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MADRID- SEVILLA, 13 D E 1 UN 1 Q D E 1 933. N U M E R O EXTR 0.20 C E N T S REDACCIÓN: PKÁDO C E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES DIARIO I L U S T R A DO. A Ñ O V i G E SIMQNOVENO. N U M E R O 9.389 E ANUNCIOS. M U Ñ O Z OIÍIVE, C E R C A N A A T E T U A N SEVILLA CLAMOR DE DEFENSA L a Asamblea de la Federación de E n t i dades Económicas ha sido, puede así decirse, la coincidencia de todas las fuerzas v i vas del país en una misma expresión de- ansia y de anhelo: ansia de paz, de sosiego, de posibilidades para el trabajo sin la amenaza, la presión y toda suerte de violencias; anhelo patriótico, legítimo y sano de una revisión de las cargas insoportables que son romo un reflejo o consecuencia del exceso en el presupuesto nacional y congruentemente la precisión de que en el próximo se reduzcan los impuestos que hoy asfixian, paralizan, haciendo estériles los cálculos y sacrificios. Nada pide l a e c o n o m í a de España, integrada en la colectividad de esa. Asamblea que no sea también la demanda- -indiscutiblemente fundada- -de toda la E s p a ñ a trabajadora y de todos los hombres de bien. L a necesidad de restaurar la disciplina social es por desgracia tan evidente, que hace ocioso todo razonamiento sobre su urgencia. P o r donde quiera aparece esa disciplina, que es el primer freno cíe los pueblos en la vida normal, desconocida y violada. N o puede haber organización en las labores, n i orden en los planes, ni regularidad en la producción. Todo está subvertido o quebrantado, y a las pérdidas del capital, se suman el malogro de los esfuerzos, el del concurso de la técnica y muchas veces el riesgo de las personas. E l problema social derivado hacia la lucha permanente ensañada, y en ocasiones cruel, pesa con depresión sobre la industria y consiguientemente sobre una de las mayores fuentes de la riqueza pública; pesa también por contragolpe inevitable en el crédito, cuya órbita va mermándose por el exceso incompensado de los gastos y por l a flaqueza o desequilibrio de cada ejercicio. Los dos instrumentos principales fallan por la misma causa y si un acuerdo vigoroso y eficaz no pone remedio, la perspectiva de ruina h a b r á de ahogar iniciativas y de imponer uno tras otro el cese de todas las zonas y ramos de l a E s paña industrial. E l semblante de la vida mercantil corresponde lógica y fatalmente a este estado de cosas en la esfera productora y la misma cer r a z ó n de horizonte preñado de amenazas augura el hundimiento. E l Gobierno no puede responder a este clamor de voces que piden justa y precisa defensa con declaraciones n i con tópiecs o vagas promesas. Dos caminos, dos actuaciones claras se le ofrecen: restablecer el orden con tacto y con e n e r g í a si es preciso, con dureza, aunque, claro es, siempre con justicia y con medida. Y auxiliar a las clases de comerciantes y de productores con el medio indirecto y seguro del alivio tributario. Se ha llegado a tan enorme y escandaloso aumento en algunos departamentos ministeriales que es preciso apelar a la poda. N o hay por qué especializar. Son datos ya bien conocidos y comentados. Y eso quieren también las entidades económicas. Anuncian que sobre propio y detenido estudio presentarán mías base- Que el Gobierno no las desdeñe ni las dé carpetazo. A r d u a labor le espera y bien espinosa al ministro de Hacienda. N o le será de sobra un asesoraivÁe. nt tan competente como este ciue se le brinda. Esas bases deben conocerse también en las Cortes, porque, más o menos anticipadamente y con el anticipo. no hay nada que censurar, constituirán un factor autorizado para cualquier futura información pública. L a asamblea que acaba de celebrarse no es una casual coincidencia de voces que se dedican a la critica ipor satisfacer un prurito de oposición. N o significan oposición preconcebida a programas políticos, sino al desorden y al exceso en los gastos del E s tado. Tienen derecho a ser oídas. Y a que se atienda su demanda- -en la que les acompaña todo, el país- -para que el buen régimen de la Hacienda y el mantenimiento de la autoridad y del sosiego permitan trabajar y v i v i r a los que viven del trabajo. LA C A U S A POR LOS S U C E S O S D E L 10 D E AGOSTO M a ñ a n a comenzará a verse ante la Sala del Supremo, que preside D Mariano Gómez, el sumario instruido por los sucesos del i o de agosto. E l juicio se efectúa en un local de las Saksas, lo que parece inadecuado por notoria insuficiencia de capacidad. Se ha podido disponer con sólo la venia del Gobierno de otros lócale. -más anchurosos y mejor dispue os, como el Palacio del Senado, donde l a cubicación de la Sala ás sesiones permitía holgadamente numerosos puestos en el estrado para el Tribunal, la acusación y las. defensas, con acceso directo y por pasillos independientes para testigos; un recinto amplísimo- -el de los escaños- -para subdividirlo entre los numerosos acu- ados y el público y para mayor volumen del auditorio las tribunas. E l salón de pleno del Supremo no ofrece ni l a cuarta parte de ámbito y descontando el imprescindible para magistrados, fiscalía, defensores y suplentes, procuradores y relatoría, más los nuntorosos encartados, ¿qué puede quedar de espacio público después de un indispensable acotamiento para el grupo no escaso de periodistas, también necesitados de mesa y de cierta holgura? Poco y bien poco. L a calle, el pueblo, que tiene derecho en las vistas públicas a representarse en ellas sin la mezquindad de una limitadísima proporción, no puede asomar apenas a este juicio. L a publicidad próxima inmediata y amplia que la ley quiere para estos actos queda reducida casi a una ficción que no responde a la curiosidad y ai interés legítimo, porque ha de contarse además con ese interés legítimo y directo de las personas allegadas, en este caso varios centenares, aun no sumando más que las parentescos más próximos. Nadie puede entender desde luego que se ha querido y se ha procurado substraer la vista al conocimiento público, para que directamente no conozca y estime las resultancias vivas y efectivas de l a prueba y las posiciones del fiscal y de las defensas. Nadie podrá pensarlo y n i siquiera la insinuación o la sospecha entra en nuestras palabras. Pero es lo cierto que así resulta, porque l a necesidad de condicionar hasta límite reducidísimo la entrada pública es un hecho que de antemano desfigura o por lo menos empequeñece el preceptivo e inexcusable de publicidad. L a ficción quedará a, salvo- -como testimqniosi de vecindad representados por dos vecinos- pero la realidad v e n d r á á ser é s t a que la voz de audiencia pública no significará el libre acceso del pueblo como quiere la ley, sino el medido y riguroso de las contadas personas que hayan logrado una previa autorización. Se llega al fin al acto de la vista en este proceso, cuyo desenlace se ha esperado durante diez meses con el mantenimiento de fas severas medidas que han acompañado al sumario dentro de la esfera judicial y las durísimas, gubernativas, que paralelamente ha mantenido el Gobierno durante un largo período, además de las que con el voto parlamentario se aplicaron. Porque no es para olvidado cómo el Gobierno, anticipándose a todo efecto de los Tribunales competentes, adoptó por sí iniciativas y medidas de una efectividad punitiva. E l Sr. A z a ñ a prometía icn su discurso a raíz de los sucesos que el Gobierno no cometería actos de arbitrariedad, que hicieron tristemente c é lebres a otros gobernantes Y en efectoy suspendió a un centenar de periódicos, que nada tenían que ver con los sucesos; forzó violentamente la interpretación legal para d i ferir la? i prisiones gubernativas por tiempo indefinido, deportó a cientos de ciudadanos con la más ensañada desconsideración en cuanto a condiciones de insalubridad y de suficiente asistencia e improvisando una ley mediante l a docilidad de la mayoría la ejecutó con refinamiento retroactivo para despojar de bienes, no ya a los culpablesi cuando lo fueran por sentencia, sino a ciudadanos absolutamente libres de toda sospecha y sólo por el delito de pertenecer a una clase social. Se crearon el n de agosto y el S y g de septiembre instrumentos! legales (de una mentida fuerza legal) que permitían contra el espíritu y la letra de las leyes permanentes- -no sólo permanentes en el r é gimen anterior, sino de las aceptadas y mantenidas por permanentes en el nuevo- -el separar del servicio a funcionarios! civiles y militares. N i la magistratura ni l a diplomacia ni el Cuerpo consular escaparon a l a agresión. No- digamos los demás Cuerpos del Estado. Se adobó la reforma agraria con la confiscación de los bienes a los grandes de España, que aceptaron esta merced. P o r otra confiscación promulgada el 2.1 de agosto se desposeyó a los participes en los suceso? Con esta agravante inconcebible, inaudita, que el Gobierno, interpretando esa ley a su antojo, se anticipó al Tribunal competente y publicó listas que alcanzaron a 194 acusados, que no eran sino eso: acusados. E l atrevimiento y el exceso interpretativo eran tan notorios que más de una vez lo expusimos, sin obtener, no hay que decirlo, l a menor atención en tan juiciosas observaciones. Y ahora resulta que sin darse el reglamento que la ley mandaba dictar, en el plazo de dos meses, fueron incautados los bienes rústicos de 56 propietarios, y que de eses 56 tan sólo diez quedan en el proceso. Para los demás no ha tenido asidero, el más mínimo, el fiscal. E s t á n declarados inocentes mucho antes de verificarse la vista. Pero se quedan sin los bienes. E s a es la justicia que el Gobierno de l a R e p ú blica practica. P o r supuesto que este resultado, esa resta en la enorme fila de los acusados a primera hora, no se ha dado sólo en ese aspecto y en esa sola proporción. Aquellas, otras que aparecían con enorme ahitamiento en los discursos del Sr. Azaña T
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