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A B C. MARTES 16 D E MAYO J J E 1933. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 35 INFORMACIONES E n Sevilla: Plaza taurina. E n Y NOTICIAS norma 11. TAURINAS partida. E n Tetuán: N i ñ o del M a d r i d L a monotonía como B a r r i o y Félix A l m a g r o cortan orejas. E n V i s t a A l e g r e Fuentes Bejarano, Elíseo C a p i l l a y Y a r e l i t o T o r o s en Barcelona y Zaragoza. E n otras plazas. N o v i l l a d a s EN SEVILLA P l a z a partida N i en el régimen anular n i en el de hemiciclos aconteció durante la económica novillada del domingo cosa de interés. E r a de esperar. Las rifas, baraturas de precios, particiones de plaza y demás atractivos, son simplemente una compensación de la exigüidad e los elementos de arte. Anteayer, (a reunión de tales alicientes llevó al circo de tal baratillo un público suficiente para llenarlo y para que la desanimación del aburrido espectáculo contase con el máximo de testigos. y de escarmentados para lo futuro. A plaza plenaria, el Capiller y L a Rosa alternaron en la lidia de los cuatro primeros novilletes de D José Anastasio Martín. E l que comenzó la corrida, colorado, fino y ancho de astas, prendió por la ingle, a la salida de un par, a, Blanquito, suspendiéndole en alio. Llevado a la enfermería el veterano diestro, v- iósé que la lesión, por fortuna, no tenía la gravedad que so había temido. Peco después, cambiado el tercio para matar, el bicho, en persecución de un rehilete- ro, brinco al llegar al burladero situado a la derecha del toril, y allí, cayendo de arriba abajo, quedó encajado como en un cepo del que la amplitud de la cuna le impedía salir. Luchó la res y luchó el personal para resolver él trance, y de la pugna reapareció el animal con tortícolis aguda y moviendo la cabeza como un remolino. E l Capiller o trasteó con precauciones, y al dejar un pinchazo se hirió en la mano derecha y retiróse. Salió de nuevo cuando moría el segundo biche jo. Le gustó al público la prontitud con que L a Rosa, previos dos o tres semipases, se deshizo del difícil enemigo metiéndole el estque caído y atravesado, y tan rumboso todo el mundo, como económica era la fiesta, hizo que se le concediera la oreja y que diera la vuelta al ruedo entre aplausos. P o r lo demás, ni toreando ni matando a los bichos de su turno, demostró el joven L a Rosa servir para el arte de torear. E l Capiller, por. su parte, Janceó bien de capa en diversas ocasiones, sin que el resto ele su trabajo demostrase el menor adelanto dentro de la profesión en que tan retrasado se encuentra. Después del entretenido trabajo carpinteril dividiendo el redondel- -que fué lo más interesante de l a función- el Niño del E m palme y Campito, en el lado derecho, y Laureano y Tallerito en el otro, despacharon cuatro utreros de la misma vacada. E l mentado Niño y Laureano cortaron orejas, fruto de la benevolencia imperante, después de breves faenas. Los otros dos toreros no consiguieron lucirse. E l ganado, insignificante en todo. Roales, Mesita, Rojito y Riverito, se distinguieron en la brega y al parear. -V. EN MADRID tradicción y sacar deducciones de lógica consecuencia. Es ya axioma taurino que cada toro tiene su lidia. N o quiere esto decir que haya de haber tantos procedimientos como toros, sino que a cada toro hay que acoplarle aquello que sea necesario. ¡Pero no a todos lo mismo! Esto nos traer a la monotonía insoportable y acusaría al torero de pobreza de recursos. Unos toros, por sus características marcadas durante la lidia, por los accidentes de la misma, porque se han ido sin picar, por causas inevitables, o que no se supuieron evitar, Kegan a la muleta en condiciones nada lucidas y de peligro inminente, y tienen indicada una faena de dominio, y una vez dominados se deben matar en seguida. Otros, que llegan broncos, ásperos, sueltos, que hay que fijarlos con la muleta y ahormarlos, para, una vez conseguido esto, estirarse y comenzar una segunda faena, continuación de la preparatoria. Otras veces, muchas, los toros se han dejado en la pelea teda su violencia, y el buen muletero no tiene violencias que vencer ni resabios que castigar y corregir, sino torear con toda la gallardía y la gracia del arte de la muleta. E s tos tres estados de toro en la muleta son frecuentísimos, se dan casi todas las tardes, y no hay por qué empequeñecer el arte, haciendo siempre lo mismo. Bien está la pelea con el toro que haya que pelearse. Magnifico. Interesantísimo. A mí me encanta la inteligencia, venciendo al instinto. P e r o pelearse con el que no quiere pelea me parece torcer el cauce del toreo. M e explicaré. E n el toro bueno, en el toro suave, en el toro que al dar un muletazo con la mano derecha por el lado izquierdo se humilla, cada muletazo de éstos es un pase natural que se pierde. E s una ventaja. P o r eso se torea ya tan poco al natural. Porque se pasan los toros por el lado izquierdo con pases de trinchera, dados con la derecha. (A esos pases le llamaron siempre de trincera, porque el torero encontraba en ellos amparo y defensa. E l castigo al toro ha de ser proporcional a su poder y I E i e x a m e n Se química I por Aurelia Ramos. EL HERMANO DE CELIA: D O N D I E G O por Elena Fortún. AVENTURAS D E PIRULO KUKI Y KOKO L O Q U E NOS T R A E N LOS DÍAS: ROSAS EL MONJE Y LOS PUENTES F I G U R A S T R A N S F O RMABLES Véanse estos entretenidos originales en el suplemento infantil G E N T E M E N U D A que acompaña al próximo número de I I I I I j 1 a sus condiciones. Castigar a un toro con la muleta, cuando no lo necesita, es como s i después de cinco puyazos, cuando chorrea la ¡sangre hasta la pata, nos empeñáramos eni seguirle picando. S i hay que castigar se torea con pases de castigo, pero si no hay que castigar se torea de otra manera; que el toreo está lleno de recursos. Consecuencia. ¿Por qué rechazó con desagrado el público cosas que al parecer le había aplaudido otras veces a Ortega? Pues porque Ortega ha caído en la monotonía de! hacer siempre la misma faena; de conside- rar a todos los toros lo mismo; de empezar: siempre como si tuviera delante a Barrabás; de preparar una faena, que no hace, porque! cuando está el toro dominado y el público es- l pera verle, entonces comienza a erguirse y torear de otro modo, entonces toca el pitón y da la estocada. Y o no encuentro otra causa, ni hallo otra consecuencia de por qué seí ha cansado el público de aplaudir una cosa. Los toros no fueron para grandes faenas, pero fueron muy bravos en los caballos, y despues vinieron un poquito a menos, quedan- do- algp sosos, faltos de arrancada, pero! aguantándoles y porfiándoles se les pedíaii haber sacado un, partido que no se les sacó; se les pudo torear bien. H e dicho que no ¡fueron toros de grandes faenas y tengo que hacer alguna excepción, en particular con el! primero. E l primero fué un gran toro. A l e gre a los caballas, recargaba metiendo los ríñones hasta romperse, y llegó a la muleta superior. Marcial le tanteó por los dos l a dos, y por los dos lados estaba bueno. L e marcó el pase natural, aunque apoyando el! estoque en la muleta, y el toro la tomó muy bien. Pero Marcial no siguió la tanda de pases naturales, y el toro la pedía siempre! que se los hubieran dado con temple y llevánJ dolé toreado. Aquí sí quedó malograda una! gran faena. P o r lo visto, el plan de Marcial no es de izquierda, sino absolutamente de conservador. Buen toro dio usted, D. Gra- í ciano, pero no le puedo decir cómo hubiera! salido j a corrida si les dan su lidia, porque los lidiaron muy mal. i H a y corridas en las que los toreros están, mal y es una de tantas corridas malas. Y hay. corridas, como ésta, que causan daño. Ocho toros arrastrados entre el aburrimiento de la gente. Ocho toros, y no recordar que se h i ciera nada de torero, si no es lo que hizo el Boni, ese admirable peón que para buscarle antecedente hay que ir a Cantimplas. Pepito Bienvenida, con una desgana y una falta de personalidad, impropia de su edad, no sé si aún impresionado por el percance de su hermano. Pero poco decidido. E l Estudiante que avanza poco a poco o nada, que unas veces torea bien con el capote y otras, por llevar el lance hecho, no lleva al toro toreado, con grave riesgo para su persona. Este día el mejor quite lo hizo él. Bien es verdad que los demás andan mal con la capa. L e dieron un aviso. Basta verle perfilado con el brazo arqueado, para saber que así no puede matar. L a monotonía como norma taurina no puede ser. Hacer en todos los toros lo mismo es pobreza de recursos, y el toreo es algo más amplio, más variado, más rico de matices, más largo, más general. H a y más pases que uno, y más manos que una. E l toreo no se puede representar por un mu. tilado. -G. C. EN TETUAN 1 1 1 1! N i ñ o del B a r r i o y Félix A l m a gro cortan orejas Madrid. L a cátedra auxiliar taurina- que así podemos dedominar a esta plaza, de donde han salido valores que, como D o mingo Ortega, Maravilla, E l Estudiante, L a Serna y Fernando Domínguez, dan prestigio y nueva emoción a la fiesta- -ha vuelto por sus fueros al organizar sugestivos car. tdes -fltie avivan ¡el interés de los aficiona L a monotonía como norma taurina M a d r i d 15. ¿Por qué rechazó con gesto de desagrado el público cosas que al parecer había ¡aplaudido otras veces a Ortega? Veamos sf pifemos razonar esta supuesta con- ¡flanco y legro