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y en el que el general resultó gravemente herido, indultando después de la ultima pena a sus agresores. A estos problemas de orden interno se le unió últimamente el exterior con Colombia, conflicto al que Sánchez Cerro iba empujado y que aún está planteado en la actualidad. E l nuevo atentado del demingo, cometido por un aprista segó definitivamente l a vida de este bravo militar, a quien si le faltaron seguramente dotes de gobernante puede disculparle una indudable buena i n tención patriótica, y el que la complejidad del. momento que el P e r ú como casi todo el mundo, vive, sólo a hombres excepcionales les sería indudable salvar y encarrilar. L a muerte violenta de Sánchez Cerro agrava la situación sólo, quizá amortiguada, por, la suerte que el P e r ú ha tenido en esta ocasión de poder disponer de figura tan prestigiosa como el general Benavides, hombre experimentado y de reconocidas dotes m i l i tares y de gobierno, que ojalá, y lo deseamos de todo corazón, logre solventar los problemas pendientes y retornar a la nación pe- ruana la tranquilidad y la paz que en todos los aspectos quiere y anhela. El qeneral Sánchez Cerro con el alcalde- de Lima. Sr. García Bedoya, en el patío sevillano del Palacio Presidencial. (Retrato muy reciente, llegado por vía aereo,