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paquetes de pápirazos- -i aquél si qhe Cfa un lote! -a cambio de un papelucho con varios garabatos ilegibles. ¿No me dan más que esta? -lis un resguardo provisional. Los títulos definitivos se tstán confeccionando en litografía, a seis colores. Esto ya me pareció demasiado. Con un par de colores sería suficiente. Lo esencial es ue pagaran el ocho por ciento prometido. Y así ocurrió durante dos trimestres consecutivos, a dos mil duros cada uno. Aquello estaba bien. Pedriza era un excelente amigo. Pero una noche leí ert el periódico que el Banco maravilloso había quebrado. ¡Mis pesetas en humo! ¿Lo ves, idiota? me increpó el yo frescales Volé en busca de Pedriza. -Chico, eres el hombre de la suerte- -exclamó. ¿Es que he salvado lo mío? -1 Ñ 0, qué disparate. Nada de eso. No se ha salvado ni el papel secante. Lo digo poruue, si te hubieras metido en cualquier otro negocio, al quebrar, te encontrabas lleho de- molestias y preocupaciones. Los fracasos financieros son cómodos, son limpios. El u compra una mina que no produce sino je gastos; el que monta una fábrica que no llega a funcionar, o lo hace condenando en costas al capitalista, tiene que verse obligado a conservar, como testimonio molestísimo de su torpeza o de su desdicha un montón de pedruscos, una maquinaria herrumbrosa, un cobertizo inservible, que le obligan a pagar contribuciones, alquileres, guardas... La quiebra de ün Banco es un encanto para los accionistas. -Hombre, te diré... Nos dejan sin dinero. -Pero no os importunan. Nada de engorros, ni chatarra, ni quebraderos de cabeza. Ün papelito, que puede guardarse en el fondo de un cajón, para no evocar recuerdos desagradables, y a Otra cosa. Puede e estuviera en lo cierto. Pero m mis cien mil duros volaron. Menos mal que reservé el resto. ¿Qué hacer ahora? Nuevamente la consabida lucha: Vamos a divertirnos, cretino Cómprate una casa. Es lo más seguro. Renta saneada, tranquilidad absoluta, prestancia social... El yo sensato tenia razón. S e g u í sus consejos. ¡Vaya finca! Una oportunidad. Suerte, que diría Pedriza. Quedé- satisfecho. Pero no es oro todo lo que brilla... Me envían una citación, con sello donde campean signos cabalísticos: un compás, una plomada... ¿Algo masónico? No. Es cosa del catastro. Acudo a la oficina catastrófica, donde un señor me asegura que los alquileres de la casa son muy bajos. Le corresponde algo así como dos veces lo que me pagan. ¡Admirable! Duplicaré la renta. -Despacito. Pagará Usted doble contribución, que no es igual. La renta no puede alterarse. Lea usted el decreto de alquileres. Aquello me deja mohíno. Pero no es más ue. el comienzo de una interminable calle e la Amargura. Varios inquilinos han dado en la maña de no pagar, alegando que es costumbre anticuada. Los desahucio, como S es lógico. En costas judiciales, tiempo perdido y berrinches ganados se me va tlrt caudal, i Ya se fueron! Los pisos quedan como zahúrdas. Vienen albañiles, carpinteros, pintores y tutti quanti. Su actuación me cuesta la renta de seis meses. Para colmo, un operario se hace un chichón jugando al chito en las horas de asueto y tengo que pagarlevarios m i l e s Finalmente, el Municipio, siempre paternal, ha renovado el pavimento de la calle y me lo hace pagar a peso de oro. Entonces, ¿para qué nos cobran los arbitrios? En compensación, me obliga á revocar la fachada, a enlucir los patios, a pintar las escaleras y el portal, a recorrer las atarjeas y desagües; como quien dice, a hacer la casa nueva. Tengo que hipotecarla para atender a todo. AL vencer los réditos, no los pagó por imposibilidad absoluta, y me, embargan la finca. Si he de ser franco, vieiidoine sin ella, respiré tranquilo. Llevo una cara de satisfacción tan grande, que al pasar junto a unos obreros sin trabajo me miran con odio. Uno de ellos dice: -Los burgueses son urtos bandidos... Esconden su dineTo para boicotearnos. Estuve a punto de replicarle, contando mi odisea, que no es única. ¿Para qué? Negarían la evidencia, qué es táctica Usual. Eso sí: como vuelva a heredar o me toque la lotería- -i Dios no lo quiera! mandaré noramala al yo sensato y seguiré sin vacilar las insinuaciones del yo frescales AUGUSTO MARTÍNEZ O L M E D I L L A (Dibujos de Viladomat.
 // Cambio Nodo4-Sevilla