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i SIN RENCOR. N o temas que te abrume con mis quejas ni evites la ocasión de mi presencia; estoy tan hecho ya a tu indiferencia que me es igual si vienes o te alejas. De una breve amistad sólo me dejas algo que ail disiparse con la ausencia influye poco o nada en la experiencia de quien sabe de amor historias viejas. N o sospeches que un hombre ele mis años, que se ha perdido en todos los senderos y se hizo sangre en todos los zarzales piense ya en l a pasión ni en sus engaños sólo busca unos labios embusteros que le den la ilusión de ser leales... Y o fui a tu encuentro, la mano tendida, con el gesto humilde que tiene el mendigo; y a Dios, que lo sabe, pongo por testigo de que en tu limosna estaba mi vida. T ú hostil y en silencio, la atención perdida en algo remoto que ahora maldigo, diste a tu semblante el aire enemigo de quien tiene el alma dura o aterida. ¿C ó m o pude entonces, torpe o insensato, esperar que fueses tierna o compasiva cuando nunca has sido m á s que mojigata? ¿P o r qué me obstinaba, ciego de arrebato, en que abandonases tu frialdad esquiva ríe señoritínga cursi o mentecata? MANUFX B U E N O (D i b u j o de Lambarri.