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EL H O M B R E DE N u n rato de plácido romanticismo, en el que (apartada la vista, el oído, y no digamos el corazón de la actualidad v i viente, que no me atrae aunque l a vivo) dedico mis meditaciones a los gratos recuerdos del pasado, rompe el éxtasis de m i monólogo un familiar, que, entre otros noticiones frescos de atracos, huelgas, tiros, golpes, palabrotas y desastres del día, me d i c e -E l Estado ha adquirido el retrato aquel de D Ventura de la Vega, ¿te acuerdasf, que como reliquia guardaban sus nietas, las hijas de D Ricardo, más como tesoro espiritual que como joya artística. ¿A q u e l pintado por D Federico M a drazo? -A q u é l Realmente, más que mérito pictórico tiene el valor de los nombres del retratado y del retratista. Y a los puntos de la pítima se aglomeran por salir un turbión de añoranzas y con Has el tejido de conversaciones que yo escuché a mis mayores. A l g u n a se dedicó a la dinastía de los Vegas, nombres de teatro, así escribiendo como representando. D o n V e n t u r a y su hijo D Ricardo, que han pasado a la historia de nuestra escena, enalteciéndola y glorificándola. Ricardito, h i j o del último y nieto del primero, otro gran actor y excelente autor también, que si en este aspecto no se dio a conocer, como actor fué muy celebrado entre los más selectos aficionados, pero no tan acogido n i festejado t o m o su talento y sus condiciones merecier o n entre las gentes profesionales de l a farsa. T r e s generaciones que han pasado por la pantalla cinematográfica de la vida, que devora en Su vertiginoso correr las películas que representamos todos, creyéndonos solamente espectadores. E r a Ventura, D Ventura, el amigo íntim o y cordial de Julián Romea, del grande; tle D. Julián Romea y Yanguas, aquel actorazo, edición recopilada y conjunta de C a r los Latorre, su maestro, en el Conservatorio- de María Cristina, y de Isidoro Máiquez, de aquel co oso, que nacía taramar al público con g r a n susto de corchetes y otras autoridades que lo presenciaban, cuando representando Lo Numancia decía con arrogante acento y estentórea v o z Y escrito está, en el Ubro del destino, que es libre l a nacifin que quiere serlo. i MUNDO pudiera llamarse Ulwwme de monde, es, con perdón del difunto malicioso amigo, una admirable comedia de tipo netamente español; de una seguridad de trazo, de una arquitectura escénica y de una forma de diálogo i n superables. E r a Ventura de l a V e g a hombre de chispeante conversación, simpático trato, bondadoso carácter y talento rápidamente i m provisador, así de un pensamiento como de una agudeza; fácil versificador, observador penetrante y escritor pulcro. Preguntábale un muchacho meritorio qué haría para ser u n buen actor, y V e g a le contestó: M e j o r que reglas, un ejemplo. V a y a usted al teatro del Príncipe a ver trabajar a un cómico que hay allí que se llama P e d r o López; fíjese usted bien, obsérvele hasta el menor detalle, y cuando usted se halle bien penetrado d e aquella labor... haga todo lo contrario y será usted u n actor que producirá la envidia de A r j o n a Sabido es que D. Joaquín A r j o n a era un excelente cómico, pero celoso de los triunfos de Romea. U n a de las obras con las que ¿ste maravillaba al público era Sidlimn. Cierta noche que la representaba se h a llaban en el cuarto de D Julián amigos, actores y autores. Se hicieron alusiones a aquel gran trágico inglés, protagonista en dicha obra e intérprete admirable del Hvmlet de Shakespeare. Recayó la conversación acerca de este insigne dramaturgo, calificándole alguien de sobrenatural. Ventura de l a V e g a replicó: E r a un loco, que a l gunas veces tenía talento E l afio 1863 fué D V e n t u r a atacado de grave enfermedad. Algún periódico dio l a noticia de su fallecimiento. A l día siguiente l o negaron todos. A l enterarse Ventura de la V e g a d i j o Consideren ustedes que si y o me hubiera muerto, ¿por qué se lo había de negar a n a d i e? A él se le atribuyen, entre m i l dichps y E TJn recuerdo a V e n t u r a de la Vega. U n retrato de í ederieo- Madrazo. Julián R o m e a (el grande) Otros h o m b r e s de mundo. GRABADO D E L RETRATO D E D. VENTORA D E LA VEGA, PINTADO POR MADRAZO Dicen que tan enamorado de su arte estaba Julián Romea como convencido de su propio mérito. Cuentan que cuando un piadoso compañero, ue cordiahneiüe le odiaba por celos y rivalidades del oficio, le d i j o antes de comenzar la representación primera de una excursión provinciana, n o hay espectadores en la sala, Julián contestó, indiferente, sin levantar l a vista de zapato que su criado le ataba: P e o r para ellos. Fué de todas las obras de D Ventura, El hontbre de mundo, l a favorita de os dos; de. su autor y de su intérprete. H o y como todo lo que significa antecedente o consiguiente de nuestro insuperable pasado en toda las esferas de ía humana actividad envidia de los extraaos y objeto del pedantesco desden de los improvisados, está en el olvido. Son reliquias, trofeos de gloriosos triunfos, conservados como oro en paño en los archivos que conservan los y a escasos amantes de las bellezas del arte español, y que de vez en cuando se atisban como los objetos preciados que se guardan y lucen en aristocráticas v i trinas y que acreditan el abolengo y el refinado gusto de sus dueños. Perfume es éste de los recuerdos, de la predilección de aquellas personas apegadas a l o caballeroso, poético y recatado de aquellas épocas en que la urbanidad era fundamento de las costumbres, radicalmente distintas de las actuales, y en las que predominaba una pudorosa, quizá fingida, pero encantadora t i m i dez, que hacía a la dama reina del corazón del hombre, porque n i el afán, n i menos el alarde de independencia y. descoco se mostraban en ella como tínica razón del deseo de ser hembra; sin que esto se oponga a que confesemos, en un arranque de sinceridad y de buen humor, que tan apetecibles como se tradíciona que eran entonces las tapadas, lo son las que la moda permite que contemplemos hoy sin t a par. E l h o m b r e de mundo de todas las épocas estaría conforme conmigo, y también habría conformidad en que, si no está mal despertar el apetito, no está bien causar hartura. El hombre de mundo, comedia de sencillez moratiniana, que algún competidor de Ventura de la V e g a atribuyó, más que a l a inspiración de éste, a la impresión de lectura de alguna obra que DON J U U A N ROMEA Y YANGCTAS, INTERPRETE D E E L HOMBRE DE MUNDO