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DIARIO DO. ILUSTRAVIGE- DIARIO DO. ILUSTRAVIGE- AÑO AÑO SIMONOVENO 10 C T S N U M E R O FUNDADO EL i D E J U N I O DE 1905 P O R D T O R C U A T O SIMONQVENO 10 C T S N i l M E R O LUCA DE TENA EN VÍSPERAS LUCHA Los canditados D E LA EL PUEBLO SE H A PIE PUESTO se agitan. EN QU E A C T U É E L C A PITÁN! L a d e m o c r a c i a es el l u j o de l o s p a í s e s r i c o s y los t i e m p o s fáciles. SIUSSOLINI. L a democracia carece de sentido de selección. Se limita a agrupar nersonas bajo una bandera que, en el mejor de los casos, defiende un ideal o cubre un interés amenazado, y en el peor, es el distintivo de las pasiones de una clase. Es el acceso a ese sistema atrasado y estéril que asume, como funciones preferidas, la organización de la verborrea y la lentitud reformadora. Cuando los países de más vivo dinamismo se están despidiendo de la democracia parlamentaria, aquí la saludamos con un himno, como si nos bastasen sus oquedades para ser colectivamente felices. Régimen que, sin duda, ha tasado con exceso nuestros servicios al partidismo tradixionalista, que es el auténtico, ha tenido el candor de preguntarnos- ¿Y usted no presenta su candidatura a estas Cortes? -N o señor. Y o no soy más que un español que cree a pie firme en ciertos principios- -Dios, Patria, familia y orden soc i a l- que comba- te por su intangibilidad, y que si los ve triunfantes se tendrá por largamente pagado. Admiro a varias de das personalidades que están en la vida pública, que se han expuesto por el decoro de E s paña y que, en diferentes ocasiones, han sufrido los brutales rigores de la demagogia que usurpaba el poder, en nombre de una soberanía popular que no ha sido nunca más oue un dogma vacío de contenido espiritual. Pero no pertenezco a ningún partido: -Bueno- -nos replican- Pero, si decidiese usted salir de ese retraimiento, que unos interpretarán como orgullo y otros como pereza, ¿con quién se iría usted? Se lo vov a decir a usted. Con don José Calvo Sotelo, al que tengo por un temperamento político de gran vigor, por un noble c- irácter v por hombre que conoce a fondo el arte de gobernar. N o estoy improvisando una opinión. Está arraigada en mi conciencia desde hace mucho tiempo. Tengo en las virtudes del ex ministro español una fe sin titubeos, que no es sólo flor de la simpatía personal, sino fruto de l a experiencia. E l señor Calvo Sotelo es de los poquísimos españoles beneméritos con espíritu de prosclitismo y con aptitudes de caudillo. Y por si yo lo ponía en duda, el otro día lo reconocía delante de mí un estadista tan de frac, por su talento y su competencia, como don Francisco Cambó, el cual, dicho sea de pasada, no tardará en recobrar el arbitraje de la política en Cataluña. Conque ya lo sabe mi amable interlocutor: Calvo Sotelo, for ever, como diría un inglés entusiasta. Y entretanto, a trabajar por España; no por Tía E s paña jacobina con que sueñan algunos, sino por la otra, por la secular, que fué durante siglos el brazo de Dios en l a historia universal... Y eso en la obscuridad, lejos de los partidos y sin nexo alguno con los Co- mités. Los años nos. han curado de una forma de l a vanidad que suele tentar al hombre en ¡a juventud: la vanidad del ruido... MANUEL BUENO T o d o s los p a r t i d o s políticos c o n f i a n en que e l r e s u l t a d o de las elecciones s e r á b e n e f i cioso pa. ra ellos. Parece que por primera vez, desde cuando sabe Dios, probablemnte desde que existe régimen parlamentario, se van a celebrar en España unas elecciones sinceras. Sinceras, no en el sentido de la absoluta pureza del sufragio, que este ideal político, suprema aspiración de las Constituciones democráticas, es empresa todavía demasiado abstrusa para entenderla un pueblo envilecido y relajado en sus hábitos de ciudadanía, y, por lo tanto, muy difícil que pueda encomendarse al arbitrio de una generarión, ni siquiera de unas cuantas generaciones; no en el aspecto más humilde de que el Gobierno se halle decidido a limitar su actuación al mantenimiento estricto de la neutralidad, comenzando, naturalmente, por garantir la libertad de propaganda- -no más de anteayer un telegrama de Jaén que publicaban los periódicos decía que por orden de Madrid había sido suspendido un mitin en el que iba a hablar. el ex diputado Sr. G i l Robles- no porque vayan a desaparecer de porrazo y de golpe todos los vicios, argucias, atropellos, perfidias, coacciones y pucherazos que inculcó en las masas electorales la tradición característica del viejo caciquismo, que sigue imperando como antes, sobre todo en los pueblos, enmascarado con distintos rótulos, sino sencillamente porque por primera vez en muchísimos años los electores españoles van a ir a las urnas si no con sujeción a su conciencia, por lo menos a su voluntad. Probablemente Ja mayoría no sabrán lo que votan, pero votarán lo que quieran, y, sobre todo, votarán. Esto ya es algo. Todavía no será un fin, pero puede ser un principio. Para andar lo primero que necesita una persona es levantarse, enderezarse, sacudir el marasmo y la pereza, realizar un esfuerzo de decisión y voluntad para ponerse en pie: Sentarse pacientemente en el ribazo de un camino a esperar que el curso de los acontecimientos nos otorgue la limosna de un beneficio provechoso, será una actitud muy cómoda, pero que nunca nos sacará de nuestra condición precaria de mendigos. N o se puede esperar a que los acontecimientos pasen casualmente; hay que ir derechos en su busca, hay que salirles al encuentro y asaltarlos, por muy altos que estén, con ía convicción firme de que cuanto mayor sea el esfuerzo mayor será el beneficio. Esto es lo que van a hacer por primera vez, quizá, en las andanzas de nuestra política, los electores españoles. A los hombres- -decía Próspero Mérimée- -hay que darles cuerda de cuando en cuando, como a los relojes, para que no se atrasen en la vida. A les españoles en estos últimos tiempos se les ha dado tanto cuerda, tienen los muelles tan tensos, que todos necesitan marchar. S i no marcharan saltarían. Y era lo que hacía falta. Tanta falta, que acaso sea- lo único que tengamos que agradecer a los hombres que nos han gobernado. l o mismo que los viajeros de un buque cogido en la tempestad esperan todo de la pericia y la energía del capitán, los pueblos anhelan en días de grave crisis al nombre providencial. S i n el Tratado de Versalles y la crisis económica no es probable que hubiera surgido H i t l e r no sería hoy dictador Roosevelt, si los Estados Unidos viviesen todavía en la prosperidad de 1927. Cuando rugen los cañones, cuando aulla la miseria, cuando el país se siente amenazado, deben callarse los oradores y llega el momento del héroe Rarísimos son y a los países que creen en la prolongación indefinida del ¡statu quo, que no esperan un cambio, algo vago: el advenimiento de un hombre, un cambio de método, algo más v i r i l más decidido, más rápido, más eficaz. A l g o que sin concretarse parece cristalizarse en la palabra fascismo. N o se trata tan sólo de una aspiración de derechas; el ejemplo e los socialistas franceses Marquet y Déat indica claramente que la tendencia se halla, en estado latente, también en los medios izquierdistas. N o es forzosamente necesario que el nuevo Estado antiparlamentario sea derechista y clerical; los primeros pasos del fascismo italiano llevaban marcad- i tendencia antimonárquica y anticapitalista. Y todavía hoy cabe preguntar si el régimen de Mussolini es de derechas o de izquierdas; la respuesta no resultaría fácil. P a r a los conservadores, para un Salandra, t i duce es un revolucionario. Francia es todavía un país rico, aunque el crecido déficit de, su presupuesto y su comercio exterior haga surgir serias preocupaciones. También Francia espera algo. Si el número de sus huelguistas forzosos alcanzase la misma cifra que en Alemania o en la Gran Bretaña; si el franco volviese, a depreciarse; si la amenaza exterior fuese aún mayor, un nuevo Boulanger, -más social que el famoso general del caballo negro, sería quizá el amo del país: Pero aun en las circunstancias actuales existe la espera de algo mejor. Atiente du peuple- frait- cais titula su artículo el interesante semanario parisiense Pamphlet. E s o no puede durar dicen todos, sin conocer con exactitud la significación de eso y mucho menos de lo que se espera y se desea. Tampoco la mayoría de los italianos sabía que se- ría el fascismo lo que substituiría eso y hasta se puede añadir que el régimen fascista no es hoy exactamente el mismo, que ha sido hace diez años. Francia está en busca de un caudillo, ñ Dónde se encuentra éste? ¿Será u n- p o l i tico ya conocido? ¿Será un hombre completamente nuevo? ¿Tendrá algo de m i l i tar como Mussolini y Hitler, Mustafá K e mal y Dollfuss? ¿Será un hombre de izquierdas que se impondrá a las derechas o un nacionalista, procedente de las derechas, que sabrá hacerse elevar por las masas? Sólo se sabe que algo nuevo está en ebullición. PEDRO MATA ANDRÉS RÉVESZ
 // Cambio Nodo4-Sevilla