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C A también defiende su territorio de la invasión extranjera con leyes- que amparan y fomentan la producción cinematográfica nacional. Así Machaty, uno de los mejores realizadores europeos, sigue trabajando en los estudios checoslovacos HECOSLOVAQUIA USTRIA acaba de dictar un decreto haciendo obligatoria en los programas la inclusión de 2. ío metros, como mínimo, de noticiarios y documentales realizados con aparatos de fabricación nacional. ODOS los países europeos han empezado a conceder importancia a su industria cinematográfica. Y en todos los países europeos ha lesionado graves intereses particulares la lev del contingente, que, naturalmente, en principio, no puede favorecer por igual a productores y exhibidores. Hasta en España tiene ya enemigos esa ley, antes de haber sido creado el Consejo de Cinematografía que ha de dictarla. Porque muchos de estoi madrugadores creen que a los empresarios se les va a imponer un porcentaje de malas películas indígenas, lo que sería, una crueldad, porque para proyectar material malo ya tienen bastante con el que a peso de oro les colocan las firmas extranjeras. L T han encontrado otro justificante aún más rotundo: la crisis. Gada día hay menos d i nero y, por tanto, menos ganas de gastar el poco que queda. Pero nosotros, como de costumbre, no estamos: de acuerdo con los empresarios, ni creemos en esas causas meteorológicas y financieras que a ellos tanto les preocupan. Es más: nos parece que han perdido completamente el tiempo que emplearon en buscarlas. U n tiempo, además, precioso, i que podían haber dedicado para dar con las auténticas causas de su crisis. ¿Por qué no se olvidan un poco del estado del tiempo y dedican más atención a la confección de los programas? ¿Por qué no comparan los films que proyectaban antes, cuando sus cines se llenaban diariamente, con los que proyectan ahora, sin conseguir medias entradas? Nosotros nos atrevemos a asegurar que esto sería lo más acertado. Y ya que ellos no se han tomado la molestia de hacer estas consideraciones, vamos a hacerlas nosotras, por si quieren ponerlas en práctica. Sencillamente: vamos a comparar un programa de ayer con otro de hoy. Antes, cuando el cine no hablaba y la pantalla era perfectamente rectangular, una sesión de cinema tenía el encanto de la i n timidad. E l silencio aislaba a los espectadores, poniéndoles en contacto directo con las sombras. Se entraba en los cines porque una fuerza oculta impulsaba a ello. E l cine tenía el encanto ingenuo de un gran libro de estampas narradoras de infinitas leyendas. E r a n los tiempos en que los noticiarios se llamaban revistas, en que las películas cómicas encerraban las primeras lágrimas, de Stan Laurel, las aventuras de la auténtica Pandilla y las carreras pedestres de mayor duración; en que había unos films que se llamaban de complemento, en los que Clara B o w prodigaba ¿lió, Gleen T r y o n negociaba con cacahuetes, Laura la Plante enamoraba a todos los millonarios disponibles y Bebé Daniels emulaba a Fairbanks, y en los que, frecuentemente, aparecían films como Amanecer, con sus campos bañados en niebla; como El sueno de un vals, con la música de las imágenes; como El séptimo cielo, sublimizando la cursilería, y los últimos destellos gloriosos de Griffith, De M i l l e K e x Ingram... Y como el público sabía todo esto, como no ignoraba que los programas se componían con estos films, acudía diariamente a los cinemas para llenar su retina de imágenes bellas. A h o r a el cine es sonoro. L o s cinemas se han convertido en palacios suntuosos, a pesármele haber heredado de las barracas sus timbres estridentes. E l cine es un espectáculo de lujo. Se acabaron las butacas a peseta o seis reales. Eso era antes. A h o r a el cinema es un arte que se cotiza a tres, a cuatro, a cinco pesetas sesión. ¡Magníficas sesiones! Estamos en la época de los noticiarios monótonos como un periódico radiofónico, de las películas de dibujos animados en las que, por enésima vez, un hipopótamo se enamora de una gallina y la canta romanzas con la voz que le presta un negro del B r o o k l y n de los documentales sobre la India, filmados en Hollywood y explicados en un español que, al oírlo, nos hace dudar de nuestra nacionalidad, y de las películas sensacionales anunciadas en todas las esquinas y elogiadas con todos los adjetivos, que pos transportan a los escenarios neoyorquinos para hacernos escuchar una comedia del gran mundo, con el aliciente de desarrollarse en un solo escenario y de estar hablada en inglés... Y como el público sabe todo esto, como no ignora que los programas se forman a base de estos films, pasa de largo por los cines huyendo del ruido del altavoz. H e aquí las causas por las cuales el público ya no llena los cines como antaño. N o es precisamente por el estado del tiempo, ni por la crisis, sino por las películas. Antes era muy fácil pasara un par de horas entretenido frente a la pantalla. Ahora, por el contrario; lo fácil es dormirse. P o r esto, señores empresarios, les rogamos se tomen la molestia de comparar un programa de ayer con otro de hoy. De la comparación sacarán la consecuencia de que, para atraer al público, no es necesario organizar caravanas anunciadoras de films ni construir una fachada nueva a su cine para cada película que estrena. Así, lo único que consiguen es nerder el tiempo y el dinero. E l público conoce ya el truco y no se conforma con las promesas, sino con las realidades. Y las realidades se buscan siempre en la pantalla... Por eso es en ella donde deben ustedes buscar las causas de la actual crisis cinematográfica. RAFAEL G I L C 1 NEORAMAS Producción inglesa E n un discurso pronunciado en Londres ante la Keai Sociedad del Imperio Británico, el Sr. Simón Rowson, consejero de la Gaumont- British Pícture Corporation, ha revelado algunos datos significativos sobre el progreso que realiza la Gran Bretaña en la producción de películas. Según estadísticas fidedignas, la cantidad desembolsada en 19.12 por el público inglés que visita los cines nacionales, llegó a 43 millones de libras esterlinas; doscientos quince millones de dólares, a la par, y 1.720 m i llones de pesetas, al cambio actual. De esta suma fabulosa percibió el Estado siete m i llones de libras en concepto de impuestos sobre espectáculos, dejando libres 36 millones de libras para los empresarios y la i n dustria. A l precio medio de coste de las localidades en Inglaterra, resulta que QÍO m i llones de localidades fueron vendidas en el curso del año, cifra que corresponde a unos 18 millones y medio de localidades vendidas por semana. Estos datos se refieren únicamente a Inglaterra, Escocia y el País de Gales; añadiendo los de Irlanda, el promedio semanal de localidades vendidas asciende a veinte millones. Entre diez y doce millones de espectadores presenciaron tres de las películas lanzadas en 1932 por la Gaumout- British: El expreso de Roma, Sunshine Susie y Jack s thc Boy. P a r a que un film rinda beneficios a sus productores tiene que ser visto cuando menos por siete u ocho millones de personas. A l total de los que acuden en las Islas Británicas para ver películas producidas en Inglaterra hay que agregar el público del Imperio inglés y de los Estados Unidos, que, por hablar el mismo idioma, puede verlas sin necesidad de adaptación. Ahora, algunos datos interesantes sobre la producción británica. Gracias a los favorables efectos de una ley aprobada en 1027, que exige a los empresarios ingleses la exhibición de material nacional, Inglaterra ha producido, hasta la fecha, cerca de 500 películas importantes, cuyo coste se calcula entre seis y siete millones de libras. E n la actualidad existen estudios cuya capacidad de producción es de unas i. so ó 200 películas al cabo del año; el coste de estas instalaciones se cifra en dos millones y medio de libras. Durante los doce meses que terminaron el 31 de marzo de 1933, lanzaron al mercado 134 películas inglesas de importancia, que en total debieron costar unos dos millones de libras. L a exportación de estas películas ha comenzado ya, aunque la crisis mundial contribuye a hacerla más lenta de lo que hubiera sido en otros momentos, Pero Inglaterra no pierde la esperanza de eme Londres sea el centro del mercado mundial de películas, y en un porvenir cercano se esperan impulsos rativ favorable para la industria británica del cine. se E Consejo de Cinematografía nace- -cuando nazca- -precisamente para evitar estos abusos. Y para que España pueda tener una producción nacional que evite la salida ds los muchos millones de pesetas que ahora invertimos en películas extranjeras mediocres. Con lo que lograremos además que esa ficción de las películas habladas en español por dobles se convierta en realidad, y en una fuente de ingresos para nuestros artistas y laboratorios. Sin que esto quiera decir que España vaya a iieqar a la producción extranjera de calidad todos los locales de exhibición que sean necesarios. C OMO ustedes vén, el programa del Consejo de Cinematografía, que cuenta con tantos enemigos antes de nacer, no puede ser más honesto: protección para las buenas películas, españolas o extranjeras; guerrea sin cuartel a las películas malas, extranjeras o españolas. Y, sobre todo, procurar que las nuestras sean las mejores. A B. PROGRAMAS D E Y HOY AYER Parece que ha llegado para los empresarios cinematográficos la época de las vacas flacas. Sus salones ya no se llenan diariamente, como hace años, n i las películas ven transcurrir los meses en el cartel, como en no muy lejanos tiempos. Todos los empresarios se lamentan a coro, al ver en sus locales una cantidad de butacas vacías que, indefectiblemente, invitan al pesimismo. ¿E s que el público está perdiendo la afición al cine? se preguntan algunos. N o casi todos ellos saben muy bien que cada día tiene el cinema mayor número de admiradores, porque, cada día también, aumenta el número de habitantes del mundo. Entonces, cómo explicarse la quiebra de sus negocios? L a mayor parte de los empresarios creen ver en el tiempo a su mayor enemigo, y cargan sobre él todas las culpas. Si es verano porque el calor ahuyenta a los espectadores de los locales cerrados; si es i n v i e r n o porque las lluvias y las nieves encierran a los pacíficos ciudadanos en sus hogares; y si hace buen tiempo, porque la delicias de la Naturaleza. Ahora, además, gente se m a r c h a al c a m p o Dará g o z a r las
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