Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DIARIO DO. ILUSTRAVIGE- AÑO S 1 MONOVENO 10 C T S NUMERO F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A AB r DIARIO DO. ILUSTRAV 1 GE- AÑO S 1 M O N O V E N O 10 G T S NUMERO TÉRMINOS M U NI C 1 P A L E S S i fodas las divisiones territoriales suelen tener un leye fundamento, quizá ninguna tan convencional como la que marca los términos de cada Municipio. Así, las cabezas de los bueyes que aran un surco a veces están dentro de un Municipio, teniendo el cuerpo en otro. Términos municipal, provincial, regional... líneas invisibles que traza la Administración y que no hay medio de percibir en el paisaje. L a propiedad privada lia conseguido un color distintivo. Cada parcela, por pequeña que sea, tiene su fisonomía, y son el seto, el cerco, la lindera, la forma de cultivo... como rúbricas de cada propietario, que se esfuerza, en un proceso de varias generaciones, en que no haya confusión posible. Así vemos gráficamente el derecho de propiedad estampado en la p r o pia ierra, trazado en líneas perfectas, que en muchos casos parecen el resultado de un forcejeo, cuando no de una lucha cruenta. E l campesino tiene un concepto muy claro de los límites, que es, sin duda, el concepto menos; colectivista que puede tenerse. T r a z a límites con, la mancera, con la guadaña, con. el arado... dibuja las líneas de l a propiedad como un cartógrafo consuma- do, y cuando vemos desde una altura un campo cultivado, no parece recorrer con los ojos un mapa complicadísimo, un, mapa sobre el que se han concertado guerras y paces, capitulaciones y conquistas, el mapa de la propiedad privada sobre el- que los- j u ristas han lanzado palabras como herencia, hipoteca, interdicto, contribución, derechos reales... Y así, el campesino va dejando pródigamente su esfuerzo en manos del abogado, del notario, del registrador, del funcionario fiscal... de gentes muy alejadas del campo, indiferentes a la lluvia y al hielo, a la carestía de los productos y d é l o s brazos, que nunca miran al calendario ni al barómetro. ¿Cómo ha de prosperar el cam- pesino si ha. de dar para v i v i r a tantos hombres que con los solos instrumentos d e n papel y una pluma se reparten tranquilamente dos terceras partes de la cosecha de un país? Y ahora, como si aún fuesen pocos parásitos del campo, la Tunía de Reforma A g r a r i a los Jurados mixtos... E s triste cuándo recorremos la alegría de un p a i saje, sumidos en luz y lejanía, gozando del aire v del aura, pensar que todo esto, reducido a papel de oficio, represente la explotación más inicua. Porque hay que decirlo, la explotación del capitalista en el campo es una futesa comparada con la explotación del burócrata. Pero quizá me lie alejado del tema, pues l a idea inicial que tuve al comenzar a escribir fué en torno a los términos municipales. ¿Un hombre de ciudad. u i hombre tabituado a recorrer distancias urbanas, a ver albañiles en andamios. máquinas en movimiento, comercios y teatros, asfalto y guardias que reculan la circulación, puede tener idea clara de lo que es un término municipal? L o que es un pueblo lo sabe cualquiera, y aun las afueras de un pueblo, mas un término municipal, por lo qnc tiene d fine gido v arbitrario, es muy difícil d saber. e A s í tina ley d Términos municipales ha tee nido que producir- los resultados más funestas. P a r a hacer leyes que afecten a los pueblos hay que saber andar por los pueblos. E l socialismo en España es aún una fuerza de ciudad, y por el camino que lleva le costará mucho entrar en los pueblos. Porque para conocer un pueblo hay que saber andar por el campo, saber cómo ha de mantenerse el equilibrio deb paso a lo largo de una lindera, y para hacer una ley de términos municipales hay que saber exactamente lo qUe. es un término municipal. Antes, y supongo que ahora también, los gobernadores civiles, para quitar a los mendigos de la ciudad, les mandaban a pedir al pueblo de su naturaleza. Esto era una ley de términos municipales incipiente. M a s padecían un érror- fundamental: el de creer que la gente sale de su pueblo a pedir por, puro gusto. -Y si esto le ocurre al mendigo, ¿qué diremosídel; trabajador? Quién abandona su pueblo para trabajar es porque en él no encuentra trabajo, e impedir a un hombre que busque trabajo donde le haya, cortarle esta posibilidad de los caminos, esta esperanza. de, encontrar acomodo, es de una crueldad incalificable. Representa un confinamiento de la miseria. Porque es pueril pensar que l o s q u e dan trabajo prefieren dárselo; a un. forastero, a un desconocido... Claro está que en los pueblos, como en las ciudades, aun errlas épocas de mucho trabajo, quedan: sin: trabajo los vagos. Nadie quiere dar trabajp a un vago, y en esto no suele haber dificultad, pues- el vago está contento con cualquier pretexto que le impida trabajar. Pues bien; la ley de Térrninos municipales a. los únicos que ha beneficiado es a los vagos de toda la Vida. E l legislador tiene que saber que en los pueblos es donde aún se conserva un sentido histórico. Que un hombre de pueblo no es revolucionario, porque e l campesino está convencido de que la Historia 110 tiene desenlace. Y esto, no sólo en España, sino en todos los países, y, si no, véase dónde está el fallo de la revolución rusa. Buena fórmula esa que se estampa en algunos documentos a uso de buen labrador Esto implica sentido histórico, ya que el hombre de la ciudad no dice nunca a uso de. buen ciudadano. Tenemos que hacernos a la idea de que, más tarde o más temprano, el campo conquistará la ciudad y nos hará suyos. L a c i vilización ha interrumpido en la ciudad el proceso histórico, y los hombres que respiran este, ambiente y que se esfuerzan por buscar, un desenlace a la Historia no pueden hacer una ley de Términos municipales. FRANCISCO DE COSSIO ABC EN DANTZ 1 G Las. rayólas de sol que atraviesan una fría, mañana estival animan con intermitencias de claroscuro esta evocadora ciudad anseática. L a pesadez de sus monumentos y de su arquitectura se aligera a la luz, y en el pardo mercado esparcen su variedad multicolor las abiertas sombrillas en los puestos de vendedores. E n los jardinillos y en los antetemplos unas líneas de lobelias menuditas azulean en los pálidos céspedes, y al fondo, en las plúmbeas aguas del puerto, resbala la claridad meridiana sobre las embarcaciones bruñendo su negrura. Las gentes atraviesan rúas y plazas, alta la mirada. E s el d -íi de la ap rtura del Senado de Daiitzig- -después de las recientes elecciones- y la expectación en el territorio y en el extranjero es grandísima. ¿Cómo- abordarán les mandatarios hitlerianos de la Ciudad L i b r e la cuestión pqíaca, la coparticipación da deberes y derechos cívicomilitares con P o lonia? U n Tratado ha definido actitudes y personalidad jurídica de ambos contrayentes, pero existen resquemores entre los alemanes de Dantzig y rivalidades incontentdas. Acallándolas, con un alto sentido político, ha declarado el presidente del Senado que la política de Dantzig hacia Polonia ha de ser de paz, basada en la lealtad a los Tratados que garantizan los derechos de todos los ciudadanos, asegurada por el alto delegado de la Sociedad de Naciones Que la concordia crea la fuerza, bien lo sabe el eminente Sr. Rauchting, y que de la unión de Polonia con Dantzig depende el sosiego de Europa central- -llave de E u r o p a- también lo sabe el iconoclasta H i t l e r que ha declarado su propósito de amistad con P o lonia y de fomentar las relaciones económicoculturales con la República vecina. S i n embargo, el chauvinismo colea en los germanizantes de Dantzig, y- se da el caso de que en algunos archivos se muestran a los extranjeros documentos de la historia de l a ciudad, con exclusión de los polacos, que están metidos en aquéllos como la medula al hueso. N o es posible historiar aquí los mil. años de Polonia en Pomerania, Dantzig y su territorio. Baste recordar que pertenecían a Polonia hasta el crimen de los imperios que la descubrieron, y que es casi de ayer- -de la post- caída de Napoleón I- -cuando sus vencedores adjudicaron en el Congreso de V i e n a a Alemania la costa polaca. H o y no se hallaría la posibilidad de repetir aquella infamia, primero porque P o lonia es. fuerte y los tres imperios. que se la repartieron cayeron en los campos de la guerra mundial. Polonia es el país al que más debe Europa- -no se olvide la batalla del Vístula- y es el que ha realizado la más grande obra constitutiva y cultural de cuantas destrozó la guerra. Independiente después de ciento cincuenta años, causa asombro ver crecer y fortificarse esta nación, último baluarte de la civilización latina cara al A s i a Polonia, en posesión de sí misma, en ardua labor constructiva, necesita y quiere la paz, cual todos los pueblos en esta hora crítica, y prosigue serena afrontando y resolviendo los problemas internacionales del desarme moral. Germania, poderosa de espíritu y de disciplina, patriótica dueña del Báltico, no ha de regatear a Polonia los 90 kilómetros, de costa que le han sido devueltos. Los tiempos han cambiado, y Polonia es indispensable al equilibrio económico y a la paz de Europa. Sus instituciones pedagógicas, sus organizaciones ele protección social, vienen a estudiarlas delegaciones de las más adelantadas naciones. E l Ejército- -que debo uanto es y vale al mariscal Pilsudski- -está acreditado entre los mejores, y, como lo cortés no quita a lo valiente, y es bella cosa de espiritualidad el heroísmo, en los cuarteles se continúa tina tradición religiosa. A l toque de queda, los soldados, rezan a coro la oración de la noche, la conmovedora súplica del amor y de l a esperanza cristianos. SOFÍA CAS ANO VA Juiio 1033.