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NUMERO EXTRAOR D 1 NAR 1O20 C E N T S AÑO V I GES, 1 M O JÜ NUMEROEXTRAORD 1 N A R I O 20 C E N T S NOVENO. LA J 1 L DE I DUERO AÑO VIGÉSIMO NOVENO. PATRONA DE A R A N D A LA V I R G E N N muchos pueblos españoles se celebra hoy con toda l a solemnidad propia de la conmemoración (trasladada al segundo domingo del mes) l a Natividad de Nuestra Señora, que es, bajo l a advocación de l a V i r g e n de las Viñas, la P a t r o fta de l a histónca v i l l a castellana de A r a n d a de D u e r o Fiesta simpática, impregnada en el místico perfume, mezcla de candor y de sana alegría, que el fervor popular pone en las puras y francas expansiones del sentimiento. A ella v a n dedicadas estas líneas, entretejidas c o n recuerdos de l a infancia, y a que. en mis primeros años, lejanos, por desdicha, solía pasar e n la acogedora localidad ribereña l a temporada estival. E s t o fué, desde el 83 hasta el 88, cuando el viaje n o se hacía con l a rapidez y la comodidad de ahora, pues había que embutirse por espacio de diecinueve interminables horas e n l a diligencia, que se tomaba en la calle de Alcalá, junto al V e l o z Club, o sea, aproximadamente, en el sitio en que hoy se encuentra el Casino de M a d r i d E l i pesado artefacto salía a las siete y media tie l a tarde para llegar a A r a n d a a las dos y media de l a tarde siguiente. Ésto, en verano, porque e n el invierno, y sobre todo cuando l a nieve cubría el trayecto compren d i d o entre B u i t r a g o y Somosierra, los atascos menudeaban y era preciso substituir las cinco caballerías del t i r o por yuntas de bueyes, que arrastraban trabajosamente el coche con sus pasajeros, para atravesar el puerto, durando el viaje en estas circunstancias más de las veinticuatro horas. Y sin embargo, esto representaba entonces u n progreso sobre las antiguas galeras; pero 3 a falta de otros medios y l a ilusión de viajar, sobre todo cuando uno se i n i c i a ba e n tales aventuras, como me sucedía a m i en el primero d e los años citados, c o m pensaba de todas las molestias. L a carretera, ancha y bien cuidada (aunque sin llegar a las magníficas que desde hace seis u ocho años disfrutamos) el cielo purísimo y sereno de Castilla y l o bello del panorama prestaban nuevos atractivos al vü je. A l a ida, e n los primeros días de junio, los extensos trigales, como u n vasto m a r de oro, moteado por los puntos tojos de las amapolas, contrastaba con el verde obscuro de los álamos frondosos y el más claro de los chopos cimbreantes. E n cambio, a la vuelta, y a a fines de septiembre, ponía el otoño sus oros en las hojas de los árboles, mientras l a campiña 3 e cubría con el verde jugoso d e las vides. L a v i l l a aparecía risueña y acogedora, contemplándose desde el D u e r o de tersa y límpida corriente y de orillas pobladas de frescas huertas y de espesas alamedas, el abigarrado conjunto de las edificaciones, descollando sobre todas ellas el torreón que se alza al extremo del pítente, y que en t empos constituyó su defensa; y ias torres de S a n J u a n y de Santa M a n a en las que todas las primaveras las cigüeñas construían DE LAS VIÑAS E Ei viaje a Arandd. stis nidos, que eran como atalayas sobre el desigual caserío. Dejemos por ahora el poblado, y, al compás de la banda de música, que se encamina al Santuario, marchemos también c o n toda la caterva de c h i quillos, aguantando p i sotones y codazos, e n tre el repique de las campanas, los acordes de? a. música y el estampido de los cohetes. H e m o s dejado atrás la plaza, la parroquia de Santa M a r í a- -c o n temporánea de los R e yes Católicos- -y C a s cajar, y, después de pasar por l a fuente de M i n a y a y por el H u milladero, dejando a u n lado las huertas y al otro las eras, hemos llegado a la sombreada alameda de la V i r gen, de recios y c o p u dos árboles y a l f o m brada de césped. Lo fiesta de la Virgen. Estamos en la a m plia exp ana oue sé extiende ante el Santuario. E s el día de la fiest. -L T o d o lo invade ia regocijada muchedumbre. L o s muchachos se encaraman en el ancho pretil q u e bordea la glorieta, eh el pilar de l a fuente, en las ventanas de la ermita, en las c o l u m nas de la lonja, y g a tean por los á r b o l e s para buscar acomodo, apretujándose en l a s LA V I R G E N D E L A S V I Ñ A S P A T R O N A D E A R A N D A ramas, como racimos humanos. que n o se l a arrebataran, recibiendo ellos Millares de almas han acudido dé los pueel martirio. M u c h o tiempo después, reinanblos comarcanos; pero aunque ta nave de do R a m i r o I, parece ser que u n devoto l a la ermita es amplia y desahogada, sólo una brador, cavando en el lugar en que hoy se parte mínima puede penetrar en el templo, levanta la ermita, descubrió l a imagen, teniendo que permanecer los más afortunaquien dio al labriego, para que fuese creído dos en el anchuroso patio y los restantes por sus convecinos, dos verdes racimos, a en la vasta explanada de que se ha hecho pesar de no ser la estación propicia. M i l a mención. gro tan patente encendió el fervor de los N o es posible darse idea del amor y de honrados vecinos, y l a villa adoptó a la l a devoción que profesan los arandinos a V i r g e n por su Patrona, bajo la advocación su venerada Patrona. Refiere l a tradición de Nuestra Señora de las Viñas, construque la sagrada imagen procedía de L a r a yéndose e n el monte de Costaján l a p r i de donde unos cristianos a quienes persemitiva ermita, a l a que h a sucedido en el guían los moros tuvieron que trasladarla, mismo emplazamiento l a que existe ahora. ocultándola en él término de A r a n d a para
 // Cambio Nodo4-Sevilla