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LA REVOLUCIÓN FRANCESA EN EL CINE Como mito histórico, l a Revolución francesa comienza a palidecer. E l espíritu popular, atraído por otros ideales y ávido de otras reivindicaciones que las de principio, se orienta hacia lo práctico. L a s masas, no sólo han superado esa meta puramente doctrinal, sino que, sobresaturadas de marxismo, regresan a l a tradición. E l sentido nacionalista del socialismo no quiere decir otra cosa. E s l a fusión de dos postulados que Mussol i n i ha conseguido vitalizar políticamente: P a t r i a y Justicia. A nadie puede sorprender, pues, el que ciertas figuras insertas en aquel vasto lienzo histórico hagan, de día en día, menos mella en l a sensibilidad social. Y a se vio en el escaso éxito que obtuvo Dantón como obra de teatro. Ciertas personalidades, al pasar de la Historia a la leyenda, pueden adquirir cierta poesía, como le ha ocurrido a Napioleón el Grande; pero, en general, pierden sus contornos humanos. Cuando pretendemos evocarlas se presentan sus sombras revestidas del sudario del tiempo. D a n t ó n Robespierre, Marat, Camilo Desmoultns y demás compañeros mártires de una revolución que desataron y no supieron conducir, lo que explica el que fuesen devorados por ella, como- Saturno devoró a su prole. L a frase ej de l a época. E l film que acaba de estrenarse en P a r í s compuesto sobre episodios de la vida del gran tribuno, no ha entusiasmado al público. A la gente estas reconstrucciones históricas! e saben a puchero recalentado. E l sentimiento de saciedad es tan vivo, que un crítico llega a preguntarse sí la industria cinematográfica francesa h a b r á caído definitivamente en unas manos destinadas a anublarla. Durante l a representación, un espectador no pudo reprimir este g r i t o ¡B a s t a ya de l a Revolución! E s un dato para inferir de él todo un estado de espíritu. E n E s p a ñ a t e n d t á probablemente mejor acogida, porque ya se encargará alguien de prepararla. E l romanticismo revolucionario, que hace sonreír a toda persona inteligente, tiene todavía aquí no pocos adeptos, y eso que l a idea no inflama ya a la juventud como en vísperas del advenimiento del régimen. L a constancia en el error del gobernante desengaña, tarde o temprano, al gobernado, y nadie puede imped r ie éste atribuya a l a causa lo que no es casi siempre sino el efecto de l a torpeza de quienes ejercen el mando. Pero los hombres no varían en lo fundamental. E n uno u otro marco histórico caen en los mismos egoísmos y reinciden en culpas que acaban por desacreditarles. E n el film estrenado en P a r í s vemos a D a n t ó n en todos sus aspectos: como tribuno magnífico, de los que tienen el privilegio de comunicar, su emoción a 1- multitud y de empujarla en el sentido que convenga; como gobernante, función que reveló toda su indigencia moral en materia de intereses, y, finalmente, como víctima de un régimen que difícilmente habría sido instaurado sin su audacia. A mí, personalmente, no me es del todo antipático ese hombre, con su estampa de H é r c u l e s de feria, su verbo fogoso v sus alternativas de violencia y de bondad. Se desprende de todos sus actos y aun de sus gestos un fuerte calor humano, que, si no los legitima siempre, los excusa a menudo. Dantón, con todos sus defectos, es un carácter, que conserva cierto prestigio sobre l a posteridad, sentimiento mixto de simpatía y de admiración, de respeto y de horror, que no despiertan otros personajes asociados a él por l a fatalidad en la empresa de destruir un orden de cosas para edificar otro menos injusto. Pero se le ha traído y elevado tanto en la literatura de fondo histórico, que ya su reaparición no impresiona gratamente. Otro tanto ocurre con las grandes figuras revolucionarias. L a gente se sabe de memoria sus acciones y sus palabras, y esa Jamiljaridad aei recuerdo con el pasado mengua las probabilidades de que interese un tipo demasiado conocido. Acaso Robespierre alcanzase en el teatro o en el cine m á s segura fortuna. L a hermética personalidad del Incorruptible no ha bajado todavía de l a Historia a la calle. Aunque algunos escritores se hayan esforzado en rehabilitarla, con pruebas de más valor dialéctico que eficaces, l a personalidad de Robespierre permanece todavía en esa región intermedia entre l a H i s t o ria y l a leyenda, que no nos permite verla en sus proporciones jiustas. Como todos los hombres sin apetitos, refractarios al encanto de vivir, Robespierre era un orgulloso, y como todos los que presumen de equitativos, cruel. Nada tan terrible como los austeros que lo son por dispepsia espiritual o sequedad del temperamento. Todo trato con ellos es un peligro, y si ocupan un alto puesto su conducta puede ser nefasta. Dios nos dé l a relación con pecadores o, mejor dicho, con hombres que no aspiren a edificarnos moralmente y que no teman el mostrarnos sus flaquezas. Robespierre pertenece al primer grupo y D a n t ó n al segundo. E s a debe ser una de las razones de su popularidad. Parece que en el cine no interesan las reproducciones históricas. L a gente, apasionada por lo presente, no siente curiosidad por personas, cosas y acontecimientos que están fuera del á r e a de su experiencia cotidiana. Y o considero ese exclusivismo visual como un indicio de atraso. N o tenemos derecho a recusar el pasado como inexpresivo o i n humano m á s que cuando la ficción que lo resucita se aparta de lo real. E n arte no hay pasado ni presente. E l valor y l a categoría de una obra no dependen de esas convenciones, sino de su contenido en emociones y en elementos estéticos. Dantón, evocado por un escritor sin talento y sin habilidad para restituir a ese símbolo revolucionario el vigor de la vida, pasará inadvertido del espectador, como pasaría el mismo Napoleón I, con todo el glorioso centelleo de su nombre. Quizá en el cine, que es u n arte de una dinámica m á s viva que el teatro, el talento y la habilidad para l a evocación del pasado sean m á s necesarios que en l a novela y en l a escena. Los efectos que el autor espera obtener de l a sucesión de las imágenes obedecen a un cálculo distinto del que preocupa al novelista y al dramaturgo. L a s dimensiones del ambiente en qu se mueve, aunque estén compensadas por el concurso de la luz y de l a variedad de los cuadros de la obra, son m á s reducidos que en el teatro, donde el verbo es soberano. E s una opinión mía, que no quiero elevar a l a categoría de dogma, como algunos críticos extranjeros, empeñados en contundir el comentario libre, de la producción escénica con el sacerdocio. e TEMAS ECONÓMICOS Los famosos enlaces H e leído bastantes días después de l a i n terpelación los discursos pronunciados pon los Sres. Salazar Alonso y Prieto, con rno- ¡tivo de la que el primero explanó al segundo acerca del enlace ferroviario matritense. L a impresión de conjunto que se recibe es; é s t a un primer discurso del interpelante, d e s m a ñ a d o una respuesta del ministro, audaz y desenfadada; una rectificación del señor Salazar. Alonso, ceñida y contundente. ¡A h! y una obra suntuaria, innecesaria, costosísima, que no hay modo ni manera de explicar ni justificar. A l g o se ha sacado en limpio: conocer el verdadero coste de la obra. E n l a Memoria; impresa por orden del ministro, para divulgar los objetivos y preparación del enlace, río hay ni rastro acerca de ese pequeño de. talle. E l Sr. Prieto se ufana de haber do cumentado su plan con tal folleto, profusamente distribuido el día en que se inaug u r ó la prolongación de l a Castellana. Pero es lo cierto que en él no se da al curioso lector una sola cifra. A h o r a y a l a conocemos. Asciende a 163.675.62i5 pesetas. N o es moco de pavo, en verdad. Sobre todo, si se considera que pululan los enlaces ferroviarios urbanos, pues, por lo menos, prepara el ministro otros dos: el de Bilbao y el de Barcelona. Sobre los presupuestos respectivos nada se sabe todavía. E n puridad, en esa millonada cabe rebajar una. parte, que, según el ministro, corresponde á obras comunes con el ferrocarril Madrid- Burgos; pero habría que incorporar los millones que al Estado cuesten los edificios o palacios que está construyendo en los terrenos del antiguo Hipódromo, creación suntuaria y urbanística, que de la noche a l a m a ñ a n a concibió el Sr. Prieto, reemplazando al Concejo madrileño. De ese gasto, asimismo fabuloso, aunque no inaplazable ni indispensable, nada dijo el S r Salazar. Pero es tan impugnable como el otro: por la carencia de trámites esenciales, l a premura impetuosa de su realización y otros muchos motivos. He aquí unas cuantas anomalías proce sales del famoso enlace: Primera. Se comenzaron las obras finque existiesen proyecto, ni presupuesto completos. L o decían los técnicos en su M e moria E l presupuesto de cuanto queda i n dicado no es necesario formularlo ahora, porque las etapas del plan no inmediatas se han de desarrollar en épocas, m á s o menos remotas; pero, desde luego, algo lejanas, en que los precios, son ahora desconocidos. Respecto a lo inmediatamente realizable, se, están redactando proyectos, y los presupuestos están en estudio. H e a q u í u n caso agudo: se subastó el trozo de Fuencarral, al paso del río; se adjudicó... y las obras río pudieron comenzar, porque el proyecto no estaba terminado. Segunda. Se realizan las obras sin- que se haya, resuelto previamente el problema financiero futuro. P o r de pronto, las costea el Estado. ¿P o r su cuenta, a título, definitivo? ¿P o r l a de las Empresas enlazadas? Nada se ha dicho. N i tampoco sobre l a explotación futura de esos 21 kilómetros de enlace. ¿V a a tomarla el Estado para sí, no obstante tratarse de una v í a de enlace entre varias redes privadas? ¿V a a subrogar a las Compañías concesionarias de estas redes? ¿C o n qué requisitos y condiciones tal subrogación? Misterio. Todo es enigma. Todo se descifrará m á s adelante. L o único positivo, desde ahora, es que el Estado paga. Tercera. L a realización de los trabajo! es incoherente, p o r q u é aún no existe un plan unitario y de totalidad. E l Sr. Salazar A l o n so reclama que se envíe el proyecto al Parlamento. E n efecto: le remiten los de catorce o quince trozos, que son una parte, casi mínima, del proyecto total. Alguno, n i si 1 1 E n resumen: a juzgar por lo que estamos viendo, l a Revolución francesa t a r d a r á en reaparecer en el teatro o en él film, porque como el cineasta y el dramaturgo aspiran a un éxito m á s positivo que el que implica el bostezo del espectador, buscarán otros motivos para divertirle. Hacer lo contrario sería insensato. TTr MANUEL BUENO LIBRERÍA G E N E R A L D E PRECIADOS, 48, MADRID Menéndez y Pelayo. La Ciencia Española (476 páginas) Tomo I (X X de las Obras Completas) 20 pesetas. Pastells (R. P. Pablo) Historia de la Compañía de Jesús en las provincias del Paraguay Tomo V. 20 pesetas. Azcárate (Gumersindo) Estudios religiosos 5 pesetas. Cotarelo (Armando) Historia crítica y documentada de la vida y acciones de A l fonso III, el Magno, fiHirnoKeyj de Asturias 50 pesetas, SUAREZ
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