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hombre déla careta de cristal Novela de HHde Stein- ZobeMtz y Hans von Wolsogen TRADUCIDA D E L ALEMÁN POR EMJL 10 R, SADIA (CONCLUSIÓN) mi mujer. Pero se decidió por Crawley... E n cuanto a lady E l bersville sólo ha hecho papel de personaje mudo en el drama. Nunca estuvo iniciada del todo, aunque cobraba un sueldo como cómica... Y a he conseguido de Sheegan que la deje libre. J i m escuchaba l a confesión con los labios pálidos. -Creo habértelo explicado todo con bastante claridad- -prosiguió Powell- E v a la mujer de Morlington, no pudo soportar el disgusto de ver a su marido en presidio, y antes de suicidarse encargó de su hijita a Fanny Clapham. Esta se casó poco después y llevó al matrimonio la niña como cosa propia. Fred N c l son se m u r i ó al poco tiempo, y Fanny educó a su supuesta hija K i t t y con l a pequeña fortuna que E v a Morlington le dejó. Y a sabes, J i m que Morlington se escapó de presidio y buscó refugio en casa de Bennett, y también sabes que éste le obligó a renunciar a la herencia. Pero lo que no sabes es que Morlington descubrió un día a K i t t y por la semejanza con su madre. A eso obedeció aquel robo del bolsillo y aquel allanamiento de su casa. Y o creo que también Bennett sospechaba algo. Y a comprenderás que quien cambió los documentos de Ester por la fingida carta en la caja de guantes fui yo. Necesitaba aquellos documentos para el caso de que tú dieses con l a carta y buscases a Edith en Hampstead. Como ocurrió efectivamente. Perdóname el juego. Como comprenderás, los experimentos de Dryve costaban mucho dinero. L a fortuna de los Morlington le permitiría seguir haciendo descubrimientos sensacionales. Y el servicio prestado a la Humanidad sería una compensación de los crímenes cometidos. Por mi parte- -lo h a b r á s observado en todos los años de nuestra a m i s t a d no concedo importancia a los bienes materiales. Pero he gastado toda mi fortuna y la de A l i a n salvo un pequeño resto, en la preparación del gran golpe... y tenía ya preparados pasaportes y camarotes. Sólo aguardábamos a cobrar el dinero... ¿Y cómo fué posible que ocupases este puesto en Scotland ¡ifard? -preguntó J i m -Sheegan era jefe de mi regimiento en l a guerra mundial- -dijo Powell- Cuando volvió a ocupar su alto cargo en la P o licía me trajo a su lado. E r a una oportunidad muy favorable para mis planes, que me permitía burlar tu astucia. Así yo me cuidé de cerrar la boca de Eddie Sharp; yo procuré cambiar la im- portante carta de Crawley por un sobre inofensivo. E n la casa de Bennett, desde el principio, me di cuenta de que se trataba de obtener una película. ¿P a r a qué había instalado, si no, el avaro aquella l á m p a r a? Pero yo llevaba conmigo la careta de cristal, que me servía para hacer experimentos con Dryve y que borraba todas las íacciones de mi rostro. De una sola cosa me olvidé: de tu mirada penetrante, que todo lo descubre. Siempre tuve el presentimiento, Jim, de que sólo tú estorbarías mis planes. P o r mí no se pierde gran cosa... Powell se levantó y llenó de whisky un vaso con mano trémula. Su cara estaba descompuesta y su boca tenía un gesto de asco. Repicó de pronto el timbre. Powell arqueó las cejas y miró a Maloney escrutadoramente. Pero este hizo un gesto de extrañe a y salió. Ante la puerta del piso se hallaban K i t t y y Crawley. -Hemos sabido en la Jefatura que habían triunfado ustedes, y que se hallaban los dos en casa dé Powell. Naturalmente, necesitábamos hablar con ustedes para conocer a fondo esa terrible historia. Crawley aparecía radiante, a pesar de todo, y no soltaba la mano de Kitty. J i m tartamudeó unas palabras y se atravesó en la puerta de tal modo que no dejaba pasar a la joven pareja. -Amigos, perdonen que no les mande pasar; pero Sid tiene los nervios deshechos por las emociones de los últimos días. Y a saben ustedes que hoy se va de viaje. Play que dejarle tranquilidad para tomar sus últimas disposiciones. J i m se dio cuenta del doble sentido que podian tener aquellas palabras, y apenas tuvo ánimos para despedir a K i t t y y Crawley con una frase festiva. P o r fin pudo cerrar la puerta del piso. Desmazaladamente volvió a cruzar el vestíbulo y abrió la puerta de la habitación de Powell. Buscó a su amigo con la mirada. Cuando le encontró se acercó lentamente al teléfono y pidió comunicación con Sheegan. -E l inspector Sidney Powell acaba de morir de un ataque al corazón- -dijo- Las emociones de la última semana acabaron de arruinar su salud, bastante minada. Hemos perdido a uno de los más valiosos colaboradores de Scotland Y a r d J i m Malone colgó el auricular y se sentó en silencio junto al muerto. FIN
 // Cambio Nodo4-Sevilla