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ABC en B rlfn. f l o r e s d e l m a l U n lía e n e l K l V i l n e m Instituí d e Miincnenergr. posibilidad de cultivo, y otra teórica, en la que se estudian los altos problemas de la herencia. Esta última se hace casi siempre operando sobre una planta muy española, que es la preferida del director del Instituto el Anthirrinum o Boca de Dragón. Explicaciones preliminares sobre la base de la herencia. Sobre los cromosomas característicos para cada especie y los genes o factores hereditarios que se encuentran distribuidos a lo largo de los cromosomas. Y o abro bien los ojos del entendimiento. Se me enseñan flores. Se apartan ante mi mirada los pistilos, se extirpa el polen con unas pinzas. Se injerta... Insobornablemente yo voy pensando cosas que botánicamente no son serias. Pienso, por ejemplo, en el destino inocente de estas plantas y de estas flores. ¡Terrible destino! Les es negada la libertad de elección en el amor. Se cruzan especies que probablemente se aborrecen. Se Íes hace infección de enfermedades que no tienen. Se cambia una nueva generación normal por una generación monstruosa. Se producen a millares monstruos que no saben que son monstruos y se cambia el color de las flores y el tamaño de la planta. Estos largos campos no guardan, a lo mejor, después de media hora de recorrerlos, ni una sola planta que sea como naturalmente hubiera sido. Y así me voy enProfesor Dr. Eruñg Baur terando de muchas cosas: por ejemplo, de la enorme predisposición que tiene el centeno para el adulterio. -Y hasta ahora ¿cuáles son resultados obtenidos en el Instituto? L a explicación ha sido prolija. Vamos a ver de lo que acuerdo ahora. E n lupinus... ¿O s acordáis de los altramuces? Nosotros, cuando los hemos comido, eran algo terriblemente salado. L o que vo no sabía es que eran salados oorqua para comerlos sin riesgo tenían aue someterlos a la acción de l a sal. E l altramuz, l i bre del alcaloide que lo imposibilita rara la alimentación animal, no es amargo, sino dulce, mediante a las combinaciones obtenidas por herencia. Entre millones de plantas se encontraron tres dulces. Se estudiaron, se sometieron, se hizo bien la distinción entre el medio ambiente v lo heredable. T o t a l altramuces dulces. ¡Dulce herencia! Vides... L a s vides de Enrona, tienen una enfermedad, entre otras el mildew que hace trrandes destrozos en Galicia. -E n cambio- -so me explica- la vid americana resiste esa enfermedad v otras muchas: pero, en su mavoría, no cía uva vinificable. Cruzando vides europeas con vides americanas, v después de exponer artificialmente a la enfermedad a la descen- M e han traído a M ü n c h e b e r g en una tarde azul, templada, intacta, de las que aquí son muy excepcionales. Y me han debido de traer como un caso expresivo de desconocimiento absoluto, no digamos ya de la genética vegetal, sino de los m á s rudimentarios conocimientos botánicos. E n tanto que es difícil encontrar un espectador m á s ingenuo, puede que mis amigos acaben por encontrar interesante lo que a mí me pueda sugerir una visita a este mundo experimental y casi poético formado por el umversalmente famoso profesor E r w i g Baur, bajo cuya iniciativa se fundó hace cinco años el Instituto especializado en investigaciones de genética, cuya importancia es tanta que l a única duda que ofrece es si ocupa el primero o el segundo lugar entre los existentes en el mundo. Y o no sé si mis amigos sospechan que en mí existe un fondo baudeleriano y obscuro y por eso me han traído a este enorme plantel de monstruos vegetales, a estos campos de experimentación de las Flores del Mal. M i s amigos, hora es ya de decirlo, son dos jóvenes ingenieros agrónomos que trabajan en profundas y especializadas i n vestigaciones en el Instituto de M ü n c h e berg. Estos dos españoles, que realizan una labor patriótica- -la de aplicar m a ñ a n a el resultado de sus experiencias en los- campos de nuestro país- son Vicente Boceta, especializado en tabacos, y Francisco Jord á n de U r r í e s que estudia la patata. A las tres o cuatro horas de explicarme, tanto ellos como el profesor Brau, desde las cosas m á s elementales, que yo ignoraba, hasta las m á s difíciles y laberínticas, me convencí de que asistía al para mí descubrimiento de un verdadero nuevo mundo sut i l y e x t r a ñ o enorme y casi patético, aunque esta última afirmación asombrara un tanto a mis acompañantes. Trabajan aquí dieciocho profesores, cada uno con una sección y con una planta determinada. Cada sección tiene dos ramas: una práctica, de obtención de mejoras o de A la puerta del Instituto, los ingenieros espartóles Jordán de Urríes y Boceta. con Gonsáles- Ruano y un doctor alemán de los que trabajan en Müncheberg.