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CÓMICOS ESPAÑOLES P A R A P E L Í C U L A S ESPAÑOLAS Tenemos carta de Catalina Barcena. N o es que la genial actriz nos envíe una epístola particular, ni siquiera un saludo, en una postal. ¿P a r a qué? Es que nos viene de H o l lywood otra película, la segunda, pero una pelicula escrita, demasiado escrita, tan escrita, que más parece una carta para que no nos olvidemos de Catalina, aunque Catalina se olvide un poco de nosotros. S i n ostentar representación alguna, yo no represento a nadie, se me antoja contestar esta carta, y he aquí que me sale una prosa con disnea, de frases entrecortadas, porque al decir lo que quiero decir, quiero decirlo sin molestar a la admirable actriz ni a su admirable director, Gregorio Martínez Sierra. Y sin que puedan dudar ni de mi admiración, que es la misma de siempre, ni de mi afecto, que con la ausencia aumenta en un sentido directamente proporcional al cuadrado de la distancia. Catalina Barcena ha sido interprete predilecta y afortunada de las menos desafortunadas de mis comedías; no lo ha sido de muchas más, porque ella no quiso; no porque yo no la soñara. Gregorio M a r t í n e z Sierra ha sido, con J o s é j u a n Cadenas, el otro director de teatro español que europeizó de veras y do un sentido de moderi nidad y de elegancia a nuestra escena. E l no puede olvidar, mas por si acaso a mí me i m porta repetírselo ahora, que durante sus brillantes intentos de arte en E s p a ñ a yo le aplaudí todo lo que mereció, que era mucho, y le ayudó todo lo que quiso, que fué poco. No hablo de ayuda moral, ni de protección yo no puedo proteger a nadie y siempre he debido ser protegido, aunque nadie me protegiera nunca. Hablo de servir, materialmente, modestamente, en la sombra, como un traspunte o como un utilero, y a Gregorio va este recuerdo que le garantiza la. solidez de mi aprecio. Pero esque Gregorio, que puede ser un excelentísimo director cinematográfico, se ha contentado en esta ocasión con ser sólo supervisor, y un supervisor que hizo la vista gorda, y a eso no tenía derecho. P o r hacer la vista gorda ha dejado que la película Primavera en otoño no sea en realidad un film, sino teatro fotografiado y reducido. Porque de la anécdota central, del episodio de su buena comedia, donde se enfría en blanco, disuelta en gracia la pasión, un conflicto caliente, rojo y dramático, de la misma índole que el de! drama L autre danger, de Maurice Donnay y de la novela de Guy de Mauppassant, Fort comme la morí, sólo queda en l a pelicula, con poca máquina viajera, el encanto teatral del diálogo, que dosificó y cuidó con ingenioso buen gusto el dialpgman López Rubio, y el valor indiscutible y seductor de Catalina Barcena, actriz dé teatro. Puestos a exigir, a exigir, no a afinar, que a Catalina no la atina nadie, porque ella es la esencia de la finura, acaso pudiéramos quejarnos de que la actriz nos haga gracia sabiendo que nos la hace, consciente de lo gracioso de la situación, que ella debiera llenar ignorándola, o. mejor dicho, fingiendo ignorarla, con ese aire cómico, a pesar suyo, que suelen tener los cómicos italianos, de quienes cabe pensar a veces que han monopolizado la naturalidad expresiva y el saber hacer mucho sin parecer que hacen nada. Pero no es eso lo que i m porta ahora: la gracia y el prestigio personal de esta artista única tienen tanta fuerza, que puede perdonársele hasta que no los olvide. Catalina es Catalina, y boca abajo todo el mundo. L o malo es que, siendo ella una gran actriz española, y Gregorio Martínez Sierra un gran director español, y el asunto déla película urdido por una menL española, y es diaiogman un escritor español, y el todo se anuncie hablado enteramente en español, la película resulte muy poco española y pre- cisamente muy poco andaluza, con transcurrir, como transcurre, en Andalucía una gran parte de la acción. No ha muchos días, en estas mismas columnas, me atreví a afirmar que todo escritor hispanoamericano era escritor español en cuanto tuviera sintaxis española. Pero la cuestión varía cuando se trata de intérpretes de teatro, pues para hacer comedias y películas españolas hay que tener prosodia española, y ya no importa nacer, ni saber, sino pronunciar. Pase que. siendo la protagonista una captante de ópera, tenga una doncella italiana, como la señora Mimí Agu glia, buena actriz en el gesto y muy graciosa en su chapurreado español de película, mucho más admisible, desde luego, que cuando hacía completamente en serio los dramas castellanos. Pase también algún episódico extranjero; pero ya es demasiada añagaza el hacer del amoroso un encargado de N e gocios del Brasil para justificarle en serio su dicción española cursi, ridicula e insoportable. E n cuanto al Sr. Moreno, que es un buen actor, no tiene de español m á s que el apellido, y n i el hacer ni el hablar saben nunca a E s p a ñ a E l Sr. Moreno se encarga de un papel de cortijero andaluz, y asi sale vestido de corto con unos zahones que deben de estar construidos en Filadelfia, y una corbata larga de lazo, capaz de arrancar las piedras del suelo andaluz. Los interiores madrileños de esta película no saben nunca a casa de M a d r i d los fandanguillos que se cantan, a guisa de serenata, dan ganas de dar un viva a L a Coruña, y hay en el cortijo una cabalgata sin garrochisfas y sin toros, una verdadera garden party, tan europeo- cosmopolita, que se despega del ambiente, y una selva que m á s parece de teatro meterliniano, y una lluvia torrencial, y hasta una casa de guarda con teléfono, como una oficina de negocios estadounidense. C l a ro está que la cabalgata puede ser real, y realísimos también en Andalucía el bosque y el aguacero; pero no es eso precisamente lo que tiene carácter andaluz. E n E s p a ñ a es en el país del mundo donde m á s se dice, porque se puede, vamos a tomar el sol, y conviene no olvidar que el sol es, en cierto modo, el protagonista obligado de nuestros dramas. Y a se ve que ha habido un afán de evadirse de la pandereta; pero como la pandereta existe, y tiene carácter, y es lo pintoresco, el afán exagerado de huirla, nocivo como i cdos los prejuicios, puede llevar, según en este caso, al externo opuesto de construir una película española sin España. Todo porque Gregorio Martínez Sierra, que es un gran artista y tiene mucho talento, se ha conformado en esta pelicula con ser el su- pervisor. Y un supervisor que hace la vista gorda. Se me dirá que allá, en Hollywood, no había otros artistas de que echar mano y que el director era yanqui, y a mí no se me ocur r i r á responder que, sabiéndose gastar el dinero, podían haberse llevado a los Estados Unidos otros artistas españoles dignos de rodear a esa inmensa artista española que se llama Catalina Barcena. Y no lo diré porque pienso todo lo contrario: que se traiga a Catalina y a Gregorio a E s p a ñ a a hacer películas en español, dirigidas por un español en España, donde el ambiente, sobreponiéndose a un explicable descuido, hubiera arrancado la corbatita insoportable del Sr. M o reno y prestado estilo flamenco a los cantaores. Porque aquí, con Catalina de intérprete protagonista y Gregorio de director, bajo el sol de España, no se produce esa película cosmopolita, que es como si hubieran aplastado y amasado la Torre de Babel para untarla en la pantalla. U n a película con manteca de Babilonia. E l cine está naciendo entre nosotros; tenemos ya aquí un gran actor de película que es también un gran actor de teatro: Rafael Rivelles; Antoñito V i c o acaba de dar en el teatro Victoria, interpretando el protagonista de la comedia Á apoleovcito, una lección brillante de cerno se compone y cuida un tipo con perfección i n tachable y absoluta, y aquí debemos traer, arrancándoselos a los Estados Unidos, a nuestra Catalina y a nuestro Gregorio, eminentísimos artistas, a que hagan películas españolas en E s p a ñ a donde no pueda olvidárseles E s p a ñ a que es lo que no se les debe olvidar nunca a los españoles. r FELIPE SASSONE C 1 NEGRAMAS Bela Lugosi, el actor que ha asombrado a Hollywood y al resto del mundo con sus espeluznantes caracterizaciones- -recordemos su Drácida (versión original) y Zombic- sorprendió recientemente a la Meca del cinema casándose de improviso con L i l l i a u A r c h linda señorita, de veintiún años. L u gosi acaba de cumplir los cincuenta, y éste es su tercer matrimonio. He aquí una muchacha valiente. N i el horror que el famoso actor inspira a todos los públicos ni la diferencia de edades, han sido obstáculos para la enamorada L i d i a n de A u x i l i a r e s en el M de M a r i n a E d a d 18 a 35 a ñ o s N o se exige t í t u l o I n s t a n c i a s h a s t a el 31 m a y o E x á m e n e s en agosto. P a r a e l p r o g r a m a C O N T E S T A C I O N E S (12 p t a s p r e s e n t a c i ó n de i n s t a n c i a s y p r e p a r a c i ó n d i r í j a n s e a l I N S T I T U T O K E U S P r e c i a d o 23, y Puerta del Sol, 13. T e n e m o s R e s i d e n c i a LO Q U E D E B E C O N O C E R S E S O R H E U. A 60 PLAZAS C O N 3.500 P T A S En los estudios de Joinville González Olmedilla, que se encuentra en Joinville para hacer la versión española de dos películas, ha sido agasajado con una cena, a la que asistieron los redactores corresponsales en P a r í s de la Prensa madrileña, y la notable bailaora La Josclito, que, en obsequio a los invitados, bailó y caiV. ó lo más castizo de su repertorio. A V A R IO S I S ÜN N U E V O T R A T A M I E N T O B a j o este t í t u l o el D r P P e t i t j e a n de l a F a c u l t a d de M e d i c i n a de P a r í s h a p u b l i c a d o u n o p ú s c u l o en el que h a c e u n estudio c o m p l e t o de l a A V A R I O S I S de sus c o n s e c u e n c i a s y de s u t r a t a m i e n t o m o d e r n o p o r m e d i o de los c o m p r i m i d o s S I G M A R G Y L que, a b s o r b i d o s p o r v í a b u c a l p e r m i t e n e v i t a r las i n y e c c i o n e s y t o d a s sus m o l e s t i a s L o s c o m p r i m i d o s S 1 G M A R G T L e s t á n desp r o v i s t o s de t o d o i n c o n v e n i e n t e l i a r a el est ó m a g o y permiten un tratamiento práctico, eficaz y e c o n ó m i c o (17 pesetas f r a s c o) de l a A V A R I O S I S en todos sus p e r í o d o s S o l i c i t e l a o b r a d e s c r i p t i v a de este i n v e n to m o d e r n o c o n t r a l a A V A R I O S I S a l d e p o s i t a r i o R G J a uros, C l a r i s 1 H, B a r c e l o n a q u i e n la, r e m i t e g r a t i s en sobre c e r r a d o s i n m e n c i ó n exterior. E l S I G M A R G Y T i Fe vende en todas las f a r m a c i a s y e l d e p o s i t a r i o lo r e m i t e p o r c o rreo, c o n t r a r e e m b o l s o f r a n c o p o r t e El señor Catástrofe L a escena en, un estudio de H o l l y w o o d ¡Q u e llamen a C a t á s t r o f e ¡Q u e venga C a t á s t r o f e Y Catástrofe se presentó. Cualquiera creería que se presentó como un ciclón. Pues no, señor; más bien parecía una calma chicha entre la excitación de los que lo necesitaban. U n a combinación de tramoya rehusaba funcionar, y Davidson era el único que podía poner los elementos en acción. Los elementos en acción resulta una frase apropiada, porque Davidson es nada menos que el técnico que se encarga de producir terremotos, ciclones, tormén, as, inundaciones, avalanchas y de construir loda clase de aparatos y, combinaciones mecanicas. i JÉ L
 // Cambio Nodo4-Sevilla