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Informaciones y reportaje A n t i c i p o h e c h o p o r García S a n c h i z d e v i s i o n e s ele l a C i u d a d E t e r n a Unas reformas le satisface sobremanera Sin duda, Roma perdió color local; pero es c ¿ue la misión suya es de universalidad. -S í se interesa el ducc personalísimamente por la cuarta Roma Y acaso una de las personas a quien m á s estima es el profesor Muñoz, de remoto origen español, competentísimo arquitecto, gran artista, director de los trabajos. Hace que su nombre figure debajo del de- Su Majestad y el suyo, el de Mussotini, en las lápidas conmemorativas. ¡L a famosa Vía del Imperio! U n a calzada, desde la plaza de Verjería al Coliseo, y a un lado y otro reliquias de la Roma i m perial, entre pinos y otros árboles mediterráneos... Y con las estatuas en bronce de Nerva, Augusto, Julio César y Trajano. Y a propósito; habría, con toda consideración, que subsanar un error debido a la magnificencia imaginativa del eximio D Ramón del Valle Inclán. Cree el autor de las Sonatas, y así lo dijo con su acostumbrada solemnidad en una Asamblea universitaria, que Trajano, nacido, según nadie ignora, en la Bética, figura en la Vía del Imperio como extranjero y en prueba de la falta de prejuicios del duce en cuánto se refiere a las razas y el metcquismo. Lamentable equivocación, y muy peligrosa, por haber sido dirigida a unos Su Santidad el Papa Pío Como nos habíamos reunido tres sevillanos bajo una Giralda de azulejos, la esposa del anfitrión decidió obsequiarnos con unas cañas de manzanilla; no chatos ni copas, sino cañas auténticas, como aquellas en que tomaron sus aperitivos, a cualquier hora del día y de la noche, los castizos del siglo pasado, cn El nueve, en La Viuda, o en la aun más clásica taberna de Maldonado, que anduvo en cantares del Canario y del Fos foritd por el Altozano y sus aledaños. Bajo ía Giralda de azulejos, el oro líquido de Sanlúcar; fué lubrificando la conversación de tres amigos -sevillanos, que volvían a verse. Uno evá sevillano honorario- -el charlista, en cuya casa estábamos- otro era nada menos que- Gonzalo Bilbao, el dueño del pincel que hizo. Las cigarreras y La siega. L a bella y. gentil esposa de Federico García Sanchiz fué la. que hizo el regalo del néctar andaluz, en él más esbelto de los recipientes, que imaginaron los adoradores de Dionisos. é XI. Y la conversación se fué enredando en preguntas, que satisfacía caudalosamente el viajero llegado de Italia. Juzgo de interés las contestaciones del viajero y ahí van como anticipo o preludio de sus próximas charlas. -N o sé si más joven; pero vuelvo m á s animoso que nunca. Y no con inquietudes incoherentes, aunque brillantes. -No es romanticismo: Siento, más bien, la plenitud, del todo clásica, de haber diluido mi espíritu, desde una de las siete colinas, en la luz que envuelve a Roma. -Ñ o no es la Roma de Goethe, de Stendhal, de Taine: Y o aun conocí esa Roma nostálgica, perezosa, confidencial, muy sugestiva, por cierto. M ussolini lia quitado lo viejo en busca de lo antiguo y del futuro. Tístá embriagado con su obra. Recuerdo que me preguntó con i n t e r é s ¿Había, usted v i sitado antes Roma? E l hecho de que los lajeros puedan comprobar por sí mismos las Benito Musso, lini.
 // Cambio Nodo4-Sevilla