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pueblo se ha callado pacífica ante lqs muros de ese antiguo Colegio, ninguna revolución o motín intentó profanarle, la primera República supo hacerle respetar, y el más insigne revolucionario del pasado siglo, Mendizábal, exceptuó de su célebre exclaustración a la c i tada Orden escolapia. Y hoy, por Un odio inexplicable va a perecer ese respeto y esa fuerte veneración de que siempre lian sido objeto las populares escuelas de la calle de Embajadores? Los doscientos años del Colegio de San Fernando protestan y se rebelan. A l z a n el grito de libertad por primera vez al verse humillados f í s i c a y moralmente, al contemplar que el celo de sus profesores en favor de la cultura, que su piedad en pro de l a religión y que su patriotismo en s e g u i miento de inculcar a sus alumnos u n ideal puramente español, no ha sido premiado como debía. Actual alumno de San Fernando, puedo asegurar que en su i n- Clase de Contercio y Mecanografía. tenor no se ña injuriado ni comentado jamás a la República, que solamente la enseñanza ha tenido campo abierto para su expansión, y que ios profesores han acatado en todo momento al régimen constituido. Y ahora, después de escribir estas breves líneas, y después de haber tenido el honor de colaborar en el gran diario A B C cesa mi pluma su corto trabajo y de mis labios sólo saben salir estas palabras. Señor presidente de la segunda República española: su excelen: cia, que de profunda conciencia cristiana j ocupa el máximo car go de la nación, ¿p o! drá permitir que las j Escuelas Pías de San i Fernando, respetadas i y queridas en la pri mera República, des! aparezcan en estay constituida legalmente bajo el sagrado lema I de libertad? 1 i yjosÉ B A R O QüESADA. Biblioteca de los Escolapios de Mesón dé Paredes. (Foto Duque. í Madrid, junio, 1933,
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