Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CRITICA Y N O T I C I A S D E LIBROS V e n g a usted a casa en primavera de Mariano Tomás, por F S -O Las grandes riquezas de los jesuítas de Amado González. impresión más definida y penetrante que nos produce la lectura de esta nueva novela de Mariano T o m á s es la del triunfo del elemento espiritual. Como en otras anteriores, cii esta novela nuestro admirado colaborador es un tributario apasionado y fervoroso de esa revalorización en el género novelesco. A salvo de contagio, T o m á s no se ha manchado con la m á s leve salpicadura de ese oleaje sucio, grosero, de erotismo que, desde hace varios lustros, es el único manantial de casi todos los novelistas, por lo común i m i tadores serviles o plagiarios burdos de otros crotistas extranjeros. Estamos ya estragados de problemas sexuales, que no son sino hojas de parra de un contrabando obsceno, y de conflictos y anomalidades de una seiidoíisiología que no tiene ni la autenticidad de la definición. Sistemáticamente se ha desdeñado el estudio propiamente psicológico, e! panorama de las almas en los contrastes y reacciones de la vida, ya como casos singulares de una ejemplaridad elevada y emocionante, ya en la trayectoria de una imprevista desviación, que determina el golpe brusco del drama íntimo. E n busca de un público más fácil, y por fácil, inconstante, y por superficial y versátil, despreciable, muchos autores concurren afanosamente a servirle los platos sensuales, de un turbio fondo de salacidad, sin otro móvil que el halago del vicio y sin escrúpulo para la justificación de la ganancia. ¿E s que con renuncia a m á s alto premio desoyen la inspiración de mejores pensamientos a cambio de palpar m á s i n mediata y abundante la ganancia? N o siempre. L a novela exótica declina; el público se reduce; la remuneración apenas compensa... L a verdad es que esos autores no saben hacer otra cosa. Carecen de potencia imaginativa, de fuerza creadora, de observación, de agudeza, y aun para los factores externos, que no se reduzcan al ámbito del cabaret y del Casino, carecen también de percepción, de sensibilidad, de facultad reproductiva. E l caso de Mariano T o m á s nos consuela y nos conforta. H e aquí al novelista ele buena estirpe, claro, ordenado y veraz de fondo, como el cauce de un arroyo límpido; expresivo y luminoso en todo el curso de l a exposición; humano y hondo en el estudio de las almas; concreto y expresivo en el episodio; plástico y gustoso en la descripción, con recreo deliciosamente sincero de los sentidos, y siempre impregnando la acción v los pasajes emotivos de un aroma que es espíritu. Hay un proceso sentimental que es como el eje; hay, paralelos, otros motivos amorosos. Parece como que una misma vibración va entonando las notas dispersas para unirlas en la polifonía de un acorde armonioso, fundido en las tardes embalsamadas de una primavera espléndidamente florida. L a i n fluencia del ambiente, de las bellezas del valle y de las laderas, de la paz v del silencio de la campiña en plena eclosión de flores y de frutos es el motivo romántico, el efluvio conductor y determinante. Pero, claro es, la causa fehaciente brota de lo hondo, al roce de las almas que creían vivir distantes y distintas, v que se encienden en el mismo anhelo de amor al conocerse afines. L a figura principal, diríamos protagonista relativo, porque avanzada la novela hay otra que la supera, es un ioven letrado, notario novel, que ni sentirse leips de M a drid considera irresistible ia vida nuehá- rim. y en la temeraria precipitación de su juicio Vc. ÍCA USTED A CASA E. PRIMAVERA. La se dispone a dejar la notaría, lanzándose a nuevas oposiciones que le procuren un hucquecito, de menos independencia y rendimientos, en un centro madrileño. Está ciego y obseso. V a a perder la felicidad que ya le abría su senda... Y es que no ha gozado el paisaje que le rodea; no sabe que hay allí otra vida que no es la del casino y la plazuela; no ha visto allí la primavera. C u pido se encarga de rasgar los cendales ante sus ojos. U n poco tarde; pero no tarde del todo. Porque r l notario volverá. Las luces del amor han transformarlo la visión de las cosas, iluminándolas con los tonos rosados de la ilusión. Y toda la lozanía perfumada de los vergeles y del monte cobra el valor del marco soñado para que brillen los oíos de una mujer. E l afán que le seduce es también afán en las palabras que le llaman, y Pocas, poquísimas novelas, herhos leído et ¡estos tiempos tan gustosas, tan ponderadas, tan claramente construidas y terminadas y, sobre todo, de un interés tan limpio, tan ennoblecido por la pureza del anhelo, del designio y hasta del presagio. T o m á s ha sabido crear estas páginas con los aromas de un rincón ideal, paraíso de ensueños, regalo al mismo tiempo de los sentidos y del alma. Recoger y trasladar toda la dulce densidad de esa influencia es empeño que sólo puede lograr un escritor que sume al dominio de la palabra la finura de sensibilidad de un artista y la fibra emocional de un creyente en la supremacía de la vida afectiva sobre los apetitos y los placeres de la materia. Reiteramos a Mariano T o m á s el saludo con que no ha muchos años acogíamos otro libro suyo señalándole como uno de los pocos novelistas que llegarán a la cumbre del éxito en el género de más legítimo y castizo linaje. -F. S. -O. LAS CHANDES RIQTXEZXS D E IOS JESUÍTAS, Don Mariano Tomás. las palabras como una predicción de ventura. Volverá para ser feliz. E l fondo de la acción está agitado por otras ráfagas amorosas, alguna tan curiosa- -y tan humana- -como la precedida por un sentimiento opuesto, que casi linda con el odio; alguna otra, con el eco de un villano abandono, que deja herida a la víctima y la lleva al sepulcro, y con el melancólico diseño de una ilusión imposible, por ilícita, que hubiera podido ser reparación entrañable... L a delicadeza de tono con que M a r i a no T o m á s insinúa estos matices salva con recta elevación la perspectiva de los escollos. Para nuestros lectores que frecuentan las crónicas de Tomás, poco o nada hay que añadir sobre la manera. Mariano T o m á s es siempre, en la pintura v en la referencia, el escritor- sereno v ponderado. A u n en la vena romántica no hay que buscar exaltaciones ni vehemencias. L a frase es siempre blanda, flexible, suave, amable, sugerente. E l autor prefiere sxmnre despertar la sensación, sugerir el efecto, insinuar el alcance. Y en los momentos en que culminan los episodios, esconderse entre los renglones, hurtar absolutamente la mano, para que sean los personajes, al producirse v al conducirse, los que den el relieve detallado de la acción. por Amado González. -Nunca se hizo una leu- indicación de los padres de la Compañía en forma más sencilla ni al propio tiempo más elocuente. L a forma más senc i l l a que dejamos consignada se refiere a la suavidad en el exponer y a la ninguna petulancia de la argumentación, no al valor de la argumentación misma. Precisamente, por la alteza e importancia de los argumentos que se esgrimen, hemos añadido lo de más elocuente S i buceáramos en pesquisa de otro calificativo que fijase en una sola palabra el carácter de la obra, podríamos emplear las de clara, liana, honrada. L a defensa de la Compañía de Jesús, hecha en el libro de Amado González, abraza dos parles. Resume en la primera acuellas imputaciones más famosas que se han hecho en el tiempo contra el espíritu ignaciauo. l a novela de las minas auríferas del Paraguay, así como los negocios industriales del mismo país en que intervinieron las misiones jesuítas. Cuantas calumnias se han acumulado alrededor de las supuestas m i nas de oro explotadas por los padres de la Compañía, asi como las difamaciones de Pombal y las falsedades históricas de Sanders, quedan pulverizadas con los argumentos probatorios del autor del libro. Pasa luego éste a tratar de las cacareadas riquezas de los jesuítas al tiempo de la expulsión. N o faltan en esta parte del alegato los comentarios amenos y anecdóticos al lado de los pasajes dramáticos. U n capítulo emocionante en verdad es el que se refiere a la prisión y proceso del padre Ricci, general de la Compañía, tachado de ocultador y detcntador de los supuestos tesoros. L a mucrle del mártir perseguido es una página de honda emotividad, descrita con pluma impregnada en lágrimas de devoción y respeto. L a segunda parte del libro sale al p. T- o de las calumnias tejidas en la actualidad contra la obra de la Compañía. Aquí, la proximidad de los acontecimientos aumenta el matiz ridículo de las imputaciones, y ello suscita a la musa del autor jocosos comentarios entreverados con los argumentos probatorios de seriedad. V a n desfilando las manidas acusaciones: los jesuítas, acaparadores de negocios: los jesuítas, captadores de herencias: los jesuítas, moradores de palacios y negociantes de la enseñanza; los jesuítas, disfrutantes de toda clase de regalos v sensualidades. Con ejemplos tomados de la realidad española rebate el autor tales imputaciones muestra el encono y la maldad que presiden en esas -ampañas de difamación. Termina el libro con un canto al verdadero negocio que cuidan los jesuítas en vida, y que consiste en difundir el reino de Dios y la justicia entre los liombr para la mayor gloria de Dios.