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sonríe ante la vida que comienza; es el niño mimado por las hadas, al que no se le niegan los caprichos m á s atrevidos; los inmensos palacios de las T u llerías y de Versaües son su morada, los parques centellarlos de Fontainebleau y Saintloud, con sus estanques por donde cruza la g r a c i a candida de los cisnes, son su recreo. Sus primeros dolores nacieron al ver afligido el rostro muy amado dé E u g e n i a cuando, vienen noticias del Oeste, donde luchan los soldados de F r a n c i a con los de Prusia. Y un. día liega un telegrama del Emperador El Ej ército está deshecho y cautivo; no habiendo podido hacerme matar en medio de mis soldados, he debido constituirme prisionero para salvar al Ejército. A E u g e n i a se le llena en aquel sembrío instante todo el pensamiento, todo e! corazón con la imaLA EL Uniutiáimitm II i CORTE I M P E R I A L EN- F O N T A I N E B L E A U E N ESQU 1 EE, NAPOLEÓN III CON E L PRINCIPE L E F E B U R E RETRATO D E L P R I N C I P E I M P E R I A L NAPOLEÓN gen del hijo ya desgraciado, y su nombre se le asoma a los labios, entre balbuceos de angustias: -No... Esto es una infamia... No es cierto. Ets un telegrama aprócrifo- -les clice a Conti y á Filón- E l Emperador no ha capitulado... Un Napoleón no se rinde... H a muerto. ¿No me oís... Os digo que ha muerto, y vosotros me lo queréis ocultar. Pero cuando se convence de que su heroica esperanza está sólo en su frente, se la toma entre las manos crispadas cómo para estrujar los pensamientos que la tor. turan: -i Por qué no se ha hecho matar? ¿No ha pensado en que se deshonraba... -Que nombre te va a dejar a su hijo! Eugenia y el príncipe parten por caminos diversos hacia el destierro, para encontrarse en la ciudad inglesa de Hastings. Aquí, en un pobre albergue, en el MarinaHotel, esperan impacientes, hora por hora, día por día, las noticias del Emperador caí- do v prisionero. Ocupan una habitación modesta que tiene ventanas sobre el mar. Un día, viene a visitarlos ta esposa de Metternich, que le trae el libro de horas de María Antonieta, olvidado por Eugenia en su habitación de las Tullenas... La embajadora de Austria llora al contemplar el pobre medio en que vive Eugenia, pero ésta sonríe tristemente y le muestra la reliquia de María Antonieta: -Ella fué más desgraciada que yo. A mí aun me queda mi esposo y mi hijo. Cuando vuelve. Napoleón, se instala en Chíslehurst, y a su alrededor, los Basano, los Ctary; los Davillier, el doctor Corvisat y otros fieles amigos forman una pequeña corte. Y a Luis Eugenio es un adolescente y su madre quiere que siga la carrera de las armas en el Ejercito inglés: Será artillero- -le dice mi día a Napoleón- así continuará la tradición de la familia. Saltan en tanto sobre, las conversaciones de la tertulia imperial palabras de esperanza, de restauración napoleónica en Francia, ayuda:
 // Cambio Nodo4-Sevilla