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NUMERO EXTRAOR D 1 N A R 1 0 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMO NOVENO, ABC NUMEROEXTRAO POR TIERRAS DE CABOCLOS los cinco días de estancia en -Sara, t i e m p o suficiente para hacerse cargo de sus particularidades mas salientes, el Hilary leva anclas, y desde l a bahía de Mará j ó y Breves enfila los estrechos que conducen desde el r i o P a r a al Amazonas. E l paisaje es de indescriptible belleza. E l europeo, no acostumbrado a cuadros y perspectivas de tan sorprendente encanto, experimenta un cómo deslumbramiento ante testimonio tan concluyente d e l fiat creador. Entramos en el estrecho D o s M a c a cos A l a orilla dere- A PUERTO DE MANAOS, CAPITAL DEL ESTADO C E AMAZONAS LA CASCADA D E L GRAN TARUMA cha emerge San M i g u e l dos Macacos, con chozas y casitas de p r i mitiva traza, aldea típica de cab ocios naturales del pais, medio indios) su moradores. E n toda esa región abundan los igarrapés, pequeños entrantes de agua, aprovechados por los caboclos para abrigo de sus canoas y piraguas, que suelen d i r i g i r con un solo remo, muy ancho, de curioso efecto. Veinticuatro horas más tarde nos hallamos en el Amazonas propiamente dicho, tan anchuroso, que sus orillas algunas veces se pierden en el horizonte. L o s poblados de Prahinha, al borde, y Monte Alegre, más al interior, se siluetean. E l Hilary hiende su proa entre infinidad de corpulentos troncos flotantes y de pequenos islotes, formados de hierbas y arbustos, que van a la deriva. U n deporte sobre cubierta es l a caza de insectos raros y mariposas de impresionantes coloridos, atraídos por las luces de a bordo durante l a noche. Frecuentemente nos engolosinan las f r u tas tropicales con sus pulpas sabrosas y almibarados jugos. U n helado de maracujá es algo auténticamente delicioso. También hemos degustado el célebre guaraná, una infusión de raspaduras de madera de dicho árbol, practicadas con l a áspera lengua- -dijérase l i j a- -d e los enormes peces pirarucús. Con selts resulta u n refrescante muy agradable. E n Santarem, puerto fluvial importante, desemboca el Tapajoz, gran afluente del Amazonas, que, contrariamente a éste, trae aguas claras. Después Obidós, en l a parte más angosta del cauce. H a s ta allí se registraron. los efectos de las mareas, no obstante las 600 millas que lo separan del Atlántico. M á s a r r i b a pasamos a u n mercante peruano, en la carga del cual hay quien presume podrían ocultarse armas y municiones. N o es verosímil, aunque el conflicto de Leticia, en esos días neurálgicos, preste apoyo al supuesto. Franqueamos la d i v i s o r i a de los Estados de P a r a y Amazonas, pasando por la bella bahía y pueblo de P a r i n t i n s y parece lo probable que, si Francisco de Orellana creyó ver amazonas en estos parajes, fuese precisamente aquí, donde las mujeres indias son particularmente belicosas. L a capital del Estado de Amazonas, Manaos, es l a meta de nuestro viaje. Llueve copiosamente. L a niebla nos envuelve, y para que los pilotos puedan orientarse certeramente hay necesidad de andar despacio, parar frecuentemente y apagar todas las luces. E x traordinaria destreza se necesita para llevar un barco de 7.000 toneladas por río tan fangoso, de arenas modevizas y salpicado de islas. Y a de noche se perciben las luces de Itacoatiara, donde el turbio Madeira rinde el tributo de su corriente al Amazonas.
 // Cambio Nodo4-Sevilla