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W a l l Street, madre del dólar, y que tan sabiamente sabe administrar la riqueza de esta gran nación americana! Este es, m á s o menos, el tono de la P r e n sa en cualquier dirección que se mire- -de derechas o de izquierdas, local o nacional, de capitalismo o. de la Federación A m e t i c 3- na del Trabajo, gubernamental o de opc- sición; es decir, republicana, porque l a í oposición no existe en n i n g ú n factor de la vida de este pueblo. i L a Prensa. E l Evangelio del average man- -el hombre medio- E l l a es la que se ha encargado de preparar este final apoteó- s; co, transformando el pánico en fe. E l credo de Straus ha producido el efecto que era de esperar, y hoy la masa se repite con fervor místico: Creo en mi Gobierno. Creo en mis Bancos ¿Y los banqueros? Q u é piensan en este Tabor de W a l l Street? L o que nos vienen diciendo hace quince días. Que el dinero no es necesario si se tiene fe en ellos. Que el sistema bancario de Norteamérica es para el depositante algo así como la natación para los nadadores poco expertos; si les entra miedo, se hunden, irremisiblemente. Así, el sistema capitalista sólo puede salvar a un pueblo siempre que éste tenga absoluta confianza en que, en todo momento, el banquero está dispuesto a echarle el cmturón salvavidas del crédito. Y yo d i ría que la recíproca es a ú n m á s cierta. Esto es; que el sistema capitalista no puede sal i r a flote si no viene el pueblo en su apoyo, lanzándole, periódicamente, el chaleco salvavidas de su fe. La vista del proceso contra los hermanos Miralles. ¿Q u é dice la Iglesia? Y a ha habido pastor que, desde su parroquia, ha lanzado el resuello al micrófono para decir a sus parroquianos -más que feligreses- -que esta luminosa era que comienza hoy en los E s tados Unidos es una prueba m á s de que cuando Dios quiere favorecer a un pueblo le envía sus bendiciones bajo l a forma del sistema capitalista. i Y el pueblo? T a m b i é n atacado de histeria. H a invadido la ciudad y todo rebosa gente y optimismo. L o s almacenes han duplicado la dependencia; los teatros, vendido las localidades de dos semanas; los restaurantes públicos de bebidas clandestinas abiertos todo el día cuando normalmente sólo lo están toda la noche Agencias de Turismo, ferrocarriles, transportes dé mercancías por carretera, todo l i a superado las cifras anteriores a l 4 de marzo. Pero- ¿quemas, que hasta la L o n j a de Chicago ha sentido los efectos de este ataque de optimismo? P o r primera vez desde 1929 se han cotizado con alza los cereales y el algodón. E l trigo aumenta un dólar los 35 kilos, y el algodón gana hasta 3,60 dólares por bala. Y o me explico el júbilo de esta gente al verse otra vez en posesión, de la varita de virtudes del crédito. M e explico el que ahora se desquite de los pasados días de zozobra divirtiéndose, comprando y haciendo viajes de recreo para quitarse las penas- -to take zvorries azvay- L o que no alcanzo a comprender es la relación que pueda haber entre esta ola de optimismo y el algodón. Puedo explicarme la subida del trigo, por 1 c que le corresponda de harina- -que no es mucha- -al pan que comemos a q u í a mejores tiempos, m á s consumo de artículos de primera necesidad. Pero un producto, cuya principal aplicación es la fabricación de tejidos y de pólvora, ¿cómo puede estar condicionado a las risas histéricas de un pueblo radicalmente optimista? A l día siguiente bajó la Bolsa, bajó el dólar, bajaron los cereales y el algodón. Todo, en el mercado, recobró su ritmo normal, que es lento, casi diría angustioso. Pero el optimismo es el primer deber de ciudadanía, y todo proid u cto norteamericano- -hombres, dólar, mercancías- -ríe el unísono ante el retorno jde 2 a añorada prosperidad. M. D E M A Y O Nueva Y o r k mayo, 1933. IZARRA Ayer comenzó en la Audiencia la vista de la cama por los sucesos ocurridos el 10 de mayo de 1031 en la calle de Serrano. Figuran como procesados los tres hermanos Miralles, D. Carlos, D. Manuel y D. Luis; los Sres. Rato, Chacel y Jlíafe Znlmla y otros dos ciitda 4 anos que se dicen comunistas. Cuatro de los abogados que intervienen en la vista: los Sres. Goicoechea (i) ¡defensor de los hermanos Miralles; Colom Cardany (2) Las Casas (3) y Del Moral (4) Para presenciar la- vista acudió al Palacio de Justicia un público numeroso. En los primeros momentos se formó esa cola, disuelta después al quedar llena la, sala. (Fotos Duque.