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DIARIO DO. ILUSTRAVENO E L i. DIARIO DO. ILUSTRA- A Ñ O V 1 G E- AÑO V 1 GE- SI M O N O S IM O N O V E N O 10 C T S N U M E R O D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A de serlo antes de haberlo sido. ¡Tremenda y paradójica desdicha! ¡H a b e r atravesado un océano y naufragar en tierra! Menos mal que a ú n j e ¡ueda al- señor Sánchez Albornoz cierto consuelo deportivo. Acaba de machacarle el record al señor Franchy Roca. RAMÓN LOPEZ- MONTENEGRO 10 C T S N U M E R O PUNUADQ EL NA VE GANTE S OLÍ T A R 3O Entre la expectación despertada estos días al descorrerse la cortina para empezar el tercer acto de este drama político que está representando E spai. a en su escenario principal, muy pocas habrán sido las personas que se han dignado parar mientes en cierto ciudadano a quien el director artístico hubo de distinguir con un papel de gran- categor í a Y sin embargo, el personaje al que estoy refiriéndome ha ofrecido quizá un- mayor interés que todos los que vienen figurando en los comienzos de la nueva jornada. Don Claudio Sánchez Albornoz- -que así se nombra y se apellida el personaje- -se hallaba en- la- Argentina, dando unas conferencias, cuando el Gobierno del Sr. A z a ña, que es su jefe político, fué declarado en crisis. L a figura del Sr. Sánchez Albornoz empieza en este punto a ser interesante. M u y lejos de su Patria, percibe el desmoronamiento de una situación en la que obtuvo el Rectorado de la Universidad Central, y ve; que su. partido de. Acción Republicana pasa a segundo término. A ú n confía, tal vez, el expatriado en queda capacidad adhesiva de su tenaz caudillo triunfe de nuevo, sobre! las circunstancias. E l cable submarino adquiere entonces, un valor g i gantesco ante los ojos engatados del señor Sánchez. Albornoz, que está pendiente a to, das horas de sus palpitaciones más. insignificantes. ¿S a l d r á fortalecido A z a ñ a con. otra ratificación presidencial? ¿S e habrá eclipsado definitivamente? ¿Q u é situación se creará tras él? ¿Será Lcrroux el encargado de formar un Gobierno? ¿L e h a b r á n dado el decreto disolvente... L a silueta de Hamlct adquiere proporciones estupendas a la vista del docto catedrático. ¡Q u é horas de incertidumbre! S i estuviera en M a d r i d Pero, ¿quién iba a imaginarse que un gran jinete como el Sr. Azaña no aguantara a caballo, aunque fuera agarrándose a las c r i nes, hasta que el Sr. Sánchez Albornoz estuviese de vuelta? Y ahora, ¿cómo arreglárselas, para trasladarse a Madrid a tiempo de tomar una parte en los escarceos políticos? E n tales conmociones no conviene anclar lejos del foco principal. Y si esta lejanía comprende un océano, la inconveniencia ofrece riesgos de un perjuicio evidente. ¡A h si el Graf Zeppelin se hubiera puesto a tiro! E n fin, no hay otro medio que aguardar a pie firme los acontecimientos. Y llega un día l a noticia bomba Lerroux forma Gobierno y a Sánchez Albornoz se le designa para desempeñar la cartera de Estado, Los periodistas bonaerenses felicitan al S r S á n c h e z Albornoz. Mas el nuevoministro. desconfía. ¿Cómo va a ser verdad que a: un azañista como él... Lerroux. y ha llándose tan lejos del laboratorio político... ¡Bah! S i n duda se trata de taja equivocación. A veces, los cables submarinos no saben lo que dicen. Pero, después de todo. ¿p o r qué no? ¿N o puede- ocurrir aué... O h dioses, qué tortura! ¿Quién se sienta: a l a mesa con el reposo necesario r cómo dormir tranquilo, sin saber categóricamente: si. uno es, ministro o no? Para el miembro expatriado de Acción Republicana nunca transcurrieron las horas con tan desesperante lentitud. Su febril imaginación disponía de tiempo suficiente para, deshojar to: das las margaritas de unos campos inmensos. A l fin, la ilustre investidura se confirma con todos ios marbetes oficiales y el nuevo consejero de la República española decide regresar a su país. ¡O h genios del laicismo, qué eternidad de v i a j e! ¡Q u é poco h á adelantado la ciencia de la navegación en orden al asunto de la velocidad! Metido en aquel buque, el importante pasajero prosigue deshojando margaritas. ¿Q u é encont r a r á e n E s p a ñ a cuando llegue? ¿N o h a b r á surgido alguna nueva crisis y no será m i nistro... ni siquiera rector de la Universidad? ¡Los acontecimientos marchan hoy tan aprisa... ¡Mucho m á s qué los barcos 1 A l Sr. Sánchez Albornoz se le. antoja su viaje como si fuera el de. una; novia que se. hubiese casado- por poder y temiera que, al llegar ál país en que se halla el marido, éste hubiera cambiado de opinión y entablado el di- vorcio. Pero, además, no había prometido el cargo; no había tomado posesión del mismo, y, en tales circunstancias, si ocurriese... lo que no quería pensar, ¿le quedaría algún derecho a la jubilación? ¡Q u é viaje más horrible! UN ESP A Ñ OL ¡A h! ¡P o r fin... ¡L a s gaviotas... ¡T i e rra! ¡T i e r r a! Colón, no pudo sentirse m á s fuertemente impresionado que el Sr. S á n chez Albornoz. Y a el ministro de Estado se halla al frente de su departamento. Y a los fondillos de sus pantalones han recibido la caricia aterciopelada del banco azul. Y a puede presentar- a las Cortes un proyecto de ley o puede redactar un decreto que diga: Artículo- único. Cuando r e c a r g a un nombramiento en algún ciudadano que se encuentre fuera del territorio español, podrá adquirir aquél su validez máxima, en relación con todos los efectos civiles, con sólo acreditarlo ante uno de nuestros embajadores, ministros plenipotenciarios, encargados de Negocios o cónsules, o simplemente ante el capitán del buque o el conductor del tren en que regrese a E s p a ñ a el agraciado. E s lo menos que puede, hacer el Sr. S á n chez Albornoz en memoria dé unos días horribles. Como puede advertirse, la última parte del relato fué soñada por el viajero cuando desembarcó en la noble Lusitania. E l hombre sueña casi siempre con sus. propios afanes. Pero, ¡a y! que, al despertar, ya no era tal ministro de la República española. D e j ó Rogamos a cuantas personas v entidades nos remiten notas para su publicac i ó n en A B C la m á x i m a c o n c r e c i ó n v s í n t e s i s en los t é r m i n o s de las mismas. Nuestro deseo sería no poner limitaciones a la acogida propicia que esos escritos nos merecen: pero los apremios de espacio, motivados por la notoria c o n g e s t i ó n de informaciones, nos obligan a una severa s e l e c c i ó n de originales. Tendremos, pues que des estimar las notas extensas o extractarlas por nuestra cuenta cuando el asunto lo merezca. r H a muerto D J o s é Matres T o r i l íntimo amigo del general Sanjurjo y procesado con motivo del i o de agosto. L a primera vez en mi vida que hablé con M a t r é s fué en l a Cárcel Modelo. de Madrid. Afable, correctísimo, tornábase oseo y reconcentrado cuando la curiosidad abogadil o periodística trataba de penetrar a las más recónditas causas de su procesamiento. V o l ví a verle en el banquillo ante la Sala sexta. Allí se erguía frente a figuras torvas, y cuando Sanjurjo lloró al mencionar el nombre de España, él lloró también. E n el j u i cio no intentó exculparse, bien es verdad que no le hacía falta, pero había otra razón P a r a mí, hube de oírle exclamar durante l a celebración de aquellas sesiones, ¡sería ún honor tan grande ser condenado con Sanjurjo! Modesto funcionario, probo. y pob s, M a tres vivía una doble existencia: obscura l a una, magnífica la otra. U n a la, del oficinista que pasa con más pena qué gloria por su P a t r i a la otra, la de íntimo amigo de un héroe. -E n este último aspecto, quién sabe cuánto queda de Matres entre los bastidores de nuestra H i s t o r i a! Absuelto ya, en la calle, vivió la existencia atormentada del hombre que ha visto encarnarse un ideal y que se ha visto luego apartado de quien le encarnaba. Atormentado, por la, seria dolencia que adquirió en la Cárcel Modelo de Madrid, y que finalmente le ha llevado al sepulcro, Matres m i raba atónito de un laclo: a otro en una i n consciente búsqueda. E s t o y seguro que en los cafés populares, en los paseos bulliciosos, -la vista, tan; acostumbrada a z crie, hacía llegar a su cerebro la imagen heroica: ¡el general! M e recordaba Matres aquellos viejos gra- naderos: de Napoleón que, mediado ya el s i- g l o x i x llenaban Francia con un eco continuó de- las gestas, gloriosas, -y contando sus historias- a los niños labraron un bello ideal patriótico, que ha contribuido no poco a l a Francia grande. Y. es el, caso que quien tuvo la suerte de ser tanto en la vida de un héroe, que quien llegó a padecer poi él, ha muerto... por E l último; -pensamiento de Matres, humilde hombre civil que la grandeza de su alma eleva ya al rango militar, pues militar, después de todo, lo es tínicamente el que tiens la constancia y el valor militante, voló a buen seguro hacia el Dueso, y. si. es verdad que en los momentos de la muerte los sentidos se agudizan rayado en lo milagroso antes de desprenderse el alma del- cuerpo, cuando ¡Matres era aún u. 11 hombre, S a b r á recibido e ¡envío de tina corona inmaterial de flores perdurables; EL DUQUE DE CANALEJAS