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El jefe, Sr. Carrasco (en el óvalo) y los exploradores de Madrid ane han salido para asistir a la reunión internacional de Budapest y se unirán en la frontera al resto de la representación española, A la magna reunión de Budapest van a concurrir cuarenta mil exploradores, procedentes de todos los países del mundo, (Fotos Marín. BALANCE DE CUENTAS Todo indica que ha llegado l a hora de poder hablar de balance sin incurrir en exageración. Está el hecho en el ambiente, y el olfato mental suele equivocarse todavía menos que el olfato corporal. N o es que el régimen haya fracasado; usemos palabras moderadas y digamos que el fenómeno que tomó categoría histórica en unas elecciones municipales se ha agotado. U n impulso político no puede eximirse de las leyes de la Naturaleza; nace, culmina y decae con la misma fatalidad de l a piedra que sale despedida con brío por nuestra mano. L a concentración republicanosocialista se halla en ese momento de dejadez, en ese trance irreprimible de tener que abandonarse a l a inercia de la caída por la simple razón de haberse agotado la fuerza vital que la empujaba. Cuando falta semejante fuerza vital, toda apelación a la complicidad de las turbas atropellador- as y toda l a ayuda contundente do lc guardias de asalto resultan ya inútiles E s t á en l a conciencia de todo el mundo: la hora de un cambio a fondo se aproxima. N o h a b r á apelación a las turbas n i apoyo de los guardias de asalto que pueda impedirlo. Y es igualmente indudable que el r é gimen, siguiendo l a lógica ley pendular, se inclinará en una dirección moderada; siempre que no prefieran ustedes suponer que España, completamente abandonada por los dioses, se muestra como l a cosa que ha perdido contacto, no sólo con l a inteligencia, sino con el m á s primario instinto de conservación. E l hecho está cumplido y puede ya hablarse de balance o de liquidación. T a l vez la falta m á s grande de l a joven República haya consistido en prescindir, pero en absoluto, de una idea nacional. T o dos los hombres de nuestra revolución han cantado mil veces y con ardoroso entusiasmo la Marsettesa, el himno que precisamente comienza con l a levantada invocación: ¡M a r c h e m o s hijos de la patria! Pues bien, si alguien tuviese la paciencia de releer todos los discursos y proclamas que durante dos años han pronunciado los cau- dillos y caudiliejos de nuestra revolución, no encontraría n i cuatro miserables referencias a la Patria, se entiende a la Patria española. Se ha dicho que el patriotismo lo habían empequeñecido y desvirtuado los patrioteros anteriores; hay quienes piensan que la palabra es cursi. Pero esto es salir de! paso por el camino de la frivolidad. Cuando todo el mundo arde hoy en llamas nacionalistas, resulta imbécil decir que la idea nacional o patriótica es inaprovechable. L o difícil era crear una nueva forma de patriotismo, con un real y profundo contenido lo fácil, en cambio, era creer que toda una nación conmovida, expectante y trémula de trascendentes presagios iba a ponerse en marcha a impulso de una vieja idea cualquiera. E l S r Albornoz, por ejemplo, se figuraba que bastaría con el laicismo. También se h a b r á figurado D Indalecio Prieto que bastaba con abrir acequias, construir enlaces ferroviarios, emprender obras públicas. Esto es plausible, desde luego. Pero no es bastante cuando el espíritu que anima esas obras se limita a ocupar obreros. U n régimen nuevo pide empresas de un espíritu mayor. Pide empresas de una alta intención nacional, patriótica. Y esto es lo que, estando apresado por la doctrina del s- ialismo, no se puede intentar. T a l vez el Sr. Prieto sea el socialista que se halla m á s preparado para una política nacional; acaso en el fondo de su ser haya latente un buen español; la esclavitud del partido, sin embargo, le impide manifestarse como su auténtica personalidad reclamaría. N o me explico por qué, a estas alturas, no se verifican en E s paña las conversiones o deserciones de grandes políticos que tan corrientes suelen ser en Francia. Parece que D Indalecio Prieto debería ser el primero en pasarse al republicanismo de tipo burgués avanzado. A n tes, incluso, que D Fernando de los Ríos, el cual se halla dentro de la cuadrangular comunión marxista como una viviente paradoja. A l principio, en su periodo de triunfo y de gran aliento, el Sr. A z a ñ a pareció que iba a arrostrar el empeño de dar alma a la República; que iba a infundirle al nuevo régimen lo que le faltaba: scutido nacional. Y o permanecí atento a esa voz, a veces patética, que resonaba distinta en l a chatez de las otras voces cotidianas. Pero l a voz tuvo que acomodarse pronto a las exigencias de la comunión gobernante. L a concesión m á s triste fué aquella especie de apartado que con Carlos V y los Austrias hizo el Sr. Azaña. respondiendo a un lugar común de l a ideologia histórica izquierdista. Cuando un hombre responsable declara que desea absorber en su amor y su respeto todo el contenido de España, no puede apartar de sí el fenómeno precisamente m á s b r i llante y m á s intenso de l a historia nacional. L a diatriba, después de todo, la había hecho ya, y a sus anchas, D Miguel de Unamuno, cuando, para herir en lo m á s sensible a don Alfonso X I I I vertía su baba literaria sobre Carlos V su estirpe y la E s p a ñ a de aquel tiempo. L a escena, gran parte de los personajes y la orientación del drama van a cambiar dentro de poco tiempo. Nadie podrá imped i r l o n o hnv bn anfes tropas de asalto para impedirlo. ¿Continuará l a República en su error? ¿S e g u i r á figurándose que todo un pueblo, lleno de historia, de anhelos, de problemas, de ansiedades y de penurias materiales y espirituales puede conformarse con esos cuatro tópicos que andan tirados por las oficinas de Ginebra, al alcance de cualquier ateneísta que ha estrechado l a mano de Barbusse? S i no le dan ustedes u n contenido nacional, l a República seguirá flotando como una boya sin ancla, materialmente a la deriva. ¿C ó m o se crea un contenido nacional? E s o corresponde a su oficio; ustedes deben encontrarlo, pues para eso se abalanzaron con tanta alegría sobre el cuerpo y el alma de l a nación. E l cuerpo y el alma se encuentran hoy deshechos. Las piezas de l a máquina de E s p a ñ a están dispersas y hasta tiradas por el suelo. A ustedes les toca el grave compromiso de rehacer un organismo nacional que todavía tiene, derecho a aspirar, si no a l a grandeza, por l o menos a una posición decorosa en l a vida del mundo. JOSÉ M a SALAVEREJA
 // Cambio Nodo4-Sevilla