Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
precisamente, Hacían traá eblécíá eníré! ó leprosos para celebrar con una gran verbena el primer aniversario de la fundación. No están los tiempos para recibir sorpresas, pero l a existencia de una organización sindicalista en un Sanatorio no puede menos de parecer un tanto extraña. Y el Sindicato no ha sido cosa muerta; el espíritu propio de esas organizaciones se ha manifestado allí con vigor; ha propagado y mantenido el derecho a la huelga; ha fomentado las disposiciones de hostilidad y rebeldía contra las autoridades que no accedían a las pretensiones de la población leprosa. Su estado de irritabilidad culminó ruidosamente a fines del pasado marzo. U n buen día los. leprosos que prestaban algún servicio declararon la huelga de bra- Traslado, de los restos del padre Ferrís de Gandía a Fontilles. La foto representa el momento en que el féretro y la inmensa comitiva que le acompañaba encuentran a los leprosos que desde la iglesia del Sanatorio venían procesionalmente a recibirle. zos caídos: los enfermeros, los mozos de comedor, los que hacían la limpieza, el enterrador... todos se negaron resueltamente a trabajar. Indicios muy probables hacen creer que lo había dispuesto así la Junta del Sindicato. Y fué entonces cuando, según anunció toda la Prensa, el inspector provincial de Sanidad, el gobernador y el comisa- rio de Policía con tres agentes fueron desde Alicante a Fontilles, adonde habían acudido ya, por orden del gobernador, parejas de la Guardia civil de los puestos de Pego y Orba. Y no careció la huelga de eficacia: mientras duró tuvo el personal sano que prestar los servicios, sin excluir la mortaja y enterramiento de los varios leprosos que aquellos días fallecieron. N o fué esto, sin embargo, lo más grave e interesante: mucho más interesante y mucho más grave fué un episodio que refiere la Revista de Gandía en su número de 15 de abril de 1932, y que voy a reproducir con sus mismas palabras: Plan descubierto en Fontales Personados en la hoy llamada Leprosería nacional de Fontilles el señor gobernador civil y el inspector provincial de Sanidad, preguntó éste ante los enfermos, personal sano, Guardia civil y agentes de Policía de Alicante: ¿Qué pasa aquí? ¿A qué obedece esta huelga y este descontento Y si inspector provincial de Sanidad, don E m i l i o Ferragud, se le contestó: -A que no se cumple lo que se nos prometió. M e lo hicieron notar con insistencia los diversos grupos de leprosos, con quien hablé en l a visita a que varias veces me he referido. Desde que el Gobierno, como ellos decían, tomó el Sanatorio, cesaron, casi del todo, automáticamente, las visitas, que en gran número, iban en tiempos anteriores a. Fontilles. Los leprosos recordaban muy bien que antes aparecían allí muchos automóviles llevando señoras y caballeros que, cuando menos lo esperaban, se presentaban entre ellos, les hablaban c o n suavidad y cariño, les llevaban regalos y les hacían l i mosnas. L a m a y o r parte del dinero que allí se gastaba, y se g a s t a b a en grandes cantidades, p r o c e d í a J- v, i de esas limosnas y de esos regalos, hechos, muy de ordinario, por personas que habían visitado la Leprosería y habían recibido la impresión directa déla La estatua del padre Ferrís en Fontittes, después de haber sid obra que allí se realiderribado el artístico pedestal en que descansaba. zaba. Todo ha cambiado. L a plutocracia laica no parece sentir granencargarían de todo, y vendría Angelito y des atractivos por espectáculos en que sé nos curaría. Todos (los expresados) marcharon nosotros cumplimos (lo que se nos contemplan tan al vivo los efectos de l a aconsejó) y ahora no hay manera de que lepra. Los católicos fervientes no hallan Ángel García venga para curarnos, después ya en Fontilles ni monjas que sirven por de pedirlo tantas veces. Pues dense prisa pura caridad, n i damas que dejan su 3 para que sea asi, si no quieren que aquí lujos y comodidades para regalar y l i m pase lo de Castilblanco... piar las úlceras de los enfermos, ni leInspector y gobernador quedaron perpleprosos que francamente lleven con resigjos: el gobernador desistió de convencerlos nación y alegría su humana desventura en vista de la actitud tan firme y resuelta. Existen aún en Fontilles leprosos iluminaDieron, pues, media vuelta; se marcharon dos por. ia doctrina y los ejemplos de sus pronto; hablaron a solas; dejaron Guardia pasados directores, que sufren con resignacivil en Fontilles y partieron para Alicante. ción y con esperanza de superiores bienes. Parece que alguien fué a M a d r i d y a poco Pero las circunstancias les obligan. a ocultar se presentó en Fontilles el inspector genesus sentimientos, y los que allí van no pueral de Instituciones sanitarias, Sr. Sadí de den fácilmente ni conocerlos ni consolarlos! Buen; llamó a los enfermos y les dijo: con su generosidad. L o primero que debéis hacer es volver al trabajo todos los huelguistas; luego podréis ISIDORO S A N T I L L A N A conseguir e! tratamiento de Ángel García, -Vero J 116 bS ífaS aSunilaníé comida, buen trato y estáis distraídos y se os atiende bien? -Sí, señor; pero de esto no nos quejamos; esto tanto importa; lo que aquí i n teresa es l a cura. -P e r o qué, ¿no os curan? -Nosotros queremos que venga a curar aquí Ángel García. -H o m b r e esto no puede ser. (Se trataba de un simple curandero cubano, conocido de antiguo en el Sanatorio. -Pues nos prometieron que vendría Ángel. García y llevaríamos su tratamiento. Quién lo prometió? -Usted. -Y o no lo prometí. -U s t e d nos lo prometió. Usted nos dijo que insultáramos a las hermanas sin parar, que ellas saldrían de i i aquí. Usted nos dijo que h i c i é r a m o s con D Mauro (D Mauro Guillen, m é d i c o d e l Sanatorio anterior a la incautación) administrador, practicante, etcétera, etc. tal y tal cosa (cosas que especificaron los enfermos e c h á n d o l a s en cara al Si- F e r r a g u d) que a D. Joaquín Ballester (presidente de la Junta de gobierno antes de la incautación) le insultáramos y maltratáramos para que no volviera más por aquí, ni él ni l a Junta, y ustedes se pero éste no podrá estar en Fontilles... Hasta aquí la narración de la Revista de Gandía, que es todo un canto homérico entonado en loa de la labor social realizada en Fontilles por los sucesores del antiguo Patronato. E s verdad, y a mí me lo contaron con efusivo regocijo los leprosos, que allí reina amplia libertad, que se organizan verbenas, que bailan a su placer leprosos y leprosas entre sí y con los que están sanos, que se hacen excursiones a sitios diversos, que se conceden vacaciones que permiten a los enfermos asistir a fiestas de pueblos, fe- lias, etc. etc. ¿Y el aspecto económico? ¡Picaros dineros, que siempre han de pretender salir a plaza como argumento A q u i l e s contra el adversario! N o yo no quiero concederles tanta importancia. Pero algo ¿por que no han de valer? ¿P o r qué no hemos de decir que en Fontilles se ha multiplicado el número de empleados, que se han aumentado los sueldos, que el consumo de gasolina es incomparablemente mayor? U n ejemplo concreto, como botón de muestra. Cuando el Sanatorio lo administraba el Patronato llevaban las tareas de la cocina tres monjitas, para cada una de las cuales se abonaban 90 pesetas mensuales. L a nueva Administración ha tenido que poner para substituirlas tres mujeres y siete hombres, cada uno de los cuales cuesta al Estado más de lo que recibían juntas las tres monjitas.