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ocupan t a m b i é n un buen espacio, y junto a las obras del maestro, algunas c o n prólogos escritos por él, que pasan de cincuenta y las ediciones- -también más dé c i n cuenta- dedicadas al insigne escritor por sus a u t o r e s Entre ellos, Montoto, H a z a ñas, los Q u i n t e r o A l o n s o Cortés, López Núñez, fray D o m i n go de la Asunción, el padre Jerónimo Córdoba, Leite de V a s concellos, Coster, F a rinelli y Huntington. C o n las visitas es tolerante y asequible. Recibe a quien le quiere ver y muestra especial indulgencia con l a ente nueva, p o r q u e entiende que está pagando una deuda que tiene contraída desde que era joven, con sus maestros, r e c o r d a n d o tal vez que cuando a los veinte años escribió su primer l i bro, y muerto el prologuista, s u catedrático, Fernández Espino, se a- c o n s e j ó deí g r a n Kartzenbusch. A s í y todo, hay visitas pesadas. P e r o en cambio la afonía que padece desde que fué operado de la garganta, en 1904; le permite ser uno de los escasos mortales que disfrutan del teléfono, sin ninguno de sus inconvenientes, o sea para recibir o transmitir recados cortos y precisos, sin tener que I. A HOK DEL DESAYUNO por correo, le dan muy bien las seis de la tarde, algo corridas, muchas veces. Respecto a la inversión de las horas restantes, hasta las nueve y media- -hora de la c e n a- es preciso hacer una aclaración, según que las Academias estén abiertas, o se hallen en vacaciones. E s t o último ocurre en los meses de julio, agosto y septiembre. E n los meses restantes, y salvo en caso de enfermedad, asiste los jueves y los sábados a las reuniones de las Comisiones en la Española, y los jueves, además, a las del Pleno. P a r a ello no tiene más molestia que la de bajar al piso i n f e r i o r en cambio, a las reuniones de la Academia de l a H i s toria, que son los viernes, no suele a s i V r más que en el otoño, impidiéndoselo en i n vierno el frío, y en la primavera el tiempo desigual que en tal época acostumbra a r e i nar en M a d r i d Durante los meses de julio, agosto y septiembre, asiste a una tertulia, en que unos cuantos amigos que le admiran par- an unas horas deliciosas- -tres días a l a semana- -embelesados con la amena charla dú maestro, que con su memoria prodigiosa y con la lozanía de stt ingenio, cuenta, como éi sabe hacerlo, lances y sucesos ocurrí los a lo largo de su dilatada vida, o habla de temas literarios, haciendo gala de su erudición copiosa, recitando de corrido poesías y pasajes enteros, con pasmosa fidelidad. D o y fe de que en la tertulia- -yo asisto a ella desde hace algunos años- -está proscrita la política. O t r a cosa, aparte del mal gusto, sería indelicada asistiendo a ella personas de diversas tendencias y algunos extranjeros. E n la fotografía ad ¡unt. i f a l tan, entre otros asiduos, Amezúa, B a r r a s de Aragón, L u i s Gabaldón y el doctor í jrns, por estar ausentes. Este año han desfilado por ella los insignes giennenses Moiige Avellaneda, Alcalá Wenceslada v González López, que acaban de obtener- -los dos último -sendos premios, por importantes p u blicaciones, y tal vez asistan a ella pronto, l o- catedráticos italianos Jiannir. i, Pardi- cci y B e r t i n i que suelen v e n r todoí los años a fines de verano. I. su ír. rdes en que no hay- Academias n ierfjh. las i n v i e r t e en t r a b a j a r o en. rec b r aigunas visitas, a las qae hace pasar, según el grado de intimidad, al salón o a l despacho grande. Este es anchuroso, y c o n tres ventanas, una a Mediodía y dos a P o niente. E n él hay muchos cuadros de buenos actores, alegorías cervantinas, obras artísticas y piezas de. Cerámica. L o s libros UNA COXecXTA BK E L DESPACITO ORUTOE L E ACOMPASA SU ¡IIT