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gusto del público- el falsete de los tenores de moda que por torpe creencia o por escasas facultades, confunden lo de. icado con lo mujeril. Y a son muchos dúos de Doña Franásquita en los que dejaron sentado, como una- necesidad imprescindible, que el Fernando tenga voz de mujer mei. ndrosa y de hombre iracundo la Beltrana. Con ser muy varonil la voz del cantante a que me refiero, parece que tuviera tres colores: es una voz parda en el registro g r a ve; engolada y demasiado clara en el centro, y sólo redonda y rica de armónicos en los sonidos agudos. Digo que parece, porque no es natural esta diferencia de timbres en un solo individuo cuando no es él mismo quien deliberada o inconscientemente la procura. Cuando una voz no está enferma suele ser igual en todos los registros- -y ésta es la m á s bella cualidad de un cantante, que se advierta, sin verlo, que canta siempre el mismo, y que es uno el instrumento- y sólo a defectos de emisión debe achacarse la desagradable variedad de sonidos. E n mi tenor, en éste en quien pienso al escribir, probablemente, es pardo el sonido grave porque él se empeña en aumentarle la sonoridad y lo apoya todo en el pecho y espira demasiado aire; es engolado y claro el sonido medio, porque por ascender cómodamente y dulcificar el timbre, dobla hacia a t r á s la lengua, levanta la cabeza y apoya la voz en el fondo de la garganta, con lo que, el sonido se queda a t r á s y al no golpear el aire en las partes duras de la boca obtiene menos resonancias, y es redondo, vibrante y justo en las notas agudas, porque en ellas la columna de aire va bien dirigida, y al resonar en. el paladar, en los dientes, en las fosas nasales y hasta en los cartílagos de las orejas, se enriquece de armónicos y adquiere todas sus calidades de broncínea intensidad. P o r lo demás la voz está libre, elástica, blanda, maleable, pronta y fácil, a expandirse y recogerse en todos los reguladores C u i- dado del cantante debe ser ahora igualar sus registros, sin confiar demasiado en sus propios oídos, y sí en los de un maestro o hasta de un aficionado amigo, que sin enseñarle el mecanismo- -no le hace falta- -le diga la verdad del resultado. S i n dejar nunca de vocalizar, una hora al día, por netas tenidas, cantando siempre con el mismo apoyo, pasando casi insensiblemente, hacia arriba y hacia abajo, de medio en medio tono, además de afirmarse l a afinación, y ello no le importa a este cantante de afinación perfecta- ¡otra de sus grandes virtudes! la voz se empasta los sonidos, por cercanos en el tono, tienden a parecerse unos a otros, y como el modo de emisión es igual en todos, se igualará todo el timbre y será una sola la voz sana, que siendo sana y saliendo de un solo ixlSviduo, no tiene cómo ni por q u é pluralizarse. U n poco más obscura, un poco m á s clara; mas o menos intensa y e n é r g i c a pero siempre con el mismo color. Y a metido en faena río quiero dejarme en el tintero algo referente a la pronunciación. A l tenor de mi cuento le oí la otra noche pronunciar cantando, u n momenento por un momento, y á l a m a por alma, y son muchos los que cantan, pirincipio y p i r m cesa por principio y princesa. Creen asi, con tan lamido silabear, embellecer de suavidad y delicadeza el canto. ¿P e r o no hay un director de escena, o el mismo de la orquesta, que les afee a tiempo tan disparatada cursilería? E l vicio viene de algunos tenores italianos, de su afán di abellire, que dicen ellos. E n Italia suelen llamarles Icsiosi, que deriva de lezio, y que significa dengue o melindre. A un tenor, célebre por cierto, que había nacido en el propio Milán, le oí terminar así la romanza de Aída: Un torono vidrio ale. sol en vez de wi trono vicino al sol, y era de oír- de no oír! -cómo se recreaba en el to- ro- no Este vicio de excesiva delicadeza, es manía italianizante muy difundida entre los tanguistas argentinos Pienensa que todo es menentira pienensa qus nada es amor... ¡Franca y absolutamente insoportable! Pero si el vicio es italiano, también lo es, ante todo y sobre todo, la virtud contraria, que las normas del bel canto único en el mundo, ordenan pronunciar con fuerza y con exactitud las consonantes. A l revés de lo que piensan los malavisados, que el sonido sin articular es m á s fácil el apoyarse en las consonantes asegura una buena impostazione A s i al vocalizar, que es cantar sobre una sola vocal, será conveniente agregar una consonante, la letra ele, por ejemplo, y hacer con la sílaba la, escalas y arpegios. El! o abre el fondo de la garganta y obliga a bajar de golpe la lengua, del paladar a la mandíbula inferior, con lo que el sonido sale más libre y de una, como bocina, m á s amplia. E l secreto del bel canto italiano no está sólo en ligar y portare con buen gusto los sonidos- -hay que usar el instrumento de viento, que eso es, la voz, con el procedimiento suave de un instrumento de cuerda y arco- -sino en la pronunciación clara y limpia y recortada a que obliga el idioma. Todas las combinaciones ternarias de dos consonantes y una vocal, bla, ble, bli, pra, pre, pri, etc. etc. llevan la voz adelante, si las consonantes muerden a la vez, y muy fuerte, la. vocal. Así, en la salida de La tempestad, por ejemplo, Salve costa de B r e t a ñ a mientras un tenor español pronunciará débilmente la sílaba bre, y un amanerado cantara B e r e t a ñ a -c a y e n d o en el v i cio que censuro- -a un italiano que sepa cantar les sonarán rodando cien erres fortísimas en B r r r r r e t a ñ a con lo que la voz, clara y bien fuera, le resonará en el paladar y en los dientes. Y nada m á s por hoy. ¿Que cómo se llama el tenor? ¡A h n o eso n o! Cuando pueda elogiarlo cumplidamente, sin un pero, y me parece que ya va a ser pronto, estamparé con alegría su nombre. N o ahora, cuando lo acompañan unos consejos que pudieran parecer reparos. Pero no son m á s que consejos, dados sin acritud y con buena intención, que a él y a muchos cantantes convienen, y que generalmete desoirán. Después de todo, de esto y de cuanto ocurre; con aplauso increíble, en esos teatros, a mí, ¿q u é? De Lope de Vega, nada menos, que el consejo poco escrupuloso: E l vulgo es necio, y, pues lo paga, es justo... E l vulgo es necio, sí señor. ¡Y yo, tonto! FELIPE S A S S O N E i TEATRO RETROSPECTIVO Los valores de la palabra E n las representaciones retrospectivas que podían ofrecer el supuesto Teatro dé J u ventud, de que hablábamos cierto día, teatro capaz de sorprender en las formas mismas del pasado las rutas de lo por venir, no o l vidaríamos seguramente el nombre de M a rivaux. E l l o quizá sorprenda de momento al pensar que el sutil comediógrafo francés pareció limitarse a reflejar la sociedad del s i- rtfeiLA M A S E F IC A? -KVA O U A PURGANTE vK NATURAL QUE glo x v n i cuando los esplendores de Versalies. presididos por la figura escéptica y galante de Luis X V alumbraban una decadencia que iba a desembocar en la más honda de las transformaciones sociales, en tanto que los relámpagos primeros del no lejano temporal semejaban otro juego ingenioso más en medio de aquel magnífico desbordamiento del espíritu. E l finísimo temperamento de Marivaux tenía que percibir o sentir, por lo menos, ciertamente la metamorfosis que se estaba operando, merced a una ascensión de lo burgués y lo popular, que comenzaba á borrar los límites enérgicamente mantenidos hasta entonces. De ahí que sus personajes adoptasen una actitud y un tono desconocidos anteriormente, y que hasta sus criados adquiriesen una importancia efectiva y unos modos insospechados, fenómeno que anunciaba ya el advenimiento de F í garo. Precisamente, u n a de sus obras más entretenidas y famosas, El juego del amor y del asar, parece un trasunto de Amo y criado, de Rojas Zorrilla, lo que prueba, una vez más, l a condición oríginalísima y precursora de nuestro antiguo teatro. Porque si D Juan de Alvarado deja en la comedia española que D o ñ a Inés le tome por criado, y al que lo es en realidad por su pretendiente, imponiéndose l a simpatía y el amor a la aparente diferencia social, en la francesa se disfrazando mismo Silvia que Dorante, creyéndose sirvientes entre sí. A h o r a que si el autor de García del Castañar considera necesario recurrir a una segunda acción justificativa del otro título Donde hay agravios no Ixay celos, al autor de Las sorpresas del amor le basta con la inclinación minuciosamente analizada de sus dos personajes principales, sin perjuicio de coincidir ambos poetas en la. unión de las dos parejas de servidores, equivocadas igualmente a través de las jornadas, Lisette y Pasquín, y Beatriz y Sancho. Por eso una representación de F. l juego del amor del asar sería altamente curiosa en relación con el paralelo que acabamos de esbozar. Pero Marivaux, además, al recoger la t ó nica dé su tiempo e influido, sin duda, por él, lograba captar las vibraciones más sutiles de la sensibilidad, analizándolas hasta el extremo y pesando huevos, de mosca en balanzas de hilos de a r a ñ a como le dijo Voltaire, supo prestar categoría a la ligereza y pasar sin peligro y con la m á x i m a elegancia entre los escollos del atrevimiento. Todo por obra y gracia de la palabra. E l analítico, en efecto, estaba en posesión del instrumento expresivo, y la maravilla de su verbo, recordada con el calificativo de marivaudage, concedía a. su teatro el tono requerido en l a exploración del amor incipiente, con su cortejo de temores, esperanzas, embriagueces y deslumbramientos, m á s sugestivo para él que el amor mismo en plena floración. Admirador de las m á s c a r a s y de los cómicos italianos, y de la libre improvisación de la commedia dell arte, modernizaba de paso su íntima saturación de teatro dentro de la atmósfera que respiraba. Las sorpresas del amor y Las falsas, confiuenc: as son obras harto significativas. Y ahí está Arlequín pulido por el amor, donde Arlequín aprende m á s en un minuto de la pastora Silvia, que de las sabias lecciones del hada. L a palabra, en suma, toda, matiz y preciosismo, justificaría la exhumación de M a r i vaux en unos tiempos como los actuales, en los que retrocede asustada ante las audacias espectaculares del animador. Sin que deje de ser interesante l a evocación de! a sociedad dieciochesca, sociedad en trance nivelador que hubiera ofrecido por cierto a M Héfg exodentes- perspectivas. r 5 V NO IRRITA JOSÉ A L S I N A