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campo mismo, sin estar muy seguras de sus limites, y una caiie que empezaba en urbana acababa en rústica, casi sin darse cuenta. Las casas disminuían de estatura, surg í a n gallinas en las cunetas, y aparecían por ¡talones de corrales para que entrasen bien los carros cargados hasta reventar de paja, de ramera o de pinas. Pero si el campo esÚaba próximo, curioseando la ciudad y metiendo en ella su color, el pueblo o, a ú n ¡mejor, los pueblos estaban lejos. H a y que ¡recorrer los pueblos de España, y que v i v i r e n ellos, y tratar a sus gentes, y oír sus aníllelos y sus súplicas, para darse cuenta de lo que es el campo español. Durante mucho tiempo los pueblos españoles han permanecido mudos, resignados y metidos en sí, y, sin embargo, se sentía en ellos la pequeña política quizá con más pasión que en parte alguna. L a política en un pueblo español no tenía nunca un carácter nacional. E r a del modo más elemental la l u cha entre Capuletos y Mónteseos, y liberales y conservadores representaban en esta l u cha verdaderamente campal las fuerzas adversarias cen sus jefes visibles, a los que se daba el nombre de caciques. L a influencia política se desarrollaba siempre en el reducido círculo del término municipal, y todo conducía a obtener favores personales, destinos en la ciudad y fácil acceso en los establecimientos de beneficencia. E l concepto de nación no cabía en estos pueblos, y la actividad política no representaba para sus habitantes sino un medio de medro y ele baja influencia. U n a profesión, en suma, que adoptaban los hombres para vivir sin trabajar. Tales conceptos crearon en los pueblos un escepticismo disolvente. Oían un discurso como quien oye llover, y no toleraban otras propagandas políticas que las electorales, fácilmente cotizables en influencia persona! en colocaciones y aun en dinero contante y sonante el día de la elección. E l político ofrecía escuelas, caminos, fuentes, pantanos, devolver a la comunidad montes y terrenos... y éste era el eje de la propaganda, la cotización de la influencia. L a República advino sin tener en. cuenta para nada a los pueblos. Y éstos no protestaron por el desaire. Se acomodaron al nuevo régimen como pudieron, y nadie protestó de que no se computaran los votos del campo, quizá seguros cíe que nada valían. Pero ahora surge quizá el fenómeno más importante que se. ha dado en la política española en la edad moderna. Que los pueblos españoles reviven. Que ya no se puede goMANIFESTACIÓN DE DUELO. -La comitiva fúnebre del ex alcalde de la Cor- uñabernar de espaldas a los pueblos. Que sus Sr. Lens Viera, al salir del Ayuntamiento. (Foto Cancelo. votos se cuentan, se miden y se pesan. Quizá la fuerza política m á s sensible que en estos momentos actúa en la vida nacional sea la de evolucionar como coristas, coros de mozas y los pueblos. Y esta reacción, posiblemente de mozos... ¿P e r o es posible que una realisalvadora, l a ha provocado. el socialismo. dad tan evidente pueda reducirse a una España ha vivido durante muchos años Porque el socialismo español no iba a ser fórmula tan imaginaria? E r a éste todo el de espaldas al campo, aun contando que la menos que los demás partidos políticos, y reflejo que el campo tenía en Madrid, y el llamada generación del gS exaltó los valores vivía de espaldas a la, realidad de los puehomenaje que se le rendía, éste de la zary la emoción del paisaje. Pero el paisaje coblos. zuela de costumbres regionales, con un salrresponde a la estética, en tanto que la vida do de trapos que no se han vestido nunSerá un insensato quien permanezca i n de los burgos pertenece a l a política. E l ca en ningún pueblo de España. De ahí diferente a este fenómeno. E l político que campo apenas existía para el político espala influencia que en la política ha tenido sepa interpretar fielmente esta inquietud poñol, y si alguna vez se hablaba de la po- la guardarropía, y el concepto de Arcadia lítica de los pueblos de E s p a ñ a s e r á el único lítica de calzón corto era como pudiera hay de país de abanico, con corderos perfuque pueda hacer una política nacional. L a s cerse de una especulación filosófica, sin enmados, que los políticos españoles tenían próximas elecciones las decidirán los puegranarla nunca con la realidad viva del camdel campo español. Poner puertas al campo blos, y ello equivale a que los pueblos irrumdecíamos, a veces, en un juego metafóripo español. Y este desdén hacia los puepan en la vicia nacional, accionen dentro de co, sin darnos cuenta de que Madrid, sede blos no correspondía solamente a la polítiella, tomen los instrumentos del mando e ca, sino a todas las actividades naciona- de la Administración española, vivía totalimpongan, al fin, una política de realidades, mente cerrada a l campo. barriendo de una vez para siempre l a r e t ó r i les. Zarzuelas de costumbres, novelas y draca y el tópico. mas regionales, todo virtualmente falso y A las capitales de provincia las pasaba convencional, y así tenemos un concepto, aralgo semejante, aunque el campo estaba en bitrario de los campesinos, a los que vemos ellas más cerca. Muchas se fundían en ei FRANCISCO D E C O S S I O POLÍTICA D E L CAMPO