación en él torneo, no se puede exigir a los jugadores más que tantos. Todo lo demás está supeditado a ese afán, y así puede suceder que un tanto de churro, como el que abrió el marcador madridista, sea ovacionado largamente, y en los jugadores que los lograron sirva de estímulo para nuevos alardes impetuosos, que conducen a otros goals más convincentes, aunque nunca de aquella brillantez reposada de la Liga. E s la Copa el fútbol del apasionamiento. L a s jornadas de knock- out. E l empuje y l a oportunidad, resultando más apreciables que la clase y el asismo. Eugenio y Lazcano, más encaces que H i l a r i o y Regueiro, aunque para los connaiseurs haya siempre maravillosos destellos en estos muchachos, que valgan en sí solos por todo un partido. Impresión de conjunto. E l equipo montañés no omitió desde el comienzo ninguna dureza. E r a una táctica conio otra cualquiera, pero esta vez muy del campeonato, que hubiera, sin embargo, debido detenerse en los bordes de la violencia, para no exaltar al público, a- pronto vio tocados a Regueiro, Lazcano e Hilario. L a línea media del Racing, superior en conjunto a la local, anuló casi la vanguar- dia madridista, en la que sólo los extremos continuaron jugando con el máximo esfuerzo y el más fuerte empuje. Privados los medios centrales del contacto y el apoyo de sus interiores, su trabajo, más intenso, fué también poco lucido, y, no obstante, el once morado (porque el Racing vestía camisetas blancas) dominó en general, sin deducir de la presión más que tardíos y fáciles tiros. Con una excepción: un shot formidable de H i l a r i o desde muy lejos, que rechazó un poste, cuando la acción de Sola hubiera sido inútil. Los montañeses, muy rápidos y precisos, jugaron mucho, por el centro del ataque, y tuvieron en los extremos y en Loredo los más peligrosos elementos: pero todos fueron a estrellarse ante l a solidez defensiva, que no cedió nunca a lo largo de los noventa minutos. L a segunda parte, cuando la fatiga por el esfuerzo, y más todavía por el sol a g o b i a d rindió un poco a todos, fué del Madrid, por l a superioridad de sus elementos, muy decididos cerca del marco. Apenas entró el primer goal, tras un terrible empujón de Eugenio, se apretó el cerco, y la codicia, sumada al acierto, aumentó considerablemente la ventaja, a pesar de las reiteradas violencias. H i z o una gran jugada Osear, que remató con un tiro imparable, para otro cualquiera que no fuera Zamora, el que, a pesar de hallarse tapado, saltó con esa intuición prodigiosa suya, para Mocar una pelota rudísima, que sirvió de pretexto para la ovación más estrepitosa de la tarde. Nunca se abatió el Racing, que luchó hasta el último segundo; pero los últimos minutos fueron cada vez más favorables a los centrales, a los que l a conclusión sorprendió tras una gran jugada de Regueiro, en pleno asedio. El marcador. -Todo el primer tiempo, a gran velocidad, ex raros peligros para las metas. E n los madridistas, el disparo de H i lario a que antes nos hemos referido, lo mej o r de los montañeses, Loredo el más trabajador. Mucha dureza y algunas violencias, de las que fueron víctimas Luis Regueiro, L a z cano e Hilario. Cansancio, agotamiento; el sol, riguroso, extenuando a los jugadores, que tuvieron que recurrir a la esponja para refrescar varias veces. Pesimismo durante el descanso, reflejado en todas las conversaciones. ¿Qué iba a pasar con los interiores tocados y el marcador a cero? Avance de los santanderinos en salida del segundo tiempo, al que responde el Madrid con un empuje impetuoso, en el que Eugenio y Lazcano llevaron la iniciativa. Este, después de haber permutado su puesto con H i lario, y a los diez minutos, en una arrancada ciega, Eugenio se acercó a la meta y su disparo fuerte chocó con el pie de Baragaño, desviándose hacia el marco. Primer goal del Madrid. Dominio de los centrales. Luego, a expensas de un empuje desprovisto de ornamentos, con varios cormrs peligrosísimos ante ei marco de Sola, viene una buena arranca- da, Osear lanzó un golpe franco, bien rechazado por Zamora, que, recogido por el mismo Osear, dio lugar a la mejor parada de la tarde. Los delanteros madridistas empujan con vehemencia, y en una combinación OlivaresEugenio, en zig- zag rapidísimo, profundo, aquél remata el segundo goal imparablemente. Casi en seguida, en un comer lanzado por Eugenio, Lazcano, muy oportuno, remata con u n shot cruzado, a dos metros, el tercer goal. E n una arrancada recinguista, la defensa local cede un comer, que tira Cisco raso y, corto. A l lado del ¡poste Loredo no tiene más que empujar el balón para marcar el tanto, del que apenas si se entera el público, sorprendido cuando el arbitro ordena sacar del centro. Iban treinta y cinco minutos. Entonces el M a d r i d- vuelve decidido a l ataque y sus esfuerzos son los mejores y los más peligrosos, hasta que cinco minutos más tarde, en un nuevo comer lanzado por E u genio, Lazcano repite la jugada anterior, rematando con valentía y oportunidad. Son cuatro a uno. Todavía se prolonga el asedio madridista y L u i s Regueiro hace sus mejores jugadas; pero el partido concluye con ese resultado, bastante halagüeño para los dueños de Chamartín. Resumen. -El saldo de tres goals debe ser suficiente para salvar la eliminatoria, a condición de que el M a d r i d no se confíe durante la próxima excursión al Sardinero. N o fué un gran partido, porque difícilmente los veremos durante la Copa. T r i u n fó el mejor, pese a las irregularidades del equipo y a las equivocaciones del arbitro, cuyos errores, por fortuna, no influyeron en el marcador. Nada más y nada menos. L a Copa es así: en el campo, emoción y apasionamiento. Fuera, parauedad en el comentario, porque lo comcntable es todo lo que queda escrito. JUAN Equipos. M a d r i d Zamora; Ciriaco y Quincoces; P. Regueiro, Valle y Gurruchaga; Eugenio, L Regueiro, Olivares, H i lario y Lazcano. R a c i n g Sola; Ceballos y Baragaño; Ibarra, Osear y L a r r i n o a Santi, Loredo, Télete, Larrinaga y Cisco. N o t a s d e u n escéptico DEPORTISTA. Vamos a tener que creer por fin en que, hay fútbol de Liga y fútbol de Copa. Si somos optimistas y nos empeñamos en llamar fútbol a lo último. Demasiado sol. Pero los ases no saben... No son tan ases como se dice. Regueiro, por ejemplo, no exigió que le llevaran el marcador contrario a la sombra a punta de capote. Decididamente, con calor, con mucho calor, no se puede jugar sino en verano. El público no toleró que el arbitro se refugiara en la tira de sombra que proyectaba la tribuna sobre el rectángulo y le obligó a que evolucionara por el sol... porque para eso cobra Definitivamente se trata de una profesión peligrosa. En la Copa los gestos de los jugadores son otros gestos que en la Liga. En la Copa, cuando a un jugador le quitan el balón, el jugador despojado se asía- V é a n s e a l final d e l ínero, e n las p á g i n a s a n u n c i o s Bos mú de ps 5 p areias ¡gf LEA USTED BLANCO Y NEGRO