Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
M a s con todo es muy luego lujosa estancia para quien no tiene con qué pagarla, y ha de abandonar su refugio mísero para errar por las calles cortesanas en busca de huésped bondadoso y de editor de sus versos. N o encuentra quien lance un volumen de sus obras al mercado, pero sí un mísero destinillo en la Dirección de Bienes Nacionales, perdido pronto, porque en vez de llenar el p a pel que el Estado pone ante sus ojos de considerandos y cifras lo adorna con dibujos de Hamletos y Ofelias. Consuelo de sus horas sin pan y sin refugio son las notas que surgen bajo los dedos del pianista Z a m o r a a cuyo lado pasa la mayor parte del tiempo. N a r c i s o Campillo habla as de tales días: D a n d o pormenores de este período de l a vida de Bécquer temería ser indiscreto, fuera de que en sus mismas poesías hay lo bastante para comprender lo que son días s n pan, noches sin asilo y sin sueño, padecimientos físicos y congojas m o r a l e s S u magnífico intento, iniciado por este tiempo, de la Historia de los templos de España no pasa del primer volumen, y el esfuerzo, sumado a los diarios de encontrar pan y abrigo, vence a su naturaleza débil, y en el verano del 58 hace su primera a p a r i ción la enfermedad que ya es compañera suya a lo largo de toda su vida. U n ataque de hemoptisis lo retiene e n el lecho durante dos meses, y es en su convalecencia cuando encuentra un día, asomada al balcón de una casa modesta, l a mujer rubia, cuya imagen vuela de una rima a l a otra en la obra entera de Gustavo Adolfo. N o quiere acercarse a ella para conservarla pura de todo materialismo en su pensamiento; pero cuando al cruzar bajo su balcón caza con sus ojos una mirada, acaso indiferente, se Je estremece el corazón con una alegría no sentida nunca, y le sonríe el cielo y l a tierra, y cree en D i o s H a c i a e l año 60 encuentra más estable acomodo en l a Redacción del Contemporáneo, y luego González B r a v o lo toma bajo VEKUELA. PUERTA DEL TEMPLO indiferentes; pero cuando tras una linca adivinamos el dolor de los pensamientos que lá forjaron, aquella amargura salta hasta los nuestros y los llena de brumas. A c a s o entre todos los poetas del romanticismo español Bécquer sea el único sincero, y esto es calidad máxima, troquel donde se forja lá emoción del que lee, Millevoye escribe una semana antes de su muerte: R o g a d por mí y no hemos de saber esta circunstancia para que aquella congoja del poeta tísico sea de nuestra g a r ganta al leer su plegaria. Gustavo A d o l f o (llora con lágrimas antes de llorar con palabras, y más de una vez logra que se nos empañen los ojos c o n las brumas de los suyos. H i j o de un pobre pintor sevillano, muerto cuando eran menester sus talentos escasos para abastecer de lo más necesario a su f a milia, su infancia es intranquila; anda de una casa a l a otra, de la de su madre a la de su madrina y protectora; de una a la otra enseñanza, de mareante a pintor, y todo queda en poeta, que es, como dice Mallarmé en u n delicioso capricho, aún menos que un abate; acaba en. poeta, y él cree que es ser, no menas que abate, sino más que mitrado, y que sus versos han de traerle abundancias de la Fortuna camo colofón y remate de u n largo capítulo de elogios de la F a m a L l e g a a M a d r i d un dia de otoño del año 1854, c o n pocos años, menos dinero y muchas esperanzas, y se acomoda en un mísero hotel de la calle de Hortáleza. E r a un cuarto muy reducido- -dice su a m i go Julio Nómbela- que no tenía más luz que la recibida por un ventanal- que daba a u n estrecho patio. SALA C A P I T U L A R D E L MONASTERIO D E V E R U E L A
 // Cambio Nodo4-Sevilla