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E S T A M P A S D E UN VIAJE A ORIENTE VOZ DE ESPAÑA A las cuatro de la madrugada, el paso de los Dardanelos; a las tres de la tarde, entrada en el Bosforo. ¿H a b r á que ponderar el efecto de inquietud que esta orden del día, escrita en el cuadro de marchas del Providence, produjo en el pasaje? Curiosidad física de andar y v e r emoción de fe, dé arte y de historia. A l concepto espiritual p materialista de la vida, en cada uno de los pasajeros, respondía la interpretación, si bien era visible y. manifiesta l a i m presión que en la retina y en el alma dejaban aquellos nombres evocadores de luchas y duelos entre dos civilizaciones de tipo contradictorio: la occidental y la oriental; recordatorio vivo de aquellos b á r b a r o s combates que ensangrentaron las aguas azules del Mediterráneo en los días trágicos de l a guerra europea. Se ven en manos de los franceses libros de Pierre Loti, de L u i s Bertrand, autores clásicos de temas orientalistas. Asia a un lado; al otro, Europa, y allá, en el fondo, Estambul, dice uno de nuestros peregrinos, recordando l a Caución del pirata, de E s proncéda. Pero no hay tiempo para lecturas ni recitados. E l anhelo irrefrenable de los ojos reclama exigente su dominio. Cons- tantinopla a la vista. L a ciudad del bizaníinisíno i d e o l ó g i c o -arquitectural y religioso, que. j u n t a mente con Roma, Je- rusalén y Compostela, constituye la Vía Sacra, por la que siempre anduvo el mundo en busca de paz, de amor y de progreso, ofrécese de improviso a nuestras miradas. Los millares de minaretes como bosque de altos pinos erectos sobre la selva blanca de cúpulas. E l mar se cierra en el cerco de las viejas murallas, de los fortines y las negras casas de madera que trepan por las verdes colinas de Scutan, de los mu- Vista general del Cuerno de Oro, ros de esclavitud del antiguo serrallo negro como las concupiscencias que encerraren. ¿E s m á s bello esle paso del Bosforo, que el Providence atraviesa, lento y majestuoso, que el cíe Río ianciro? Los árabes que regresan ele la Meca y los católicos que venimos de jerusalén no contestamos a esta pregunta, que se oye de babor a estribor. L a atención de moros y cristianos está fija en otra parte. Moros y cristianos c o n t e m plan la mole azulada de Santa Sofía, poniendo el pensamienGriiipo de niñas árato en las dos religiobes y cristianas en nes el cristianismo, el colegio de las re i: con justiniaiio ligiosas de habla erigió el maravilloso española en Jerutemplo; el mahomesalén. tismo, que con la c i mitarra de los Sultanes lo convirtió en mezquita. Siempre en pugna la Cruz y la Medía Luna, el duelo secular no se ha interrumpido en el presente, pero adopta formas y modalidades diferentes. U n elemento nuevo ha venido a intervenir con otros métodos beligerantes. Kemal Pacha, con su partido de los jóvenes turcos, sitúa en ei mismo plano a Cristo y a Mahoma. Suprime las características de trajes y costumbres, abre todas las puertas a la mujer, proclama el laicismo del Estado; tiende, en suma, a europeizar por dentro y por fuera la vida turca, obteniendo, por el momento, un resultado desorientador y confuso. H a y dos orientes que corresponden perfectamente a las dos ciudades separadas por el inmenso arco del puente: Stambul, donde todavía defiende sus posiciones el tradicionalismo m u s u l m á n de espíritu y de cuer- Tipos callejeros de Damasco: el limosnero, el limpiabotas.
 // Cambio Nodo4-Sevilla