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Informaciones y reportajes. CE R C A D E L Si son los locos felices, según la ciencia, ¿vale la pena de estar cuerdo? quiere Una granja experimental... Allí se hace el vino, se cuece el pan, se cultivan las legumbres... Y observando los departamentos clasificados de Neurología, rayos X Odontología, Histología, laboratorio clínico, Oftalmología, Otorrinolaringología, l a boratorios de análisis e investigaciones... ¡el q u i r ó f a n o Viendo la disciplina de suavidad, de persuasión, en que los enfermos desarrollaban su existencia; al ver todo el conjunto y recordando lo que yo había visto hace veinte años en aquel mismo sitio, creí que una varita mágica, al conjuro de las palabras cabalísticas Hokus, pokus había hecho surgir como en un encanto todo aquello Y como yo expresase mi sorpresa y admiración, el hermano P í o me dijo: -Todo esto se ha hecho a través de los años, pacientemente, con un esfuerzo insospechado; sobre todo, si se piensa en que no contamos apenas con una ayuda oficial; ni ahora ni antes, Y ahora podríamos seguir desarrollando en mayor escala el desenvolvimiento general del sanatorio; pero... ¡n o sabemos si nos quedaremos a q u í ¡L o que será de nosotros... Vimos las instalaciones donde los enfermos- vivían: verdaderos cuartos de hotel, con sus baños excelentes, sus comedores alegres, sus galerías confortables, su biblioteca llena de volúmenes, siempre ocupada, en las horas de reglamento, por enfermos que leen, consultan, estudian y copian l i bros y periódicos. Y o pregunté: ¿L e s gusta a los enfermos leer? -E n general, mucho- -me respondió el doctor Pinto. ¿Q u é libros prefieren? -Historia y viajes. Apoyado: los codos sobre la mesa, con la vista fija en un periódico, estático, un hombre de tipo extranjero, inmóvil, parecía no darse cuenta de la vida exterior que le rodeaba. V I DA -Así permanece horas y horas- -me explicó el doctor Pinto- E s un holandés, un melancólico. E n grandes patios, los enfermos paseaban o reposaban. Unos, con la vista perdida en el espacio, sin moverse, parecían esMadrid. U n tren. U n sol espléndido. tatuas de carne otros, arrodillados en el Ciempozuelos. E l sanatorio psiquiátrico de suelo, escribiendo en las losas números y Sari J o s é es decir, el Manicomio. Mientras palabras incoherentes; algunos recorrían esperamos en el recibidor, amplio y fresco, con paso acelerado siempre el mismo secel fotógrafo Duque me dice: tor, hablando solos, sin pausas, con Rapi- ¿Q u e r r á usted creer que estoy, impre dez, abstraídos, como si estuvieran aislados, sionado? Y o no he visitado nunca ningún otros reían continuamente, con la expreManicomio, y, por lo que. uno ha leído y sión de idiotas que la epilepsia les p l a s m ó visto en el cine, sobre locos, tengo una gran U n hombre de edad, tranquilo, culto, hasta curiosidad de verlos y al mismo tiempo un erudito, habló con nosotros razonablemente cierto temor... ¡L a s camisas de fuerza... durante unos minutos; luego nos dijo, en ¡L a s celdas almohadilladas... ¡E l frenesí señándonoslos, que llevaba en los oídos conde lus furiosos... tinuamente unos aisladores, en forma de espiral, rodeados de algodón, para que no Hablamos el doctor D José G Pinto y le echasen en los oídos coíodium y, sobre dos hermanos de la Orden de San Juan de todo, para no oír las frases, poco gratas para D i o s el hermano superior, un hombre inteliél, que flotaban en la atmósfera E l doctor gente, hábil, observador, culto, y el hermano Pinto me dijo en voz baja: P í o encargado de la mecánica general que regula todo el establecimiento; un hombre de- -Sufre alucinaciones auditivas. corazón, bueno, enérgico, de visión rápida U n farmacéutico, de barba blanca cuidade las cosas, gran conocedor de hombres, seda y aspecto distinguido, nos contó: reno, fuerte, acogedor, simpático. Discuti- -Y o hago l a cura del silencio Debo mos los cuatro sobre psicoanálisis; hablamos hablar al día cien palabras, y si alguna vez sobre las teorías de Freud, conviniendo en hablo más, al día siguiente ahorro el supeque en l a práctica- -y ellos bien lo podían rávit que me resultó. Y ahorrando a diario asegurar- -pueden ser auxiliares del procepalabras llegar é a no hablar, ¡que es m i dimiento de investigación psíquica; pero nundeseo! ca finalidad definitiva para curar mentales ni E l doctor Pinto me c o n t ó terapéutica recomendable como sistema re -Hubo aquí un médico que estuvo cagular. Y visitamos el establecimiento. llado durante veinte años, y al cabo de ese Recorriendo el Manicomio de Ciempozuetiempo rompió a hablar y tradujo obras de los, con sus pabellones ordenados, sus camFilosofía del alemán sin Diccionario. pos de laboreo, donde los enfermos ejerciU n hombre alto, esbelto, de mirada intetan la terapéutica del trabajo que les ligente, correctísimo, muy instruido, que ha ocupa las horas del día. distrayéndoles su escrito varios libros en prosa y verso, y espíritu confuso y fatigándoles su cuerpo que habló con. nosotros de muchas cosas para provocarles así, naturalmente, el sueño sin dar la menor sensación de anormalidad, y e reposo que tanto necesitan; sus instacuando el fotógrafo Duque me miraba con laciones de avicultura perfectas. palomares, inquietud ante la c e r t i d u m b r e de aquél conejeras, incubadoras... ¡todo lo que reser que estaba en un Manicomio razonando tan precisamente; en el mismo tono, y con una gran naturalidad, exclamó: -S í todo eso está bien; pero lo que ustedes c o m p r e n d e r á n que no es justo es que los décimos de lotería premiados que yo poseo no se me paguen... Y después de aquel c h i s p a z o de l o c u r a c o n t i n u ó hablando normalmente. U n hombre de edad indeterminada, adiposo, fofo, c o n expresión: i n f a n t i l barbilampiño y con muchos años, a pesar de su aspectp, se quitó la boina cuando el médico le llamó, h a c i é n d o l a girar continuamente entre sus manos y con la vista baja, con un temor de niño de pocos a ñ o s rubori zándose cada vez que debía c o n t e s t a r a una pregunta, s o n r i e n d o pudorosamente y c o n voz emocionada, sostu 0 con nosotros el siguiente y rápido diálogo En la biblioteca del Manicomio los enfermos pasan varías horas sumergidos en la lectura que a veces- ¿Cuántas pesetas sus cerebros- apagados no pueden comprender. 1 s
 // Cambio Nodo4-Sevilla