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catolicismo, m á s conciliar que catecúmeno, se alegra también ante el monumento de la primavera sin necesidad de paganías renamanas, que aquí, cerca áeí gótico y ía fior, tajo la lluvia fina, cantaría San Juan el poeta su bien medido y dulce castellano limpio; que aquí es preciso m á s eme nunca darle gracias a Dios por el oído que nos dio para ver, les ojos que nos dio para oír, el tacto que nos dio para gustar, y así por saber que en esta orquesta los órganos de los sentidos suenan dos veces en doble aptitud y actitud de primavera. ¡A y qué bien cuando abril anda en los ojos! II. -Y VERDAD Cuando el mes doble el cabo de su mitad de días los alrededores de Berlín, y en Berlín el L u n a P a r k y los demás lugares dormidos en invierno, abren sus puertas a l a temporada oficial. Y entonces Berlín, provincial y burocrático, entra en una vida de fiebre por vengarse alegremente del trabajo entonces aplica con un sentido de economía poética el esfuerzo al descanso, el salario al gasto, las horas entre paredes a las horas volcadas en una desnuda libertad. Esta es una enorme ciudad donde la experiencia política ve demostrada una vez m á s la moderna inexistencia del pleito marxista de la lucha de clases: la burguesía se ha roto en su frente histórico y ha producido una nueva clase que da un coeficiente estadístico mayoritario, y que está en un clima intermedio entre el proletariado y la verdadera burguesía histórica, mermada en sus límites como un país vencido y castigado después de la guerra, en la rapiña de los Tratados de paz. E s a nueva clase, que no es obrera ni burguesa, domina Berlín, este Berlín donde e! socialismo tenía que fracasar, entre otras razones, porque l a nación entera estaba ya socializada en realidad, en cuanto que el Estado es el accionista m á s importante de cualquier E m presa. L a nueva clase entre proletaria y burocrática, la enorme clase de los empleados, da acento a la capital del Reich. Berlín es un pueblo de empleados. Empleados en las oficinas de ios ministerios, en la de la Policía, en los Bancos, Sociedades industriales, grandes y pequeños almacenes, oficinas particulares, etc. Pero empleados y empleadas. V a siendo difícil encontrar en los medios corrientes de una ciudad- -paseos, cafés, teatros, salas de baile, Casinos... -alguna persona que no sea escueta y concretamente eso: un empleado. ¡Pero qué empleados, y, sobre todo, qué empleadas. Dios m í o E l ojo celtibero se equivoca veinte veces al. día. E n un teatro y en la butaca próxima llamaba mi atención una gran dama; así, lo que se llama una gran dama. N o faltaba un detalle a su elegancia- -que, hora es ya de decirlo, nada tiene que envidiar a P a r í s- que realzaba una belleza blanca, rubia, unos ademanes d i s t i n guíelos y unas manos admirables. Cuantas veces pude comprobar quién era esa gran dama, repetida con distinta fisonomía a diario, me encontré con la misma sorpresa: una mecanógrafa, una cajera, una secretaria particular, o bien esas profesiones verdaderamente e x t r a ñ a s que a uno le explican, y que consisten, por ejemplo, en aconsejar a las señoras indecisas en unos grandes almacenes, desde el punto de vista de las compradoras, procurando armonizar sus deseos con las mercancías que las empleadas corrientes las van mostrando. Y en el cabaret, y en la playa artificial, y en el café, ocurre siempre igual. L a que uno cree í tma tanguista es una archivera de la Biblioteca Militar, y la que uno imaginó una señorita extravagante y millonaria que llevaba al café cuatro perros diminutos y rarísimos es una muchacha más seria en sus cosas que V o n Papen, encargada dei fichero de una agencia de turismo. Bien; pues esta nueva clase, que M a r x no había previsto, y que hoy se ha decidido por H i t l e r esta clase trabajadora, que no es, sin embargo, proletaria, y que tampoco es burguesa, es la que mejor vive la primavera de Berlín, aquella que tiene las m á s bonitas muchachas en flor, a cuya sombra se ve que abril está en sus ojos. Los días de duro y disciplinado trabajo necesitan un estímulo, y el estímulo está en las lloras en libertad y en esos sábados y esos domingos- -en los que, naturalmente, no se ve vina gorra, ni un papel en el suelo, ni una botella rota en el campo- que llevan a los trenes aéreos y subterráneos, al autobús, al tranvía y al Metro una explosión de alegría sana y tina demostración dé que el dinero, ganado hora tras hora de trabajo, merece ganarse y se redime gastándolo; Y corre a gastarlo, llenando de pura alegría el Berlín colosal e ingenuo, el Berlín mágico de la Primavera; III. -DEDICATORIA A b r i l ¿M e dejas dedicar la postal de l a primavera? Y o pondría simplemente: Eres pequeña y llena de luz. Te despiertas ligera de sueño, coges tu ropita de la silla que al lado de tu cama parece puesta para que dialogue con tu noche el mundo de los ojos cerrados. Te miras ai espejo y te da risa tu naricilla, y. esa luz que sale de tu cara. Te corre el agua por el cuerpo elástico y joven. Coges el Metro de las nueve de l a mañana. U n a máquina de escribir o una caja registradora te dan la seguridad de que tu conciencia es. libre y de que tus ojos, con pedacitos de sonrisa, pueden elegir lo que más guste a tu cora- zón, que vive y ama tras del jersey que te ciñe como el viento a las torres. ¡Después el mundo es tuyo! El mundo del cinema y el de los divanes del café, el de los jardines con estatuas ciegas y el de los lagos maravillosos. ¡E l mundo es tuyo! A ti hay que dedicarte la postal del mes en que al tilo le nace la flor. Exponente de una clase sufrida y elegante de alma, pequeñita de Dios, salero de la tierra, consonante de amor en verso de a l e g r í a abril está en tus ojos... 1 CESAR GONZALEZ- RUANO Berlín, abril de 1 9 3 3 DOS EXPOSICIONES. -En el palacio de Aranjues- -piso principal- -se ha inaugurado, con asistencia del ministro de Estado, mía Exposición de tapices. Con. ttce. de 36 tapces del siglo XVI, que Felipe II traja de Flandes, tejidos en oro y valorados en 40 millones de pesetas. (Foto Días Casariego. También ha sido inaugurada, por el ministro de Instrucción pública, la Exposición sirtes Decorativas que se ha instalado en el salón de Exposiciones del ministerio Instrucción. (Foto Zegrí. de de
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