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EVOCANDO UN RECUERDO llo y modesto, sin esa intransigencia ni ese fanatismo de que no puede acompañarse la c u l t u r a- la verdadera c u l t u r a! Bonilla no abandonaba nunca l a cortesía n i l a templanza enfrente de l a ceguedad 0 l a testarudez con que se defendiera un. criterio distinto del suyo. N o entraba en el campo de l a política. L o miraba tí midamente desde el borde, como si mirase una charca desde l a orilla. A l tercer día de viaje se discurrió largamente con respecto al arte de hacer versos. L a f o r m a clásica tenía más partidarios que l a modernista, de la cual se presentaron algunas muestras, que p r o dujeron estrepitosa hilaridad en l a tertulia. Cuando se habló de las dificultades del soneto aventuré l a afirmación de que entre cien composiciones de ese carácter no había una que fuese nerfecta o que se ajustase a los preceptos de Benot. E n esto Bonilla, como si quisiera indicar que no son difíciles los sonetos, dijo que haría uno en menos de media hora, sujetándose a los consonantes que le diesen, o, l o que es lo mismo, sin libertad para elegir l a última palabra de cada verso. E n v i r t u d de su manifestación, se convino en que y o le diera los consonantes, y, transcurrido el tiempo que necesité para escribirlos y leerlos a l a reunión, se los entregué a Bonilla, que se retiró inmediatamente a su camarote, donde le esperaba l a musa de la epopeya. Antes de que pasara l a media h o r a volvió el h o m bre a l a tertulia, diciendo que ningún mérito tenía su trabajo, porque los consonantes estaban ordenados como p a r a darle hecho el soneto. ¡E x c e s i v o decoro en la estimación de sí m i s m o! H a s t a en eso, en desestimar su propia obra, mostró su llaneza y su m o destia. Todos nos maravillamos de l a rapidez y belleza de su labor, de l a que ofrezco una reproducción a los lectores de A B C especialmente a los que se hayan honrado, como yo, con l a amistad de D A d o l f o Bonilla. MANUEL ALVAREZ 4 ic DON ADOLFO BONILLA. (FOTO PIÓ) I 10 I) -ce: s ¿4+ N el vapor Buenos Aires, que tantas Veces fué mensajero de España en las Antillas, cuando la vieja bandera de la Patria se izaba todavía en las fortalezas de Cuba y Puerto Rico, hice u n viaje de Cádiz a Nueva Y o r k con D A d o l f o Bonilla, el cual, llamado por la U n i v e r s i d a d de San Francisco de California, se dirigía a aquella ciudad para dar unas conferencias sobre literatura española. C o n tiempo bonancible, del que nos h a bíamos prometido una travesía feliz, zarpamos de Cádiz el 30 de mayo de 1915. Veterano del Atlántico, el Buenos Aires, sin dar un cabeceo, sin sufrir un bandazo, cruzó gallardamente el Océano, cuya perenne placidez, desde la bahía gaditana hasta el puerto neoyorquino, fué propicia a los pasatiempos con que se combate o se atenúa la m o notonía de la navegación. Procer de la ciencia y las letras, con cátedra en la Universidad Central y asiento en cuatro Academias, D A d o f o Bonilla hablaba preferentemente de Historia y L i t e r a t u ra en la tertulia que formábamos a bordo. Solía recitar entonces algunos trabajos del inmortal polígrafo Menéndez Pelayo, su maestro, a cuya memoria rendía devociones que alguna vez se asomaban a sus ojos como para u n g i r con una lágrima el recuerdo de sü excelso profesor. Todos oíamos atentamente al esclarecido compañero de viaje, quién, además de entusiasmarnos con el prodigio de su inteligencia nos regocijaba con el primor de su i n genio, sobre todo cuando se valía de su repertorio anecdótico para referir agudezas o genialidades de quienes habían alcanzado más o menos celebridad en las actividades de la vida nacional. Amable y tolerante, senci- E ka ti hémete- S 4 A Ó 6 J
 // Cambio Nodo4-Sevilla