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i j j j i j I 1! Con el raso compite el terciopelo flexible y ligero, maravillosamente tejido, que refleja dos tonos distintos fundidos en uno. Henos aquí ante una evolución sorprendente, heclia con tal lentitud que ha sido imperceptible, nadie se ha dado cuenta, y si hoy se advierte es al comparar el traje de novia de hoy con el de tiempos precedentes. No vengo aquí a cumplir la misión de hablar a ustedes de cosas pasadas, y sí a decirles que la nueva orientación se afirma de día en día. No aconsejo que se renuncie para siempre al clásico traje nupcial, porque es ¿Trato ver poner de cuando en cuando una novia vestida de acuerdo con la tradición; sin embargo, vivimos en una época curiosa, interesante, rara quizá, y sin encariñarse con sus tendencias, ninguna de ustedes debe ignorarlas. Insistiré en advertirles que no se trata de fantasía de gusto lamentable; es una evolución que no debe confundirse con una revolución. Con absoluta veracidad referiré a ustedes lo que preparan las modistas para novias de importancia. U n traje de rasó celeste pálido, con reflejos blancos; el cuerpo ajustado con escote cuadrado, recuerda las elegancias de la Edad Media, y el talle fino, dibujado por el corte princesa, carece de adornos. L a falda ensancha paulatinamente hasta tener mucho vuelo por abajo; la cola que sale de la misma falda no es demasiado larga; el velo exacto de color al vestido, no cae sobre el rostro; por el contrario, se recoge detrás; la frente, descubierta, no ostenta diadema; el azahar, en forma de peineta, se coloca sobre el moño de rizos. L a s mangas, con pliegues, se ciñen al antebrazo, a la muñeca y al principio de la mano. Ninguna flor adorna el vestido; pero la novia lleva una rama de jazmines entre tules azulados. Veamos ahora un conjunto rosa: vestido de moiré; el cuerpo se abrocha detrás, graciosa pleguería ciñe el talle sin necesidad de cinturón, la falda, recta; lá cola, rígida y larguísima, termina con un paño cortado en línea recta. E n la cabeza un górrito de camelias rosas, colocado al bies; una nube de tul rosa sale del sombferito y cae hasta el borde de la cola; entre las manos una rama de camelias de igual color. Más suntuosa es esta otra toilette, de tissti de plata con coronas Imperio, mezclando a la plata oro. L a línea pura y sencilla parece querer que se le perdone tanto lujo a la tela. E l velo, de malla de plata, cae sobre la cabeza v desciende hasta el suelo como los velos de las religiosas, y a manera de toca, el tul de plata realza el óvalo perfecto del rostro de la novia. Por último, he aquí el terciopelo: blanco tornasolado en mate y brillante; el cuerpo, bluseado, con cinturón suizo; la falda, fruncida por arriba, despliega enorme vuelo por abajo. Él terciopelo fino como muselina se presta a forma tan original; poca cola y muy largo en redondo. Una banda de terciopelo rodea la cabeza y se inclina hasta los ojos, dejando descubierto el lado izquierdo de la cabeza; una nube de tul cae por todas partes, salpicado de innumerables recortes que simulan pétalos de flores. Si todas estas descripciones no satisfacen a ustedes, futuras desposadas, conserven sin embargo la idea general que está en marcha, y a la cual no pueden ustedes desdeñar en absoluto. TERESA CLEMENCEAU M O D E L O A G Ü E S DRECOLL. CREPE- SATIK M A T E DIADEMA DE AZAHARES, COLOCADA M U Y BAJA j
 // Cambio Nodo4-Sevilla