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lia, que usted conoce a fondo, y doiide ni el cultivo del latín n i ei florecimiento de los estudios filológicos han padecido mengua a l jruna, antes al contrario, durante el período subsiguiente a l a desaparición de l a h etimológica. Pero todo esto, amigo Sassone, es agua pasada. Y a no es hora de discutir si, teóricamente, hubiera sido preferible physiognotnia a fisonomía, o si cuanto es mejor que quanto. L a cuestión se resolvió de Hecho hace m á s de cien años y a nadie se le ocurre hoy, que yo sepa, desandar el camino andado. L o que se ventila actualmente, l i m i tándome al ejemplo de l a h, es saber si conviene continuar la simplificación emprendida o si, después de haber eliminado l a h de Christo rhythmo theologia etc. que era exclusivamente etimológica, hay motivos para mantener otras haches que no ostentan mejores títulos. Pasemos al punto segundo. Confieso que se me ha caído el alma a los pies al ver que, después de. declararse usted conquistado por mis artículos a favor de l a ortografía fonética- -cosa que me había henchido de orgullo- pone el grito en el cielo con sólo imaginar la posibilidad de que guerra se escriba sin a. Piense usted- -me dice- -en l a razón de los ojos, en el gusto de los ojos. Pienso a s í pero lo que pienso es que ¡m e he lucido como apóstol del fonetismo si el convencimiento que inspiro en mis lectores es tan pobre que se quiebra al primer encuentro! E l gusto de los ojos. Pero, ¿e s posible concebir la m á s leve variación del sistema gráfico sin vencer de antemano l a inevitable extraíicza que durante unos días ha de producir el nuevo aspecto de los vocablos? Gracias a que nuestros animosos antepasados aceptaron en beneficio de las generaciones futuras el sacrificio de eso que usted llama e l gusto de los ojos podemos alegrarnos ahora de no padecer letras dobles inútiles ni combinaciones como ph, rh, th, ps y muchas otras que hoy nos parecen tan exóticas como absurdas. E s decir, que si esa razón de los ojos que usted invoca, pudiera ser, efectivamente, una razón, habría que despedirse para siempre de todo intento de simplificación ortográfica; y a eso, querido Sassone, aun sintiéndolo mucho por venir de usted l a propuesta, no me puedo comprometer. E n cuánto al caso, concreto de l a supresión de l a u de guerra no hay que. olvidar que yo presupongo un largo período durante el cual la g habría perdido el doble oficio que hoy desempeña- para conservar únicamente el valor que tiene en ga, go, gu. Salvar con la imaginación ese período es infringir las normas de implantación progresiva y por gradación insensible que yo ponía por condición para que la reforma fuese viable. E s algo así como anticipar un figurín de traje sastre en pleno apogeo del tontillo, saltándose las modas intermedias. No pretendo haber convencido a usted, aunque bien lo quisiera, con las explicaciones que preceden. L o que sí espero es que, buenas o malas, vea usted en ellas mi deseo de complacerle, aun á costa de romper el prepósito que había hecho de no hablar más, por ahora, de estas materias. Su atento amigo y sincero admirador, Julio Casares Alcance. -Compuestas ya estas líneas llegan a mi poder tres preciosos artículos que e ilustre escritor aragonés, correspondiente de la Española, Sr. García- Arista, ha publicado en el Heraldo de Aragón acerca de la reforma ortográfica. Muy grato me sería comentarlos en estas columnas con el detenimiento que merecen; pero, por las razones apuntadas al principio, he de limitarme a señalar los citados artículos a la atención de los estudiosos y a felicitar al autor por su interesante y afortunada intervención en el debate. -J. C. Casa de Aragón, La colonia aragonesa de Madrid ha organizado una animada verbena en hotior de las bellas baturras que tomaron parte en el certamen oficial de la jota celebrado el día de la fiesta del Pilar. (Foto Santos Yubero.
 // Cambio Nodo4-Sevilla