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r a l difícil será resistir a la tentación- -en ella caen, más o menos disimuladamente, todos los que lo visitan- -de oprimir los llamadores que, por medio de un mecanismo eléctrico, ponen en movimiento los ingeniosos y perfectísimos modelos de las locomotoras y máquinas que se han construido desde el día que James W a t t observó las propiedades del vapor, y desde que George Stephenson puso en marcha su hoy absurda Rocket, iniciando así ¡a m á s trascendental de las revoluciones. H e aquí también toda ía historia de l a aviación explicada por aparatos y motores de fama mundial, y por modelos de los tipos de aeroplanos y d i r i gibles que han marcado el desarrollo de l a ciencia aeronáutica desde el siglo x v m hasta nuestros días. L a s aplicaciones prácticas de los adelantos realizados en el estudio de l a célula fotoeléctrica nos muestran que estamos en el umbral de descubrimientos completamente nuevos. Él Museo de la India inglesa, y el de los Dominios y Colonias son un magnífico escaparate del pasado y el presente de estos vastos territorios, cuyas actividades en todos los órdenes reseñan con una minuciosidad admirable. De igual modo, el Museo Imperial de la Guerra constituye el documento histórico m á s completo y variado de los aspectos externos ríe una catástrofe, cuyas consecuencias directas se tratan de l i quidar en la Conferencia que a dos pasos se celebra. L o s delegados que a ella asisten deberían visitar este Museo para refrescar la memoria sobre acontecimientos cuya repetición no se hace m á s improbable si ellos fracasan en sus tareas. L o que hay que evitar está en este M u seo; lo que hay que conservar y aumentar puede verse en sus alrededores, en él bienestar y la estabilidad que reina en las grandes plazas, avenidas y jardines de este enorme barrio de Kensington, donde viven por docenas los niños rubios y sonrosados que, jugando en el cercano parque, inspiraron a sir James Barrie, para crear la inmortal figura, de Petcr P a n un barrio de nada más que doscientos mil habitantes, y de v i viendas construidas entre árboles y prade- Aspecto parcial del soberbio edificio donde se encuentran los Museos de la india inglesa y Dominios v Colonias. e. ras llenas de flores, del que salen los niños para i r a echar los barcos en el estanque redondo que se extiende ante el viejo Palacio Real, obra clásica de W r e n y que también utilizan los viejos aficionados a í i navegación en miniatura, lanzando sobre sus plácidas aguas los modelos perfeo -ísimps de yachts y de vapores. No es éste un bárriu de tiendas, aunque las existentes en. iíigrji Street- -antes placida calle de una aldea de las afueras, j hoy arteria principalísima, de j ajetreado tráfico a todas horas del día- aventajan las de muchas capitales; e s u n barrio residencial, enclavado- entre el centro y las afueras, bien trazado, con gran des respiraderos frondosos. U n barrio para v i v i r y pasear y ver en resumen mundos exóticos y de inagotable interés, y para desear férvidamente que los señores de la Conferencia Económica tengan mayor sentido de sus responsabilidades, v mayor acierto en sus descorazonados! esfuerzos para devolver al mundo, algo s i q u i e r a- d e l a prosperidad que tan urgentemente necesita. Ala derecha del magnifico Museo de Historia, Natural, tino de los más interesantes del grupo de edificios oficiales del barrio de South Kensington. En la etsqirim derecha de la fotografía puede veráe el sector Oeste del Museo Geológico. (Fotos Dixon- Scott. Ltns A N T O N I O B O L Í N Londres, julio, de 1933,
 // Cambio Nodo4-Sevilla