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LAS H U R D E S Y S U RIQUEZA APÍCOLA Cuando acepté el honroso encardo conferido por el Instituto Nacional de Previsión, de acuerdo con el Patronato de las Hurdes, de visitar el territorio en viaje de estudio, acerca de la posibilidad de establecer los cotos apícolas escolares, confieso me escamé ante las cosas que había oído Y leído de aquella región, y me preparé para el viaje, como si fuese a una exploración peligrosa. E l paludismo, el estado de atraso de aquellas regiones, el peligro de los caminos, la incomodidad de alojamientos, las dificultades para alimentarse, la de comunicaciones y q u é sé yo cuántas cosas más. Todo esto me animaba a saciar m i curiosidad, ya que cuantos tales cosas me, contaban desconocían las Hurdes, y me parecían muchas Hurdes las que se traslucían a través de tan indocumentadas referencias. Y un buen dia de mayo, en compañía tan grata como don A n t o n i o Lleó, ingeniero de Montes, urofesor de la Escuela y secretario de la Comisión de Cotos sociales del instituto, v el del P a tronato, D Antonio Sánchez Santillana, salimos carretera adelante, no sin antes cargar el coche con cantidad respetable de medicamentos, en los que predominaba la quinina, y a las diez de la noche bajábamos el imponente Puerto de las Batuecas, ciliados por el auto del Patronato, en el que nos había esperado en L a Alberca el ¡ruccaicrc del Pedro Sánchez Mancebo elige- las colmenas que no quiere cobrar, por ser cosa de la escuela para el coto de Mcstas y para el comisionado del instituto Nacional de Previsión. Un colmenarcito cuidadosamente atendido y con protección de corcho. de plancha.