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DIVULGACIONES EL os radioyentes de todo el mundo se ven obligados a resistir las duras acorné- tidas de un enemigo invisible, que, a menudo, los impacienta, y más de una vez llega a desesperarlos con sus impertinentes intervenciones. Parece como si u n diablillo se entretuviera en batir a destajo un tambor desapacible cuando el oyente está más absorto en el goce de sus audiciones artísticas o más embebido con las galanuras de un discurso. Pero no es un tambor es un triquitraque insufrible, que se ignota en dónde se produce y de qué provene. P o r su enojoso entremetimiento en el disfrute de tan pacífica distracción, estas descargas se han llamado ruidos parásitos o, simplemente, parásitos y suelen atribuirse a pasajeras alteraciones de equilibrio en la atmósfera, las cuáles tienen sus raíces en muy variados fenómenos de la electricidad. Pero y a se sabe que el diablillo enredador no se contenta con repiquetear en su tambor desapacible, produciendo algo así como el chisporroteo de la sal en la lumbre o el estallido de los granos de maíz cuando, en el tostador, se abren en sabrosas florecillas. P o r lo visto no! e basta originar ese trastorno: ocasiona otra perturbación contraria, que es el silencio, cuando se escuchan programas de emisiones extranjeras. E l oyente no oye nada: transcurren unos, minutos en la mayor quietud, y, de pronto, vuelve a oírse claramente el discurso, l a representación o la música, como si el diablillo hubiera cortado y repuesto las ondas: debe de regocijarse en esos inquietos menesteres de l a perturbación. L o s escuchas l l a man fáding, con palabra inglesa (decaimiento, muerte) a esa repentina mudez de su aparato, y no saben a qué achacarla, o culpan de ella a la capa ázíleaviside. estrato superior atmosférico (a unos cien kilómetros L DIABLILLO ENREDADOR FOTOGRAFÍA D E L SOL, CON LAS M A N C H A S V I S T A S E N S E P T I E M B R E D E IO.17 RIO D E J U V I S Y (PUBLICADO POR B R U H A T EN E L OBSERVATO- EL SOL, FOTOCRAFIADO A L A L U Z ROJA D E L HIDROGENO, CUYOS F I L A M E N T O S LUMIxNOSOS SE V E N J U N T A M E N T E CON L A S M A N C H A S de distancia sobre l a superficie terrestre) que, al parecer, funciona a manera de reflector cóncavo de las ondulaciones y las envía de nuevo a l a Tierra, a distintos l u gares, según la inclinación de las ondas i n cidentes. Pues bien: el profesor ¡berlinés Schindelhauer, después de unos meses de perseverantes observaciones, ha descubierto que las descargas eléctricas de la atmósfera están absolutamente limpias de culpa en la producción de parásitos: el ilustre físico cree que el chisoorroteo que tanto nos molesta es un efecto inevitable de la radiación solar. E l centro de nuestro sistema es una fuente de actividad tumultuosa en la dinámica del Cosmos. E n algunas regiones de su disco deslumbrador aparecen torbellinos verticales que, por la más apagada intensidad de su brillo, hemos darlo en denominar manchas, las famosas manchas que tan decisivo influjo tienen en varios fenómenos de biología terrestre y de estabilidad atmosférica. Cuando esas partes o regiones de la superficie heliográfica, en su movimiento rotatorio, dan cara a la T i e r r a l a emisión sol a r de electrones se intensifica, y lo que nos permite oír la radio, según el profesor Schindelhauer, es e! choque, en nuestro globo, de la metralla electrónica -cuya curva de intensidad tiene sus oscilaciones, sus a l zas y bajas, con régimen fijo de veintisiete días. Este ritmo es casi matemático: cuando las manchas solares coinciden con la dirección normal: sol- tierra, la intensidad del bombardeo llega a su máximum, y los t r i quitraques del diablillo revoltoso aparecen en mayor grado perturbadores: nos hallar
 // Cambio Nodo4-Sevilla